Tribuna abierta

Pedagogía para después de la disolución

Por Josu Legarreta - Lunes, 28 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Brian Currin, Jean-Rene Etchegaray y Gerry Adams.

Brian Currin, Jean-Rene Etchegaray y Gerry Adams. (AFP)

Galería Noticia

Brian Currin, Jean-Rene Etchegaray y Gerry Adams.

4 de mayo. El día amanece gris. Salgo de casa con pensamientos dubitativos sobre cómo serán las movidas ideológicas después de la celebración del acto de ETA anunciando su disolución. Y en el viaje en metro un amigo me muestra su tristeza ante una pintada de ETA, eskerrik asko.

Mi estado de ánimo también ha quedado afectado. No he entendido por qué debemos mostrar nuestro agradecimiento, cuando debía ser la propia ETA quien debiera hacerlo por haberle ayudado desde el silencio y desde actitudes críticas de la ciudadanía a que definitivamente decida su disolución.

Por otra parte, me llama la atención el mutismo social que observo esta mañana sobre este anuncio, salvo en el caso de tertulias televisivas centradas en la pura crítica negativa, carentes de proyección alguna para un futuro mejor. Pero, al mismo tiempo, cursan por mi mente algunas reflexiones sobre el dolor de los familiares de quienes fueron asesinados y también de quienes padecieron torturas y años de cárcel. Pero no hay sistema de medida que pueda equiparar el dolor de unos y de los otros. Es verdad que quienes padecimos horas de comisaría nos despertamos de vez en cuando con sueños recordatorios desagradables, a pesar de que a nivel consciente afirmemos que tenemos superado todo, incluso perdonado. Las fuerzas del inconsciente afloran a la consciencia a pesar de la firme voluntad de olvidar el pasado y afrontar el futuro de forma creativa. En absoluto interesan las utopías regresivas.

Y mientras en el transcurso de las horas voy sufriendo las intervenciones de contertulios de diversos medios de comunicación, repaso mentalmente las influencias que tuvieron en nuestra pensamiento juvenil las teorías de compromiso social que nos inculcaron las publicaciones del sector de la teología de la liberación o las reivindicaciones de defensa de los derechos humanos que llevaron a muchísimos jóvenes a la solidaridad con los países de Centroamérica o de Cuba.

En palabras de Sergio Ramírez, reciente Premio Princesa de Asturias, aunque hoy resulten increíbles, “era Cristo quien llama(ba) al sacrificio, a comer su cuerpo, y el dios nahua de los muertos quien reclama(ba) sacrificios vivos”. Esta filosofía de compromiso social significaba, tanto en el sector católico como en el marxista, que el “buen militante debía estar dispuesto a acatar el código de conducta establecido por los muertos en la lucha contra la dictadura”.

Años más tarde, aquellas actitudes de solidaridad han sido interpretadas por renombrados profesores del mundo universitario, vasco y no vasco, en algunas de sus publicaciones como planteamientos de organizaciones “creadores de democracia radical”, redactadas con perspectivas reduccionistas e interesadas, propias de ideólogos teóricos que poco arriesgaron sus vidas en acciones revolucionarias.

Parece lógico que la solución de los daños causados pase por la implicación de toda la sociedad, que “el futuro es responsabilidad de todos”. Pero también de ETA y de la izquierda abertzale

De signo admirable me pareció, sin embargo, la iniciativa de la ONG Unesco Etxea de Bilbao que, en septiembre y noviembre de 1998, organizó diversas conferencias sobre la experiencia de Paz en El Salvador y en Colombia, con ponencias, entre otros, de Salvador Samayoa, exmiembro del FMLN y responsable de sus finanzas, y David Escobar, rector de la Universidad doctor José Matías Delgado y representante del Gobierno Cristiani en la mesa de negociación que puso fin a la guerra civil de El Salvador. Mantengo vivo el recuerdo de aquel interesante diálogo que mantuvieron ambos explicando con naturalidad extrema en qué condiciones tenía el FMLN secuestrado al padre de David Escobar y cómo llegaron al acuerdo de Paz sin ejecutarlo. Al término de aquel diálogo, soñé que algún día podríamos alcanzarla también en Euskadi.

El acto de ETA con su anuncio de la disolución definitiva se efectúa, sin embargo, en solitario, sin un acuerdo de Paz pactado con la sociedad vasca (sin que con este comentario se pretenda devaluar el mérito de quienes hayan participado en la intermediación). Realmente, como se indica en su carta, “Euskal Herria está ahora ante una nueva oportunidad para cerrar definitivamente el ciclo de conflicto y construir su futuro entre todos”. Y ojalá sea así, el punto de partida de un nuevo futuro cuidando prioritariamente al máximo la cura de las profundas heridas producidas en los familiares de las personas asesinadas y sin recursos de defensa de argumentos justificativos de los atentados.

Leo el texto de su carta y, en medio de afirmaciones poco aceptables, me parece lógica la afirmación de que la solución de los daños causados pasa por la implicación de toda la sociedad y que “el futuro es responsabilidad de todos”. Pero también de la propia ETA y de los diversos sectores de la izquierda aber-tzale. Hoy son más necesarias que nunca las biografías autocríticas de sus dirigentes y militantes;pero no contando las historias justificativas de sus enfrentamientos políticos con el Estado español, sino, por ejemplo, describiendo, desde la sinceridad y veracidad, aunque duela a los que ejercieron la dirigencia de cada momento, las intrahistorias de su funcionamiento y sus relaciones internacionales.

A este respecto, alguna pista nos exponía en su día el prestigioso periodista José Félix Azurmendi cuando declaraba “[...] La gracia es que creo que uno de los mayores daños para ETA fue la relación que tuvieron con los sandinistas, que creo que les hundió, porque el sandinismo gobernaba y había una delegación oficial de HB allí, y todos los follones que yo tenía con ellos eran por la poca sensibilidad por la política exterior y por la poca pedagogía…”.

Poco conocemos la historia de estas y otras relaciones exteriores de ETA y de la izquierda abertzale. Pero reivindico su exposición porque solo desde se conocimiento se puede conocer la verdadera historia y sólo desde ésta se pueden realizar planteamientos de futuro convincentes.

Una muestra del valor pedagógico de estas autobiografías es la obra Adiós Muchachosde Sergio Ramírez. Y la propia declaración de Azurmendi me anima a recomendar su lectura. Sus páginas nos relatan la historia de la revolución sandinista, contada desde la perspectiva personal del autor, con denuncias, realizadas desde el derecho a la libertad de pensamiento, del “arte de aparentar” de sus dirigentes y de actuaciones conducentes a desechar ”todo lo que contribuyera a debilitar la adhesión de los militantes al FSLN”.

Sólo desde la educación del pensamiento podremos superar los riesgos actuales de la manipulación de los sentimientos.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120