relata sus vivencias como camarero

Historias tras la barra

Juan Antonio Yetano publica su primer libro, que relata sus propias vivencias como camarero

Trabajó doce años en un bar de pintxos donostiarra antes de mudarse a Alonsotegi por amor

Elixane Castresana - Miércoles, 30 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Juan Antonio Yetano cierra una importante etapa de su vida con su debut literario, que presentó en el municipio encartado.Foto: E. Castresana

Juan Antonio Yetano cierra una importante etapa de su vida con su debut literario, que presentó en el municipio encartado.Foto: E. Castresana

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Juan Antonio Yetano cierra una importante etapa de su vida con su debut literario, que presentó en el municipio encartado.Foto: E. Castresana

Alonsotegi- Los bares, qué lugares tan gratos para conversar. No hay como el calor del amor en un bar, dice la letra de una canción de Gabinete Caligari, una de las muchísimas inspiradas en un terreno que José Antonio Yetano domina. Y lo mismo que Maná o Platero y tú ponen música a sus experiencias en este singular entorno, él recogió por escrito las suyas -fruto de una década como camarero- en el libro que acaba de publicar, el primero. Lo presenta en un bar de Alonsotegi, el municipio al que se mudó por amor, pero no Detrás de la barra (que así se llama), sino delante en un gesto que representa que “esa etapa de mi vida ya ha quedado atrás”.

En la adolescencia hizo sus pinitos como disc jockey y, ya matriculado en Derecho, comprendió que la abogacía no era lo suyo. Abandonó la carrera y pasó a ejercer de “ayudante de cocina y camarero”. El bar que más le marcó, en el que ocurrieron las historias que han saltado a las páginas de su libro es el Haizea de Donostia, donde permaneció “doce años”. Tarda en desvelar el nombre del establecimiento porque “estas situaciones podrían suceder y suceden en cualquier bar”. Este diario por capítulos estructurados de acuerdo a diferentes temáticas y no con relatos con su correspondiente principio, nudo y desenlace encandiló a una editorial de Granada. Una de las primeras a las que envió el manuscrito redactado “casi de memoria y de manera muy fluida”. Una sorpresa para el escritor novel, que ya había proyectado “autopublicarme en una plataforma digital”.

Empieza fuerte con un capítulo titulado Psicólogo que resume el trato “cercano y directo” que se establece entre el cliente y el camarero que “escucha, aunque a veces no quiera, anécdotas que a medida que crece la ingesta de alcohol pueden derivar en confidencias más personales”. Juan Antonio recuerda a un hombre cuya madre falleció, lo que le llevó a intentar evadirse a través de la bebida. “Me repetía que yo era muy bueno”, rememora. En una visita al Haizea “se refugió en el cuarto de baño;tiempo después me enteré de que había muerto al encontrarme con su esquela en el periódico”. La barra “es un sitio especial, que otorga otra perspectiva” que el escritor no dudó en abandonar provisionalmente cuando lo creyó necesario. Por ejemplo, “en medio de una discusión entre una pareja de sordomudos en la que él se levantó con intención de agredir a su novia”. “Me reconfortó que otros clientes tuvieran la misma reacción que yo y quisieran intervenir. Quizás unos años antes nadie se habría movido. Fue uno de los momentos en los que comprobé cuánto ha evolucionado la sociedad en los más de diez años que trabajé en el Haizea”, añade.

AmistadesTambién ha madurado de un trato educado y cordial a una amistad sincera su relación con algunos de los habituales del bar al sabor del café recién hecho, txakoli o pintxos. Casos en los que se alegra de haber traspasado la línea profesional entre camarero y cliente. Al bajar definitivamente la persiana de esta etapa que ha supuesto casi la mitad de su existencia se guarda las tardes de emoción frente al televisor “la temporada 2002-2003, en que la Real Sociedad obtuvo un segundo puesto en la liga o el florecimiento del turismo que ha convertido la capital guipuzcoana en una ciudad cosmopolita”.

Cada vez que relea el libro revivirá aquellas horas “justo después de comer, cuando bajaba la afluencia, yo solo en el bar mirando desde la barra al monte Urgull mientras los rayos de sol se colaban por la puerta” y tantos gin tonics servidos.

El proyecto vital emprendido con su pareja le trajo a Alonsotegi con la determinación de dar carpetazo a su anterior ocupación. “Ahora mismo estoy realizando un curso de gestión de residuos sólidos urbanos”, un campo radicalmente distinto de la hostelería, sin la menor intención de volver a un bar, a no ser que sea para pedir él mismo una consumición, sin olvidar una máxima: “el cliente no siempre tiene razón, sino que se la dan”. Él les ha dado más que eso, les ha dado la palabra.

etiquetas: enkarterri

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