Una quincena de jubilados se encierra en la nagusien etxea de Romo como rechazo a su traslado

"Estamos dispuestos a hacer lo que sea;a ponernos cadenas o pasar hambre”

Una quincena de jubilados se encierra en el local de la nagusien etxea de Romo como rechazo a su traslado

Un reportaje de Marta Hernández - Viernes, 18 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Varios jubilados encerrados en protesta por el traslado de la Nagusien Etxea de Romo, anoche en el local que consideran su “casa”. Foto: José Mari MartínezVER GALERÍA

Varios jubilados encerrados en protesta por el traslado de la Nagusien Etxea de Romo, anoche en el local que consideran su “casa”. Foto: José Mari Martínez

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Varios jubilados encerrados en protesta por el traslado de la Nagusien Etxea de Romo, anoche en el local que consideran su “casa”. Foto: José Mari MartínezJubilados de Romo se encierran contra el traslado del centro de mayoresVarios jubilados encerrados en protesta por el traslado de la Nagusien Etxea de Romo, anoche en el local que consideran su “casa”. Foto: José Mari Martínez

Galería[Fotos:] Jubilados en pie de guerra por su 'casa'

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  • Jubilados de Romo se encierran contra el traslado del centro de mayores
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CON sacos de dormir y con esterillas, también con algunas cabezadas en sillones y sillas;con desayunos, comidas y cenas en el bar... La protesta de los asociados de la nagusien etxea de Romo ha pasado de la calle al interior. De las manifestaciones por el barrio al encierro en la que ellos mismos consideran su “casa”. Porque de ahí es de donde no se quieren mover. Hoy, los jubilados de Romo amanecen tras pasar su segunda noche en la sede del centro, encerrados como grito de resistencia a su traslado a la nueva kultur etxea.

Grupos de quince personas están haciendo noche en el edificio de la calle Lope de Vega. Están enclaustrados en lo que en su día fue un convento con claustro. “Estamos con sacos de dormir y esterillas, pero la mayor parte del tiempo, en los sillones y sillas que hay aquí. No hay problema. Aunque seamos personas mayores, se aguanta. Si la gente está motivada, si cree en lo que está haciendo y está concienciada en defender un futuro, entonces todo funciona mejor”, aseguraba ayer Rafa Martín, el presidente de la junta directiva de la nagusien etxea de Romo. En la primera noche de internamientoapenas se encadenaron las horas para cerrar los ojos.

“En algún momento hemos dormido, pero por lo demás, hemos estado charlando y organizando cosas”, comentaba Juana María González. Después, las primeras luces del día depararon algún sobresalto. “La mañana ha sido un poco inquieta porque se habían llevado las llaves y estábamos aquí a oscuras. Luego han venido la asistenta social, el conserje... Todos juntos. También la Policía Municipal nos identificó a todos por la noche y a la mañana se ha presentado un agente, que ha dicho que venía de parte del jefe de la Policía Municipal, para ver qué tal estamos, si hemos pasado bien la noche, si hay algo que necesitemos...”, desvelaba Paco Blanco. Ellos son tres de la quincena de mayores de este barrio getxotarra que protagonizaron el encierro en la primera noche. La siguiente -la de ayer- le correspondió a otro turno. De momento, no saben cuánto tiempo seguirán así. “Vamos a ir viendo las fuerzas. No deja de haber gente que es más mayor y hay que ir viendo”, aclaraba Juana María. “No hemos definido la estrategia y no nos planteamos un de aquí hasta el fin;vamos a ir sobre la marcha”, corroboraba Paco.

El día fue ajetreado: prensa, gente que entraba a mostrar su apoyo, otros asociados -en total son alrededor de 6.000, de las que unas 1.500 son miembros activos- que salían a colgar pancartas o a respirar un poco de aire... Algunos fueron a comer a casa, otros se quedaron y recibieron también la visita de familiares. “Estamos dolidos, enfadados, preocupados... Estamos dispuestos a hacer lo que sea;a ponernos cadenas o pasar hambre”, advertía Mari Carmen Benito. Por la tarde, recibieron el respaldo de 300 vecinos -según datos del Consistorio de Getxo- en un acto convocado por la propia junta directiva. El Ayuntamiento, mientras tanto, insiste en que los jubilados podrán continuar utilizando la primera planta del centro para actividades, pero que servicios como la peluquería o el gimnasio se prestarán en la nueva kultur etxea. Pero muchos de los asociados se niegan. Quieren seguir en su “casa”, porque es un edificio histórico, por una cuestión sentimental -es el hogar de los jubilados desde hace más de treinta años- y porque creen que están más cómodos.

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