Descenso del Bilbao BASKET

¿Qué podía salir mal?

UNA SUCESIÓN DE DECISIONES TAN ERRÓNEAS COMO TOMADAS A DESTIEMPO EMPUJAN AL Bilbao Basket al descenso tras unos meses totalmente erráticos

Jon Larrauri - Martes, 15 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Varios miembros del consejo de administración del Bilbao Basket, Raúl López, director deportivo de la entidad, y Diego Sáenz, director general, en la rueda de prensa en la que anunció el despido de Carles Dura.

Varios miembros del consejo de administración del Bilbao Basket, Raúl López, director deportivo de la entidad, y Diego Sáenz, director general, en la rueda de prensa en la que anunció el despido de Carles Dura. (Foto: O. M. Bernal)

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Varios miembros del consejo de administración del Bilbao Basket, Raúl López, director deportivo de la entidad, y Diego Sáenz, director general, en la rueda de prensa en la que anunció el despido de Carles Dura.

Bilbao- Con más del 50% de su presupuesto para plantilla ya comprometido en tres jugadores (Jonathan Tabu, Axel Hervelle y Álex Mumbrú), el Bilbao Basket cerró su plantilla para el ejercicio 2017-18 en junio, algo probablemente jamás visto en el baloncesto europeo, cuyo mercado vive su apogeo en los meses de julio y agosto, incluso septiembre, y radicalmente contrario al modus operandiy la lógica habituales de los equipos pobres, que tienden a moverse los últimos para tratar de acceder a jugadores obligados a bajar su caché al quedarse sin mejores opciones. Pero el conjunto vizcaino prefirió transitar por un camino novedoso. Total, ¿qué podía salir mal?

De las seis caras nuevas de cara al presente ejercicio (la séptima, el vinculado Vasilije Vucetic, jugó el anterior curso en el Zornotza de LEB Plata), cinco no tenían ninguna experiencia no ya en la Liga Endesa sino ni siquiera en el baloncesto europeo. Dos de ellos (Shane Hammink y Tim Kempton) iban a vivir incluso su bautismo de guerra como profesionales tras salir de la universidad y un tercero (Jameel McKay) solo contaba con un año de tablas en Australia y Filipinas. Se intuía una apuesta muy arriesgada pero, ¿qué podía salir mal?

El pasado mes de mayo, el consejo de administración del Bilbao Basket apostaba por un cambio de rumbo en la parcela deportiva y quiso despedir a Carles Duran. Incluso había nombres de posibles sustitutos encima de la mesa. Los pesos pesados del vestuario, los mismos que habían seleccionado su nombre un verano antes para suplir a Sito Alonso, habían perdido la confianza en él y desde la planta noble de Miribilla aseguraban que el equipo “no transmite lo que tiene que transmitir”. Finalmente, la decisión no se tomó por cuestiones económicas, Duran arrancó la nueva temporada y se le exigió vender objetivos importantes (luchar por Copa y play-off) pese a la evidente merma de calidad de la plantilla. ¿Qué podía salir mal?

El Bilbao Basket arrancó este curso jugando una competición en la que no quería estar: la Eurocup. Prefería abrir una nueva vía con la Champions de la FIBA, sobre el papel más asequible a su potencial deportivo, pero al recibir una wild card de la segunda competición de la Euroliga decidió cambiar el paso pese a las advertencias internas de la rémora que podía suponer un torneo tan exigente para un plantel con escaso cuajo y la frustración que podía generar al equipo y al entorno el hecho de acumular derrotas continentales. Pero se dio el paso. ¿Qué podía salir mal?

En noviembre, con un para nada agónico balance de 3-6 en Liga Endesa y dos partidos de margen respecto a la zona de descenso (lo marcaba el Burgos, que era el siguiente rival), el Bilbao Basket despidió al entrenador que ya quiso despedir en verano -el mismo que ha salvado con un portentoso sprint final a un Divina Seguros Joventut que parecía totalmente desahuciado- espoleado por unos tímidos pitidos de la afición una semana atrás en el duelo contra el Lietuvos en la Eurocup, una competición que no quiso jugar. La decisión se tomó tras cinco días de deliberaciones que trascendieron a la escena pública, indignando a parte de la masa social, y se escenificó en una comparecencia pública de formas y fondo cuestionables. “Hay equipo para más”, se dijo. “Tenemos que recuperar nuestras señas de identidad”, se argumentó ante el cambio de rumbo en el banquillo. ¿Qué podía salir mal?

Con Veljko Mrsic ya al mando, inmersos en la fase decisiva del curso y con el resto de rivales en la lucha por el descenso contratando sobre la marcha jugadores solventes y de aportación inmediata (Askia Booker en el Betis, Nico Laprovittola y Demetrius Conger en el Joventut, Xavi Rey, Milko Bjelica y Dylan Ennis en el Zaragoza), el Bilbao Basket quemó sus últimas balas en el mercado en febrero con las incorporaciones de Ben Bentil y Nikola Rebic, dos jugadores de apenas 23 años, sin experiencia ni calidad aún para una competición de la exigencia de la ACB y que apenas han aportado nada desde entonces. ¿Qué podía salir mal?

No ver la realidad Un descenso deportivo puede ser algo asumible. Ningún club está libre, sobre todo cuando los presupuestos van menguando, de tener un mal año que le condene al sótano de la clasificación, pero en este caso el Bilbao Basket ha puesto mucho, muchísimo, de su parte para el descalabro deportivo en el que se ha convertido la campaña 2017/18 y que recibió el domingo, con el descenso matemático, el golpe de gracia. Las decisiones adoptadas en la planta noble de Miribilla han sido a cada cual peor desde junio. El ejercicio empezó torcido y desde entonces todas las medidas tomadas no hicieron más que empeorar la inmediatamente anterior. Algunas llegaron a destiempo, otras, simplemente, jamás debieron producirse y todas ellas han acabado degenerando en un círculo vicioso que se ha llevado por delante un proyecto deportivo con demasiados vaivenes para una estructura tan endeble como la bilbaina.

“Sigo convencido de que había equipo para más”, defendía hace apenas dos semanas, cuando la situación era ya totalmente agónica, Raúl López, director deportivo de la entidad. “No contemplamos la opción del descenso”, aseguraba hace poco más de quince días Koldo Mauraza, presidente del club, en estas mismas páginas. Las escasas, y poco profundas, manifestaciones institucionales que se han producido en estos últimos meses de crisis deportiva han dejado claro que o bien los responsables del Bilbao Basket no sabían la realidad que tenían entre manos, no querían ser conscientes de ella o que cuando de verdad la interiorizaron fue ya demasiado tarde. El discurso oficial ha venido culpando de todo a “las malas dinámicas”. Demasiado simplista. E incluso en el supuesto de que así hubiera sido, era trabajo de los responsables del club poner las herramientas necesarias para facilitar ese factor corrector, ese cambio de rumbo hacia lo positivo, que en los rivales funcionó y en Bilbao no se produjo. Y cambios de cromos no faltaron (incluso lejos de la cancha, con un relevo en la Dirección General, entrada de nuevos consejeros, dos ayudantes nuevos e incluso un fisio belga). Cuatro cambios de jugadores respecto al plan inicial -además de Bentil y Rebic, antes llegaron Mickell Gladness y Devin Thomas-, dos relevos en los banquillos -Mrsic suplió a Duran y Jaka Lakovic posteriormente al croata- y las constantes vitales cambiaron muy poco. Por poner un ejemplo, a principios de enero se puso a tiro un refuerzo de cierta entidad, pero desde el consejo paralizaron cualquier movimiento por la situación financiera. Mes y medio después, se decidió que era necesario reforzar el equipo, pero el mercado ya no ofrecía jugadores de esa relación calidad-precio y hubo que conformarse con Bentil y Rebic.

Transparencia y pulcritud presupuestaria. Esas iban a ser las líneas maestras del nuevo consejo de administración para diferenciarse de la línea de actuación en el pasado de Gorka Arrinda, principal responsable del enorme agujero económico que arrastra el club. Pero ni eso. En el segundo epígrafe, el plantel deportivo acabará el ejercicio con cuatro de sus nóminas sin ser abonadas -se esperaban impagos en el tramo final del curso, pero no que arrancaran tan pronto- y las correcciones sobre la marcha han descuadrado las cuentas. En el primero, hace ya meses que la masa social, esa a la que el club apela cada vez que pintan bastos y exhibe como principal activo de la entidad, exige explicaciones claras y concisas sobre el futuro del club. El público lleva tiempo con miedo por la mera supervivencia del club y nadie ha sido capaz hasta el momento de aclararles nada. Ellos siempre han estado ahí cuando el club les ha necesitado -9.842 espectadores el domingo en Miribilla- y ahora no saben a qué atenerse mientras escuchan en distintos foros que, además, algunas de las caras visibles del consejo de administración están más cerca de saltar de la nave que de seguir liderándola.

El Bilbao Basket recibió una segunda vida hace cuatro años y no ha sabido aprovecharla. Como los enfermos que consiguen escapar del túnel, se cuidó de manera concienzuda durante los primeros meses para luego ir poco a poco descuidándose y recayendo en vicios de antaño. Jugadores con excesivo mando en decisiones propias de instancias superiores, parcelas vitales como la dirección deportiva poco profesionalizadas, una estructura de mando incapaz de atinar con asuntos estructurales... ¿Qué podía salir mal?

Todo.

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