prohibir la experimentación

Conjurados contra los test de cosmética en animales vivos

La UE fija su prohibición en 2023 e inicia una campaña diplomática para involucrar a la ONU en la iniciativa

J. Fernández - Lunes, 21 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Un conejo es rociado con una loción para comprobar que es segura para el uso humano.Foto: europa.eu

Un conejo es rociado con una loción para comprobar que es segura para el uso humano.Foto: europa.eu

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Un conejo es rociado con una loción para comprobar que es segura para el uso humano.Foto: europa.eu

Bilbao- El pleno del Parlamento Europeo (PE), de forma soberana, se expresaba recientemente a favor de la prohibición a nivel mundial de la experimentación cosmética en animales para 2023. Una práctica vetada en la Unión Europea desde 2013, pero que sigue ejecutándose en el 80% de los países. La resolución no es vinculante pero pretende activar las sensibilidades sociales y sobre todo las conciencias políticas en otros puntos del planeta.

Por eso mismo, desde el Parlamento Europeo han reclamado a sus principales responsables que lideren una campaña diplomática encaminada a conseguir la prohibición global de esta costumbre y que todos los productos de cosmética puedan lucir en su envase la silueta de un conejo, símbolo de que no ha sido testado en animales. No será tarea fácil, pero en esa batalla diplomática que ya se avecina quizás ayude el hecho de que etiquetas tan reconocidas e influyentes en el mundo de la moda como Gucci (2017), Armani (2016), Calvin Kleinn (1994), Ralph Lauren (2006) o Tommy Hilgfiger (2007) también hayan incorporado a sus estrategias comerciales la perspectiva de la ética animal y de la sostenibilidad. Algo que se traduce en que ni usan ni promocionan ni tienen nada que ver con cueros y pieles animales.

En las decisiones de esas marcas ha pesado muy mucho el análisis de campo de las opiniones de sus clientelas;pero no de las actuales si no de las futuras. Y es que, todos los estudios realizados apuntan a que las próximas generaciones -mayormente la Millenial- comprarán con más conciencia social que las precedentes y que su respeto hacia los animales será también mayor. Tal y como ilustraba a DEIA el portavoz de Atea, colectivo en defensa de los animales, Kepa Tamames, “la calidad moral de una sociedad puede medirse por el trato que da a sus animales”.

A su juicio, cualquier marco normativo (como por ejemplo el Convenio europeo sobre protección de animales de compañía ratificado hace unos meses por España) mejora el escenario previo. Y además, “es el reflejo de un avance ético de la sociedad donde se produce”. En este sentido, la decisión adoptada en el PE pretende ser al mismo tiempo punto de partida y punto de no retorno para el sector y también para todos esos productos que llegan al expositor después de haber pasado un montón de pruebas invisibles para la persona compradora. La mayoría de esos test están relacionados con el grado de toxicidad del producto a vender para el consumo humano: barra de labios, champú, desodorante, jabón, perfume, dentífrico,… Sin embargo, los ensayos para saber si ese gel o esa loción provoca alergias o irritaciones se llevan a cabo sobre animales vivos.

Y eso, en el mejor de los casos, ya que esas pruebas para comprobar la seguridad y los alérgenos de los productos cosméticos pueden derivar en otro tipo de episodios más graves para el testador, incluida la muerte de esos conejos, hámsters, cobayas, ratones y ratas, principalmente. Según diversos estudios, el número de animales utilizados a nivel mundial para este tipo de pruebas “puede superar el medio millón”. Enteradas de estos ejercicios, han sido varias las plataformas ciudadanas que llevan años poniendo la voz en el cielo para denunciar estas prácticas vetadas en la UE sí, pero con matices introducidos por el propio legislador. De hecho, la prohibición de facto de la experimentación cosmética en animales no será efectiva hasta 2023 en el bloque europeo.

DefectosY es que, tal y como han denunciado diversas ONG y constatado los eurodiputados, la aplicación de esta reglamentación tiene lagunas como dicen los primeros o defectos, como hacen los segundos. El caso es que todavía se siguen vendiendo en el continente productos que no han respetado esos principios éticos y, lo que más preocupa a los movimientos animalistas: se continúan empleando animales vivos. La razón de este desorden hay que buscarla en la intrahistoria de esta normativa europea, aprobada en origen en 2003. Fue entonces cuando se decidió que su aplicación se hiciera en dos fases.

La primera en 2009, cuando se declaró ilegal experimentar con ingredientes cosméticos en animales en cualquier lugar de la UE y la venta o importación de cualquier ingrediente para emplear en cosméticos. Y la segunda fase es la de 2013, que afecta a todos los productos que tuvieran que realizar pruebas de toxicidad. Esta fase tiene 10 años de prórroga para ser implantada por lo que hasta 2023 se pueden seguir realizando esas pruebas. Con todo, activistas, políticos y defensores de los derechos de los animales han unido fuerzas para reclamar a los líderes de Los Veintisiete que usen su influencia y animen a otros gobiernos a prohibir las pruebas de productos cosméticos en todo el mundo. “La UE tiene un historial y una capacidad única para desarrollar cambios que no solo protegen el bienestar humano y animal, sino que también lideran el cambio hacia sociedades y economías más civilizadas y modernas”, describían al tiempo que instaban a la UE a “usar su liderazgo para impulsar cambios a nivel global en defensa de los animales”.

En concreto, el texto aprobado por el Parlamento Europeo solicita a los jefes de Estado y de gobierno que se valgan de la diplomacia para “formar una coalición internacional amplia” y celebrar, en el marco de Naciones Unidas, un convenio contra la utilización de animales para el ensayo de productos cosméticos. El objetivo es conseguir que esta prohibición a nivel mundial entre en vigor a partir de 2023. Y advirtieron de que la legislación europea no puede debilitarse como consecuencia de negociaciones de acuerdos de libre comercio o en aplicación de las normas de la Organización Mundial del Comercio.

AlternativasLas pruebas han sido duramente criticadas por colectivos animalistas durante años. Las califican incluso de “innecesarias” ya que, a su juicio, existen métodos alternativos. De hecho, tal y como ilustraban, desde la entrada en vigor de esa segunda fase (año 2013) el sector ha asistido al desarrollo de métodos modernos de prueba de cosméticos como la reconstrucción de piel humana o modelos informáticos, explicaba la ONG Cruelty Free International.

“Europa tiene un sector cosmético innovador y desarrollado donde la prohibición ha tenido un efecto positivo, impulsando la investigación en procesos alternativos y mejorando la calidad de sus productos”, aseguraba la eurodiputada ponente del texto, Miriam Dalli. Los eurodiputados defienden que el veto en Europa desde 2013 no ha impedido que la industria cosmética de la UE prospere y proporcione alrededor de dos millones de puestos de trabajo. “Una generación de jóvenes europeos está creciendo con productos cosméticos libres de abusos y crueldad como norma, no como excepción. Es momento de luchar por una prohibición global para que ningún animal sufra innecesariamente en cualquier parte del mundo”, manifestaba por su parte la cantante y modelo inglesa Pixie Geldof.

“La industria debe mostrar liderazgo, los consumidores deben exigir el cambio y los legisladores deben hacer que el cambio se haga realidad”, agregó la cantante. Una llamada de atención al bloque de la UE para remediar esas lagunas legales ya que algunos cosméticos son probados en animales antes de llegar a la UE para volver a ser nuevamente testados con métodos legales y ser finalmente introducidos en el mercado europeo. Además de la UE, países como la India, Israel o Noruega también han prohibido las pruebas de productos cosméticos en animales.

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