GANA LA TERCERA CARRERA DE CINCO POSIBLES

El enemigo de Márquez es Márquez

GANA LA TERCERA CARRERA DE CINCO POSIBLES Y, SUMADO A LAS CAÍDAS DE Zarco y Dovizioso, hasta ayer sus rivales más cercanos en el Mundial, se escapa a 36 puntos de viñales, ahora segundo

Eduardo Oyarzabal - Lunes, 21 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Marc Márquez celebra su victoria en el Gran Premio de Francia con un caballito.

Marc Márquez celebra su victoria en el Gran Premio de Francia con un caballito. (Foto: Efe)

Galería Noticia

Marc Márquez celebra su victoria en el Gran Premio de Francia con un caballito.

bilbao- El arte de la guerra, del estratega y filósofo chino Sun Tzu (se data su fallecimiento en el 470 antes de Cristo), probablemente el tratado bélico más influyente de la historia, sugiere una máxima antes de plantear cualquier batalla: la victoria por excelencia es aquella que se alcanza sin derramamiento de sangre, sin pisar tan siquiera el campo de batalla.

Marc Márquez, ya elevada su figura a los cielos del motociclismo, donde conviven las deidades de este deporte -como Casey Stoner, al que igualó ayer en victorias, 38, en la categoría reina-, infunde temor con su sola presencia. Se podría decir que la parrilla de MotoGP contemporánea corre por batir al catalán nacido hace 25 febreros en Cervera;porque para ganar, hay que batir a Márquez, icono indiscutible en los tiempos que corren.

Cuando un piloto -véase Lorenzo, Zarco o Dovizioso, que ayer lideraron el Gran Premio de Francia-, asciende a la primera posición de una carrera, su retrovisor busca con alarmismo una moto en la que predomina el naranja. Porque lo más probable es que, si no están viendo ya ante sí su colín, por allí aparecerá Márquez. La impaciente espera es solo cuestión de tiempo;el chico es puntual a las citas dominicales. Un fuera de serie.

En Le Mans, templo desfavorecedor para Honda, Zarco, con su Yamaha satélite, se antojaba digno rival a pesar de que encabezaba la cita Lorenzo, que vuelve a ser ese proyectil en los primeros metros. El mallorquín, desde la sexta pintura, se instaló en cabeza al tomar la salida. Una centella.

Por contra, Zarco, poleman, descendió como meteorito a la quinta plaza, quizás desbordado por sus ansias. Pero el impetuoso galo, embravecido, ganó la segunda posición en dos curvas. Parecía su día, el que todo piloto busca en su vida: el primer triunfo ante sus compatriotas. Anhelos de jaleo. El mejor francés que ha dado el motociclismo, muy a pesar de sus aún tiernos 27 años -es su segundo curso en la categoría reina-, desabrochó su ambición rebasando a Márquez en el segundo ángulo como lo hace el propio Márquez, sin piedad. Esa maniobra del francés y la caída de Iannone relegaron al catalán a la quinta plaza.

Lorenzo, disparado, perseguía la fuga, el aislamiento con una Ducati que no logra disponer para el combate cuerpo a cuerpo;para él, atacar los ángulos es como acudir al purgatorio en cada curva. Además, el mallorquín se ha hecho efímero. Espumoso. Se eleva como baja. Previsible su descenso a medida que se cuentan las vueltas. Así, en el quinto rodeo a Le Mans, Dovizioso cobró la delantera. ¡Impresionante!: dos Ducati copando la carrera gala. En la última década en el país de la libertad, igualdad y fraternidad, Yamaha suma 7 triunfos por 3 de Honda -el último, con Márquez en 2014-. Zarco rodaba entonces tercero y Márquez ya era cuarto;tras ellos, Petrucci (5º), Rossi (6º), Miller (7º) y Pedrosa (8º).

Eso sí, reza la sabiduría popular que la alegría dura poco en casa del pobre. Dovizioso, nada más cobrarse la primera plaza, se fue al suelo;segundo cero del año para Dovi, que rara vez cae;se le percibe superado por las expectativas de aspirante que consolidó en 2017 como máximo rival de Márquez. Lorenzo se alzaba de nuevo al frente, secundado por Zarco y Márquez, quien parecía hacer vudú deshojando una margarita de rivales.

El de Cervera saltó al ataque. Pasó a Zarco. Y el galo, cual ahijado de aquellos celtas que construyeron con misticismo y armas el imperio más grande de Europa, respondió feroz por su empalizada, por su territorio. Pero Márquez acechaba. Impone. Zarco cayó defendiendo el segundo lugar.

De golpe y porrazo, los que aparentaban ser grandes opositores de Márquez en la batalla por la victoria y -a vista de catalejo y a tenor de los papeles clasificatorios- tal vez por el campeonato, quedaban aparcados en la grava. Medusa los petrificaba;Márquez los tumba. Su aliento derrite. “Me sorprendí al verles caer”, señaló Marc, que esperaba enemigos.

márquez, soloA 18 vueltas del final, como amenaza para el capítulo de Le Mans, Márquez solo contemplaba a Lorenzo, el pasajero, como así lo fue otra vez. El catalán, para zanjar, le propició un adelantamiento de los que arrancan pegatinas, lidiando con las fronteras de lo permisible reglamentariamente. Aunque Márquez ganó el liderato por el interior, Lorenzo tuvo que levantar su Ducati para evitar el contacto y un nuevo episodio sobre las agresivas costumbres de Márquez.

Con la pista despejada, Márquez despegó para entrar en Mach 5, hipersónico. Justo es decir que Petrucci, segundo, sostuvo el pulso unos giros;el italiano está presentando una gran candidatura al asiento que ocupa Lorenzo. Entre tanto, Rossi trataba de honrar a Yamaha en Francia pero con la lengua fuera, incapaz de mejorar el tercer puesto que firmó desde la novena pintura de la parrilla. Mientras, Lorenzo estaba en fase alicaída, viéndose superado por Pedrosa. Dani fue quinto y Jorge, sexto. Lorenzo pareció intoxicado por los humos del escape de Márquez. Tras ceder el liderato fue un ascensor que pierde los cables. Se fue a la sexta plaza sin poder pelear con nadie. En picado. Cuestionado como está, ayer sumó incertidumbre a su futuro. Hubo dos Ducati satélite (Petrucci, 2º;Miller, 4º) por delante de su máquina oficial (6º).

Márquez rodaba en la soledad del éxito. “Cuando se cayeron (Dovi y Zarco) replantee la carrera”, expresó, algo mentirosillo él. Lo cierto es que llegó a marcar la vuelta rápida de carrera, a solo 3 milésimas del récord del circuito cuando la victoria aguardaba a la vuelta de la esquina. “En cada curva llegaba con el ancla puesta, por suerte esto me ayudó en algún momento para no caerme”, confesaría también. Lo suyo es no privarse.

Al concluir Márquez señalaba su codo, el que le salvó del acto de inconsciencia que hubiera sido caerse tal y como tenía abrochado el triunfo. El chico, que no halla rival para la guerra, que ayer no necesitó pisar campo de batalla, adereza sus actuaciones con esas dosis de emoción que es riesgo en ocasiones innecesario.

En esta temporada, con el aspecto que toma con su tercera victoria del año y las caídas del segundo -Zarco- y tercero -Dovi- en el campeonato hasta ayer, quizá sea el único modo de divertirse, de dar con alicientes a título personal a fin de mantener la tensión para seguir creciendo en los anales. Líder del Mundial, Márquez otea al segundo piloto a 36 puntos. Y este no es otro que Maverick Viñales, séptimo ayer y más perdido con la Yamaha que un pulpo en un garaje. Ganó en Le Mans en 2017, pero ayer cruzó la meta a casi 18 segundos de Rossi, su compañero de box y tercero. “Se ha puesto de cara el campeonato”, dice el bribón de Márquez. Y lo dice, ¡madre mía!, con 5 carreras celebradas de 19. En 2018 el mayor enemigo de Márquez es el propio Márquez. Solo su ambición le puede derrotar. Porque ayer ni peleó. No hubo sangre. Ganó con su presencia. Cierto que intimidante como pocas o ninguna.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Deportes

ir a Deportes »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120