Entre dos partes

José María Merino Muxika Zierbena - Martes, 15 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Recuerdo en la infancia, izar la rojigualda en la casa familiar, la carta de impuesto revolucionario a mi padre, pero también los abusos y usos de la Guardia Civil, cuya punta de iceberg fue el asesinato por error de Batarrita en 1961. La actividad de ETA entonces era colocación de ikurriñas, sabotajes... hasta que en 1968 inicia su escalada de asesinatos con un zenit simbólico en el de Carrero, que no fue precisamente condenado en Euskadi ni en España salvo por los afines.

Coronado el heredero, promulga la amnistía con lo que se intenta frenar la dura e incómoda trayectoria de ETA y enjuagar sin reconocimiento ni contrición alguna la barbarie posalzamiento. Quien siembra vientos recoge… Y la desenfrenada actividad terrorista siguió el enfrentamiento con el estado, sin escuchar a la sociedad que, en multitudinarias manifestaciones -Ryan, Hipercor, Miguel Ángel Blanco...- expresaba que las vías del terror no eran el camino a seguir.

Esa sordera conllevó la progresiva falta de apoyo social que, junto con las cada vez más organizadas fuerzas de seguridad estatales, fueron acorralando a ETA hasta su final.

Pero hay que recordar que ha existido un conflicto entre dos partes y cada cual deberá entonar su mea culpa, tanto por acción como por omisión, desde el inicio hasta el final.

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