Final de la Liga de Campeones 2017/18

De portero a enemigo

Dos errores groseros de Karius y la lesión de Salah tras una dura entrada de Ramos dan al Real Madrid su decimortercera Champions, que deja además un gol antológico de Bale

Roberto Morales - Domingo, 27 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Sergio Ramos levanta la decimotercera Champions del Real Madrid.

Sergio Ramos levanta la decimotercera Champions del Real Madrid. (EFE)

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Sergio Ramos levanta la decimotercera Champions del Real Madrid.Jugadores del Real Madrid celebran la victoria.Jugadores del Real Madrid celebran la victoria.

REAL MADRID: Keylor Navas, Carvajal (Min. 37, Nacho), Varane, Sergio Ramos, Marcelo, Casemiro, Kroos, Modric, Isco (Min. 61, Bale), Cristiano Ronaldo y Benzema (Min. 89, Marco Asensio).

LIVERPOOL: Karius;Alexander-Arnold, Lovren, Van Dijk, Robertson;Henderson, Milner (Min. 83, Emre Can), Wijnaldum;Salah (Min. 30, Lallana), Firmino y Mané.

Goles: 1-0: Min. 50;Benzema. 1-1: Min. 55;Mané. 2-1: Min. 63;Bale. 3-1: Min. 83;Bale.

Árbitro: Milorad Mazic (Serbia). Amonestó a Mané (min. 82) por el Liverpool.

Incidencias: Final de la Liga de Campeones 2017/18, disputada en el Olímpico de Kiev ante la presencia de 60.000 espectadores. Cristiano Ronaldo logró su séptimo título de máximo goleador de la Liga de Campeones, el sexto de manera consecutiva, tras cerrar la máxima competición continental con un total de 15 tantos. Zinedine Zidane, técnico del Real Madrid, se ha convertido en leyenda, por si aún no lo era, al conseguir ser el primer técnico que logra vencer en tres ediciones consecutivas la Copa de Europa-Liga de Campeones. El preparador blanco igualó en número de títulos al inglés Bob Paisley y al italiano Carlo Ancelotti, pero estos no lo lograron de forma consecutiva.

kiev- La entrada en la final de Gareth Bale, con una chilena de ensueño en el primero de su dos tantos, impulsó la leyenda del rey de Europa, un Real Madrid que conquistó en Kiev su decimotercera Champions, ante un Liverpool que acusó la lesión de Salah y acabó siendo víctima de los errores de su portero Karius.

La Liga de Campeones de las chilenas. De la deseada de Cristiano Ronaldo en cuartos a la de Bale en la final. Un tanto de dibujos animados que decidió la gran final europea.

Del Real Madrid de Alfredo Di Stéfano al de Cristiano, que dejó un mensaje enigmático sobre su futuro en un equipo que firmó un hecho inédito con tres títulos consecutivos, una hegemonía inalcanzable con cuatro champions de las cinco últimas.

Los grandes partidos son imprevisibles. Cualquier plan trazado cambia el rumbo por un detalle inesperado, como la lesión de Salah, un frenazo a la exhibición física del Liverpool, que salió a morir al césped. El Liverpool mostró por qué se convirtió en el equipo más goleador de una edición de Champions. Su presencia en la final estaba justificada con unos minutos de vértigo que finalizaron por el impacto psicológico de perder a su estrella. Ramos mordió por un balón y en el choque con una roca el rival siempre tiende a salir malparado.

La caída de Salah, jugador revelación del año con 44 tantos, fue en tan mala postura que su hombro izquierdo quedó dañado. El partido de su vida había llegado al final. Su intento por volver acabó en un mar de lágrimas de impotencia.

Con su líder en la final el Liverpool fue una apisonadora. No dio ninguna opción a respirar al Real Madrid. El Real Madrid pedía a gritos la aparición de Modric, de Isco para pisar el balón y detener el tiempo. Desaparecían en ayudas defensivas, con Zidane desgañitándose para que sus jugadores adelantasen líneas. El campeón encerrado, un muro tapando disparos y la figura de Keylor Navas emergiendo con una parada repleta de reflejos al disparo potente de Arnold.

El punto de inflexión fue la lesión de Salah, un directo al mentón del Liverpool que perdía velocidad pero ganaba control con Lallana. Respiraba el Real Madrid que pasaba a adueñarse del balón. El plan de Zidane se alteró por una situación inesperada. Carvajal caía en la batalla. Una nueva lesión muscular que metía en la final al comodín Nacho, un seguro de vida. El balón se tiñó de blanco y la recta final del trepidante primer acto dejó un serio aviso del campeón.

Benzema estaba metido como nunca en el partido, respondiendo a la confianza de Zidane, que apostó por él en el once pese a su bajo rendimiento en la temporada. A la hora de la verdad justificó su presencia. Con un doblete salvador en semifinales y una final para enmarcar. Cerró la primera parte con un balón medido a la incorporación de Nacho, que chutaba al lateral de la red, y un disparo lejano ajustado al poste. El preludio de lo que llegaría nada más arrancar la segunda parte, con Isco apareciendo ante un balón muerto para tocar el balón con mimo, picado, y verse frenado solo por el travesaño.

El regaloNo hubo tiempo para las lamentaciones. Al espectáculo solo le faltaban los goles de dos equipos nacidos para atacar y Benzema encontró un nuevo regalo de un portero. Ante el Bayern en semifinales, con resbalón de Ulreich, y una concesión increíble de Karius en la final. De un balón largo de Kroos que detuvo el portero nació el saque con la mano de puerta, la intuición de Karim para meter el pie y mandarlo a la red en uno de los tantos más absurdo de una final en el fútbol moderno.

Pero el Liverpool resucitó cinco minutos después. A balón parado, con Lovren ganando el salto a Ramos y Mané atento para remachar a la red.

Isco se marchaba del campo a la hora de partido. Zidane sacrificaba su magia y Bale entraba en escena. Era su final. El primer balón que tocó, al centro de derecha de Marcelo, se inventó una chilena de ensueño. En el aire, de zurda, golpeó el esférico con una parábola imparable. Un gol de dibujos animados que ensanchaba la leyenda europea del Real Madrid.

Si era su último partido de blanco no pudo tener un mejor final. Casemiro regaló el gol a Cristiano, que perdonó lento en la definición poco antes de que Karius extendiese su noche negra. Un zurdazo lejano de Bale le dobló las manos y el balón besaba la red en el punto final a un gran espectáculo.

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