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defecto de forma en la euroorden

El Supremo se revuelve contra Bélgica por rechazar la entrega de los consellers huidos

Un defecto de forma en la euroorden beneficia a Comín, Serret y Puig, y augura un efecto dominó en el resto de exiliados

Igor Santamaría - Jueves, 17 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Lluís Puig, Toni Comín y Meritxel Serret celebran la decisión de la Justicia belga agasajados por simpatizantes independentistas.

Lluís Puig, Toni Comín y Meritxel Serret celebran la decisión de la Justicia belga agasajados por simpatizantes independentistas. (ANC)

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Lluís Puig, Toni Comín y Meritxel Serret celebran la decisión de la Justicia belga agasajados por simpatizantes independentistas.

BILBAO- Todo un varapalo a la Justicia española y, en concreto, al juez del Tribunal Supremo, Pablo Llarena. Bélgica rechazó ayer la entrega a España de los exconsellers allí exiliados, Toni Comín, Meritxell Serret y Lluís Puig, después de que el tribunal de primera instancia escuchara la petición de la fiscalía, que considera que la euroorden no cumple con los requisitos necesarios para su tramitación. “El ministerio público ha pedido al tribunal declarar las tres órdenes de detención europeas irregulares, dada la ausencia de órdenes nacionales de arresto adecuadas. El tribunal ha aceptado esta petición”, suscribió la fiscalía de Bruselas a través de un comunicado. Dado que todas las partes se mostraron de acuerdo, no habrá recurso y el caso se da por cerrado, aunque desde España se pueda cursar una nueva euroorden si así se estimara conveniente.“Hoy es un gran día”, se felicitaba el abogado Gonzalo Boye, citando a Bob-Dogi, camionero rumano detenido en su país y reclamado por la Justicia húngara. Y es que la defensa de los exconsellers hizo valer un precedente recogido en la doctrina del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que certificó la necesidad de una orden previa de detención nacional para poder hacer efectiva una euroorden en el caso de Bob-Dogi. “Es de primero de euroorden”, añadió el letrado, augurando que se produzca un efecto dominó con las demás euroórdenes cursadas por Llarena y a la espera de qué hace Alemania con Carles Puigdemont, pendiente de si es entregado por el delito de malversación de fondos públicos o, como quiere el Supremo, por rebelión o sedición. “El formulario de euroorden no venía acompañado de una orden de detención nacional”, apuntaba Boye, quien precisó que “el defecto de forma está en todas las euroórdenes y no es subsanable”.

“Convendría empezar a pensar si es correcto tener judicializada la política con estos errores y con este desconocimiento del funcionamiento de la justicia”, reflexionó el letrado, que además matizó en sus redes sociales que la “cooperación internacional de la justicia no es ciega”. El abogado Jaume Alonso Cuevillas desveló además en TV3 que la Justicia española tuvo oportunidad de subsanar el error y no lo arregló. Al retirar la primera orden europea de detención y entrega, de la magistrada de la Audiencia Nacional Carmen Lamela, se mantuvo la orden nacional y no se dictó una nueva, apostilló el letrado, que contempla que las cautelares caigan ipso facto.

Así, la Justicia belga basó su rechazo en que la euroorden no está sustentada en ninguna orden de detención nacional emitida por Llarena, sino que se basa en la lanzada meses antes por Lamela. Es decir, cuando el juez Llarena emitió la nueva euroorden, la orden nacional en la que esta se apoyaba no se actualizó, lo que ha supuesto que tanto la fiscalía como el juez belga estimen que no estaba vigente. “Un auto de procesamiento no tiene el valor de una orden de detención y, por lo tanto, no puede constituir una base válida para ejecutar una orden de detención europea”, recoge el escrito de la fiscalía.

el ts ve falta de “compromiso”La respuesta no se hizo esperar. El Tribunal Supremo considera que esta resolución se debe a una “ausencia de compromiso” y no a un error formal, alegando que al no haber acordada previamente una orden nacional de detención no se puede ejecutar una orden europea de detención. Fuentes de la Sala del alto tribunal, donde el enfado es mayúsculo y el ridículo es mayor todavía, sostienen que la base de la euroorden es el auto de procesamiento por los delitos de rebelión, malversación de caudales públicos y desobediencia. Esta resolución, dicen, es la que cuenta con mayor desarrollo argumental después de la sentencia. Y que se esperó a que estuviera acordada esta para que la Justicia belga tuviera más base para decidir.

Los exmiembros del Govern llegaron a la vista por separado. Puig fue el más madrugador, lo hizo a las 8.15 horas luciendo una corbata amarilla;Serret llegó media hora después;y Comín, pasadas las nueve de la mañana. Aguardándoles a la entrada para arroparles antes estaban los eurodiputados Josep María Terricabras y Jordi Solé (ERC), junto a Ramon Tremosa (PDeCAT). Una hora y media después volvían visiblemente satisfechos. “Es una cuestión política que nunca debería haber llegado a los tribunales”, reclamó Comín. “Detengamos esta deriva. Basta de abusar del derecho penal y del sistema europeo de euroórdenes”, insistió el exconseller de Salut. “Esperamos que esto ayude a los compañeros encarcelados en España, a Puigdemont en Alemania, Ponsatí en Escocia y a Marta Rovira en Suiza”, completó Puig, exconseller de Cultura, para quien puede haber un efecto multiplicador porque la Justicia europea “es única”. Serret suscribió lo dicho por sus dos compañeros e hizo un llamamiento a “que se vuelva a la vía política y del diálogo y que haya entendimiento para resolver un problema real que hay en Catalunya de forma pacífica”, pidió la titular de Agricultura del Govern cesado.

Este error de forma no solo supone un golpe para la Justicia española en Bélgica, ya que también abre la puerta a nuevos escenarios en la situación judicial de todos los exiliados. Es una bofetada en toda regla.

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