Colaboración

Molinos vascos, Museo de la Industria

Por Iñaki Uriarte - Viernes, 18 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

hOY, 18 de mayo, en el mundo civilizado se celebra el Día Internacional de los Museos y se antoja oportuna una reflexión sobre una incomprensible carencia cultural museística en Euskal Herria: el Museo de la Técnica y la Industria.

La Sección de Museos del Departamento de Cultura de Eusko Jaurlaritza presentó en 1981 las Bases del Anteproyecto del Museo de la Técnica. Se pretendía insertar en el concepto clásico de Cultura una historia colectiva del pueblo vasco muy vinculada a las tradiciones productivas con la intención museística de recopilar, mostrar, divulgar, educar y sensibilizar a la sociedad sobre las bases científicas de la técnica y el proceso histórico del desarrollo industrial.

En la primera reunión de una Comisión Impulsora se acordó, tras el estudio de diversas propuestas, situarlo en el parque de la Orconera en Barakaldo y la constitución de una Asociación de Amigos del Museo de la Técnica. La Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública surge en 1982 con la denominación de Asociación de Amigos del Museo de la Técnica de Euskadi, lo que ya entonces evidenciaba la necesidad de un Museo de la Industria que para la asociación y otras personas preocupadas por nuestro patrimonio ha sido y es un inaplazable objetivo cultural.

Todas las naciones, regiones y ciudades industrializadas poseen instituciones e instalaciones para mostrar su capacidad productiva y potencia tecnológica a lo largo de la historia como una muestra de desarrollo que, vinculada a sus condiciones naturales, geográficas, geológicas, han permitido, además de una riqueza económica, crear una identidad social, laboral, cultural. Un patrimonio muy arraigado de reconocido interés público local e incluso para visitantes foráneos. Londres, París, Múnich o Milán cuentan con museos de este tipo. En el Estado, Catalunya, como siempre pionera en tantas cosas, muestra su idiosincrasia industrial desde 1982 en el Museu Nacional de la Ciència i de la Técnica en Terrassa.

Lamentablemente, después de más de 37 años, Euskal Herria todavía permanece sin tener un museo de cierta relevancia como referencia que recoja el abundante patrimonio que se ha ido creando a lo largo de más de un siglo y medio de industrialización. Esta es, sin duda, una de las abundantes e inexplicables ausencias culturales de nuestro país, que se olvida, sino reniega, de sí mismo. Un déficit imperdonable que interpela a la irresponsabilidad institucional.

Todas las naciones y ciudades industrializadas poseen instituciones e instalaciones para mostrar su capacidad productiva y tecnológica

Molinos Vascos En 1920 se constituyó en Bilbao la Sociedad Grandes Molinos Vascos dedicada a la fabricación de harinas, que adquirió un terreno en el muelle de Zorro-tza para poder recibir el trigo y maíz necesarios tanto por buques como por el cercano Ferrocarril del Norte, conectado a la red peninsular, y otra local de vía estrecha, cuyo proyecto de 1924 se encargó al arquitecto Federico de Ugalde y Echevarria. Un alto y elegante edificio con sus almacenes y silos en una parcela de 4.814 m2 con una planta edificada en forma de ángulo recto compuesta por dos volúmenes. Uno, dedicado a fábrica y almacén paralelo a la ría con un frente de 47,5 m. de longitud y 1.462,25 m2 de superficie y el otro perpendicular para silos de 47,9 m. y 384 m2 respectivamente.

La fábrica solo estuvo activa entre 1925 y 1929. Muy posteriormente, en 1963, fue adquirida por Almacenamientos Comerciales S.A., que la utilizó como almacenes en alquiler y hacia 1998 quedó ya sin uso.

Por Decreto 54/2009, de 3 de marzo, de Eusko Jaurlaritza, se registró el edificio como Bien Cultural Calificado con la categoría de Monumento, lo que implica que pasa a ser de Protección Especial en el planeamiento municipal.

Molinos Vascos posee los suficientes valores históricos, simbólicos, estéticos y arquitectónicos como para ser considerado con mucha más atención. Cualquier proyecto museístico y arquitectónico que se redacte deberá contemplar obviamente la integridad de la configuración actual con un uso no abusivo de sus características fundamentales evitando excesos en la intervención. En suma, su espíritu fabril y sin añadidos absurdos ni protagonismos de autor que desfiguren su carácter industrial.

Parece evidente que por su fácil accesibilidad, además de la fluvial por el ferrocarril cercano en la estación de Zorrotza y por carretera, se acentúan las posibilidades de una reutilización de uso cultural. En la actualidad, el edificio es el paradigma de la arquitectura industrial portuaria, hecho que se realza por su intrínseca belleza y destacada presencia urbana en el frente fluvial con un amplio espacio de dominio visual. Además es de una tipología escasa en nuestro país lo que le otorga una singularidad.

Conclusión El objetivo cultural de la civilización industrial acontecida en Euskal Herria debe ser, además del inventariado y recopilación del repertorio de testimonios generados, su inequívoca obligación de mostrarlos para mostrar y divulgar un trascendental proceso histórico. Esta imperiosa necesidad tiene una ocasión única y respuesta concreta, el Museo Nacional de la Técnica y la Industria de Euskal Herria, que debe constituirse por su representatividad tipológica, cualidad arquitectónica, calidad constructiva, anónima belleza, y emplazamiento inigualable en el edificio de Grandes Molinos Vascos en el muelle de Zorrotza, frente a la ría del Ibaizabal, un singular territorio histórico síntesis de excepcionales acontecimientos industriales.* Arquitecto

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