Colaboración

Cuando quiero llorar no lloro

Por Carlos Rodríguez Castañeda - Sábado, 2 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

TOMOel nombre de una de las novelas del escritor y periodista venezolano Miguel Otero Silva, ya fallecido, para darle título al artículo de opinión que hoy, cuando, queriendo llorar, en vez de llorar, escribo.

La tiranía que hoy azota a Venezuela ha provocado el cierre de otro medio de comunicación. La Prensa de Barinas, un modesto periódico de provincia, ha dejado de circular. No se doblegó. Sus propietarios no aceptaron la oferta de compra agresiva de testaferros de jerarcas del régimen enriquecidos sin medida mediante el saqueo desenfrenado e impune del patrimonio público venezolano. Su director-fundador, Don Alberto Santeliz, no cedió a la presión para que se abandonara su línea editorial de prensa libre y cederle el paso nada más a información manipulada desde las perversas oficinas oficiales de censura. Tampoco aceptó cerrarle la página de opinión a las voces empeñadas en mostrar y hacer ver la tragedia humanitaria provocada por el socialismo del siglo XXI. Voces, peligrosas para la dictadura, porque no se doblegaban y, al no doblegarse, portaban el contagio de lucha por la libertad.

No era ni fue un periódico de oposición. Pero sí un medio de prensa libre. Como prensa libre, objetivo. Los voceros de la dictadura tenían y tuvieron campo abierto para expresarse a través de sus páginas. Pocos de ellos lo hicieron. Validos, adláteres, nada más repetían las consignas del aparato oficial. Por eso nada aportaban y devenían en aburridos y poco o nada influyentes en los lectores. Y, procediendo como prensa libre, abrió sus páginas a las voces que desmaquillaban al régimen y lo mostraban en su desnudez: sangrante de represión, ahíto de corrupción. También, en ejercicio de amplitud periodística, fue acogida en sus páginas de manera destacada la información emanada del aparato de propaganda oficialista, aun a sabiendas de que era producto de la manipulación por parte de los expertos en producir desinformación de esos aparatos de propaganda. Se mostraba como se le hacía llegar. El lector tenía derecho a conocerla y valorarla. No era responsabilidad del periódico que, quien la leyera y la analizara, detectara la manipulación oficial y su intensión de distorsionar la realidad que la desmentía a primera ojeada.

La dictadura ‘socialista del siglo XXI’ en Venezuela ha provocado el cierre de un modesto periódico de provincia que no se doblegó ni cedió a las presiones

La tiranía carecía, y carece, de voz para el debate. La libre circulación de la información veraz la hace bambolearse. Por eso no tiene otra alternativa que la represión. Y la ejerce de manera intensa y extrema. Provoca el cierre de medios de comunicación. Lleva a la cárcel a periodistas. Reduce a prisión a dirigentes políticos con mensajes de aliento democrático. Reprime con fuego real toda manifestación de cualquier sector popular que expresa su rechazo a las ejecutorias de destrucción nacional que ha ejecutado y sigue ejecutando la dictadura socialista del siglo XXI en Venezuela. La Prensa de Barinas, un modesto periódico de provincia, que ejercía su derecho y su compromiso de ser prensa libre, se levantaba, para el régimen, como un coloso temible porque portaba información veraz. Tenía que abatirlo. Impedir que siguiera circulando. Lo acorraló. Lo precipitó al cierre. Por eso hoy, queriendo llorar, en vez de llorar, escribo.

Para la dictadura fue fácil abatirlo. Ya desde su inicio en ejercicio del poder los jerarcas, militares y civiles del socialismo del siglo XXI montaron su armazón para manejar el patrimonio público en su propio beneficio y para entronizarse en el poder. Establecieron el control de cambio y asumieron el total manejo de las divisas que entraban o entraran al país derivadas de su intercambio comercial con el exterior. En mayor grado las provenientes de la exportación de petróleo. Con este control de las divisas asumieron también el total control de todas las importaciones. Solo las empresas socialistas (más maletín que empresas), creadas por los jerarcas de la dictadura, recibían los dólares necesarios para la importación de los productos que se requerían en el país. También la de los insumos requeridos para editar periódicos.

Así levantaron, y mantienen levantada, amenazante, la espada de Damocles sobre los medios de comunicación impresos. En el país no se produce papel ni otros insumos necesarios para editarlos. Y descargaron la espada de Damocles sobre La Prensa de Barinas: “No hay papel ni hay insumos”. Y sobrevino el cierre.

Por eso hoy, al dejar de circular La Prensa de Barinas, queriendo llorar, en vez de llorar, escribo. En ese medio de comunicación di a conocer mi opinión por 15 años. Ante su cierre, mi reconocimiento a su director-fundador, don Alberto Santeliz. Ante su cierre sea este artículo de opinión un adiós y, también, un Hasta luego para un periódico que hizo historia regional y, en esa historia, permanecerá vivo. Y, al mismo tiempo, lo escribo como epitafio a colocar sobre la tumba, ya abierta, de la dictadura socialista del siglo XXIque ha destruido y sigue destruyendo un país, Venezuela, pero que, aparejada a esa destrucción, transita su propia agonía y avanza inevitablemente hacia su muerte. Ha sido y es el destino de toda tiranía.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120