El chalé y los pisitos

Por Miguel Sánchez Ostiz - Miércoles, 23 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

ME importa algo el chalé del dúo dinámico Iglesias-Montero? Nada. Hor konpon, diría mi fallecido amigo Antton Basurde. No soy militante ni simpatizante de ese partido o mogollón o lo que sea. Pero si bien me aburre el asunto como noticia bomba y albondigón ineludible del menú mediático del día, me irrita como pretexto de esgrima de política trapacera. Me importa mucho más que un asunto particular como es ese se haya convertido en una cuestión no ya de agenda mediática, sino poco menos que de salud ética del Estado, en un país, este, en el que se ve que hasta el más tonto hace relojes de madera, tiene su grupito de trile y es un trueno que se viste de nazareno cuando toca. Nunca me he fiado de quienes se rasgan las vestiduras por asuntos que ellos mismos se permiten con largueza o codician de manera furiosa hasta que los consiguen. Virtudes públicas, vicios privados. Quienes alancean a los diputados que ingresan cantidades que la mayoría ni soñamos, callan cuando se trata de hablar de las dietas por alojamiento de diputados que poseen varios inmuebles en la misma ciudad. Ganan dinero, mucho, ¿qué deben hacer? ¿Meterlo en Suiza o en Panamá como los otros? ¿Hacer caridad (la llames como la llames)? Yo no lo sé y como no lo sé, no daré lecciones sobre sus dineros.

Dicho sea al margen, si alguien quiere informarse del precio de los inmuebles en Madrid, y quitarse el hipo de paso, puede acudir a alguno de los portales inmobiliarios que sirven de Bolsa de valores no ya a particulares necesitados de una vivienda, sino a grupos y grupitos de inversores que compran preferiblemente lo más barato que pueden para alquilar lo más caro posible. Los pisos de medio lujo, situados muchas veces en las proximidades de infraviviendas o restos de chabolismo, superan en mucho la cifra que escandaliza a quien no tiene mejor cosa que hacer. El mercado inmobiliario y sus excesos, la estrecha relación del negocio bancario con el imparable chorro, que no goteo, de desahucios no son noticia, aburren, estropean el decorado del espectáculo arrevistado Viento en popa. De las penalidades ciertas de los jóvenes y menos jóvenes que en la búsqueda del pisito y la hipoteca son abusados en el mercado de los alquileres -descontrolado, digan lo que diga- o de la arquitectura-basura tampoco se habla más que si toca hacer un reportaje del tren ferial de los sustos o pedir otro trago después de concluir que se trata de una leyenda urbana.

Un país, este, en el que personas con demostrada instrucción deficiente llegan a presidir la Cámara de Diputados, en el que se falsifican títulos universitarios, se cometen fraudes administrativos de manera impune, y se avalan documentos oficiales, de trascendencia jurídica, por parte de profesores que admiten de manera alegre haber recibido presiones para aprobar -facilitar, facilitar, en qué estaría yo pensando- el carrerón de un donfigura del partido en el Gobierno;un país en el que una cleptómana de la vida guapa preside una comunidad como la de Madrid, mientras otra se escurre como puede perseguida por lebreles no del todo jurídicos, en el que un juez decide que la trapisonda de las preferentes, ese negocio de unos pocos a costa de los bienes de muchos, fue por arte de magia, por climatología adversa, por las buenas y no por las malas, asunto este del que todavía estarán partiéndose el orto de la risa quienes las vendieron como si de un deporte de élite se tratara;un país, este, en el que un asunto que dejó hace mucho de ser estrictamente jurídico para ser político y de Estado, como es la euroorden de persecución de políticos catalanes refugiados en Bélgica, se sustancia con marrullerías procesales y engaños a la opinión pública... ¡El chalé, el chalé!

El pisito no y el chalé menos, el blocao, el ciudadano que quiera salir indemne de este desdiós necesita un blocao, una guarida camuflada antes de que le den caza y le desahucien de la vida.

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