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Por Gabriel Mª Otalora - Viernes, 1 de Junio de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Gabriel Mª Otalora

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Columnista Gabriel Mª Otalora

uNA vez terminada la actividad de ETA, queda su sombra en la construcción del relato, además de los muertos y los presos. Es lo que se llama la batalla por la memoria de todos estos años de violencia. Siendo esto necesario, no es suficiente si se prescinde de la reconstrucción tras el dolor de la convivencia humanizada a través del perdón y se cierra el paso al proceso difícil pero necesario de la reconciliación desvalorizando los pasos ya dados. Ambos objetivos -memoria y humanización- se lograrían mejor conjuntamente siendo más creíbles socialmente si los actores acometiesen de la mano ambos retos para revalorizar la dignidad humana dejando a la política que haga el resto.

No obstante, se está incidiendo solo en el primer objetivo, la batalla del relato y la memoria para no repetir la barbarie, cosa que algunos paladines de la memoria no quieren hacer con el franquismo. Como dice Adorno, El Filósofo de Auschwitz, no es suficiente con recordar para que no se repita, sino que precisamos reorientar el pensamiento y la acción para que la barbarie no vuelva a ocurrir;recordar para re-pensar, como algunas víctimas y victimarios han hecho bien cerca nuestro. Movimientos y personas concretas que han generado espacios de perdón y reconciliación sin conseguir el eco ejemplar que debiera haberse producido. Que hayan sido pocos los capaces de mirarse, hablarse y perdonarse, no quiere decir que es imposible conseguirlo, sino lo contrario: son la punta de lanza de algo revolucionario en nuestra convivencia humanizada, digna de elogio y ejemplo para los más pequeños y las generaciones venideras. Pero solo interesa el relato, cuando todavía queda mucho odio y ganas de venganza por desactivar.

Movimientos como Gesto por la Paz de Euskal Herria, que en los peores años de plomo, aglutinó a personas de diferente signo en silencio, tras una pancarta en decenas de municipios a la vez, después de cada muerte violenta, muchas veces recibiendo amenazas gravísimas a pocos metros, casi en un vis a vis insoportable. Un testimonio de honestidad y limpieza ética chocante porque fue capaz de contraprogramar a la barbarie. La vía Nanclares, denostada por unos y otros, alcanzó un nivel aún más elevado de impulso extraordinario del perdón y la reconciliación. Víctimas y victimarios que deciden a título individual dar el paso de pedir perdón y de perdonar, ambos dificilísimos sintiendo no pocas veces el vacío de los más cercanos.

Testigos imparciales definieron a los llamados Encuentros restaurativos entre víctimas y victimarios como una “experiencia increíble de cara a la convivencia en el País Vasco”, así como “gestos humanos que destrozan cualquier estrategia política”. El libro Los ojos del otro: encuentros restaurativos entre víctimas y exmiembros de ETA recoge el relato de catorce presos de ETA que quisieron transformar el dolor en menos sufrimiento gracias a la acogida de sus víctimas. Uno de ellos, Álvarez de Santacristina, ideólogo en su día de la kale borroka, acabó estudiando Teología.

Y por último, la llamada Iniciativa Glencree y sus firmantes, algo que no ha tenido el eco que se merecía. En ella participaron veinticinco familiares de asesinados por ETA, los GAL y demás grupos parapoliciales, que se han venido reuniendo durante más de cuatro años como víctimas que les ha permitido “compartir experiencias, conocerlas, entenderlas, tomar conciencia de lo injusto de la violencia que hemos padecido, de su enorme impacto personal y familiar. Hemos pasado del conocimiento mutuo a la empatía, superando las barreras y estereotipos”. Recuerdan a la iniciativa del judío Simon Frankental que reunió a familiares israelíes y palestinos de asesinados por “el otro bando”.

Todos ellos y quienes han trabajado con discreción en la trastienda para facilitar las cosas, han demostrado que otro mundo es posible, “acercarnos unos a otros con respeto, superando el temor y los estereotipos, la frustración y la experiencia propia de dolor, explorando bases para la convivencia”. Y nos ponían deberes: “Queremos invitar a la sociedad a realizar su propia revisión autocrítica del pasado mediante un compromiso ineludible con la verdad y con la justicia. Sanar las heridas obliga a un proceso que no está exento de tensiones o conflictos”. Familiares de etarras, guardias civiles... juntos y revueltos en la paz.

Y cuando menos lo esperaba, llega la noticia de una larga entrevista -la segunda, la primera fue en 2016- entre Pili Zabala y José Amedo, exsubcomisario de Policía y miembro de los GAL, aquel grupo terrorista parapolicial en el que participó y que ahora proclama su “total arrepentimiento” y “reniega” de su pertenencia. Amedo en su entrevista con la hermana del torturado y asesinado Joxean Lasa, pide al Estado que asuma sus responsabilidades y solicita también el mismo trato para las víctimas de ETA que para las de los GAL, argumentando que el sufrimiento ha sido igual para todas ellas.

Para Lasa, este tipo de encuentros pueden servir para sanar heridas colectivas e individuales como un paso hacia la convivencia entre diferentes y como una reivindicación de una senda aún sin explorar. Amedo añade que hay que crear unión, afecto y reconocer lo sucedido desde la necesaria deslegitimación de la violencia y el terrorismo de todo tipo: “Lo siento de verdad. La violencia crea solo daño y rencor”. Y continúa: Ser capaz de perdonar es un regalo para uno mismo. No solo beneficia a la persona perdonada, sino también a la que perdona. Al no perdonar, la persona dañada está encadenada a la persona que le hizo el daño y, mientras no la perdone, no podrá sustraerse al poder que tienen el ofensor y la ofensa sobre ella. Aun así, se da el caso muy frecuente de que el culpable se niega a ofrecer sus disculpas o a mostrarse responsable del daño. Pido perdón por el sufrimiento que haya podido causar y por el hecho de haber participado en los GAL, le pido perdón a Pili, honestamente;de corazón. Reniego de mi pasado vinculado a este grupo parapolicial, de lo que estoy totalmente arrepentido. Y al mismo tiempo perdono sinceramente a quienes intentaron asesinarme en cinco ocasiones.

Pili Zabala, por su parte, opina que hay que dar una segunda oportunidad a las personas. “Mi hermano estaría contento de que no guardo rencor y de que soy capaz de sentarme con una persona del GAL. En Amedo veo humanidad y ante el recorrido que ha hecho, posiblemente él sea mejor persona que antes”. Algo grande pasa entre nosotros y algunos todavía siguen sin enterarse donde podemos encontrarnos. Todos.

etiquetas: tribuna abierta

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