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Resurrección en seis pelotazos

Jokin Altuna jugará la final del manomanista ante Aimar Olaizola después de superar a Joseba Ezkurdia, al que remontó con el físico castigado un 17-15

Igor G. Vico - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Jokin Altuna se toca el lado izquierdo de la pechera tras conseguir el billete a la final del Manomanista de Primera.

Jokin Altuna se toca el lado izquierdo de la pechera tras conseguir el billete a la final del Manomanista de Primera. (Fotos: Borja Guerrero)

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Jokin Altuna se toca el lado izquierdo de la pechera tras conseguir el billete a la final del Manomanista de Primera.

Bilbao- Jesús necesitó tres días. A Jokin Altuna le valieron seis pelotazos. Suficiente. ¡Para qué más! En ese tiempo se gestó la crónica de una resurrección dentro de la noria eterna del Manomanista, tan cruel como el tiempo, que se estira o se contrae a merced de los monarcas de la pelota a mano, a los que se les puede llamar traviesos o malditos por usar los peones del frontón, los pelotaris, a su antojo, como el niño de la lupa y las hormigas. En definitiva, el amezketarra regresó de sus entrañas para contradecir, siempre contestón, nunca resignado, a las musas y las deidades de un universo localizado en las vísceras del frontón Bizkaia de Bilbao, mismo escenario en el que jugará la final de la competición más importante del curso el próximo domingo 27 de mayo ante Aimar Olaizola. Altuna III le vio la jeta a Caronte y dijo que no, que iba a regresar a acabar el trabajo que había empezado mucho antes, que Joseba Ezkurdia ya podía afilarse, que no hay rendición. Eso no existe. Esa palabra no forma parte de su vocabulario. Un canto en los dientes para el barquero.

Necesitó seis pelotazos. Fueron suficientes para un discípulo del arte y el ensayo. Más por la gracia de las horas de frontón, de los días de bocadillo y experimento, que por las varitas mágicas. Primero, todo fue un juego;después, se puso serio. Y el juego acabó siendo trabajo. El maná llegó antes, con el amor al cuero.

Le sirvieron seis pelotazos para recuperar la cara a la semifinal disputada ayer en Miribilla. ¡Para qué más! El problema, el que vivió Ezkurdia en sus carnes, es cuando comienzas a negociar un triunfo ante un adversario al que le regalas el inicio. Después, todo se pone cuesta arriba. El problema es darle la mano a un contrincante que te coge el brazo. El amezketarra no negocia. Toma las victorias por conquista. No hay otra.

En seis pelotazos, una medida sin estilo, sin alma, salvo para el que la disfruta, Altuna III solventó un partido que tenía una sensación de revolución, en el que el guipuzcoano se había reconocido en el espejo hasta verse con un 6-13 y 8-14, maniatando a un rival con más caballos, pero, también, más atascado.

Porque, antes de los seis pelotazos de marras, hubo tierra de por medio y un pleiteo con distintos protagonistas. Dos caras. Una moneda. La crueldad del Manomanista. Otro episodio más. Joseba Ezkurdia comenzó la cita acelerado y con problemas para ubicar el duelo en toda la cancha. Tampoco hizo daño con el primer disparo, cuestión capital a estas alturas de la película. Ese descorche dejó posibilidades al venenoso Altuna III, que ve El Cañón de Colorado en el agujero de un alfiler. Jokin trazó su plan, el que traía de casa, el mismo que plantó ante Mikel Urrutikoetxea: aprovechar el saque, defender de aire y tirar de gatillo para que el choque no se le atragantara. ¡Eureka!

Ezkurdia capitaneó un naufragio inicial que, a la postre, fue clave para el devenir del choque. Se escapó el guipuzcoano. Se puso 3-8. Encontró cierto oxígeno el navarro en base a una dejadita al txoko después de dominar el tanto y dos yerros de su contrincante. 6-8. Se despertó el arbizuarra. Lo suyo pasaba por alargar el pelotazo. Pero recibió un correctivo mientras alineaba la brújula. Altuna III se colocó 6-13 y 8-14, tirando de recursos, pinceladas cerca del frontis.

Un gancho a la chapa de Jokin varió el escenario. Ezkurdia abrió la fábrica. En la pegada halló la solución a sus problemas. El guipuzcoano se puso el mono de trabajo, en defensa, tirando de besagain y volea para respirar. No dio con la tecla. Ezkurdia pasó como un avión. Un rodillo. Mala dinámica. Además, el de Amezketa falló con pelota franca. El cansancio le pudo. Igualó a quince Joseba. Altuna III, desmadejado, sobrevivía por la distancia encontrada de inicio. Nada más. Ekaitz Saralegi le masajeó las piernas. Ezkurdia olió sangre. El billete para la final del Manomanista pasaba por seguir percutiendo. Con el 17-15, un dos paredes de sotamano, con toda la cancha para Joseba, besó la chapa de contracancha. Aire para Jokin. “Mi única esperanza era que botara fuera”, dijo. Y necesitó seis pelotazos. Tres saques seguidos y un saque-remate le pusieron 17-20. Suficiente para contar una resurrección. Las tornas cambiaron. Montaña rusa. A Ezkurdia le penó el resto y una mala dejada. Altuna cerró con una parada al txoko.

Duración: 59:14 minutos de juego;11:45 de tiempo real.

Saques: 3 de Ezkurdia (tantos 2, 12 y 15) y 5 de Altuna III (tantos 7, 8, 17, 18 y 19).

Faltas de saque: Ninguna.

Pelotazos: 268 pelotazos en juego.

Tantos en juego: 8 de Ezkurdia y 10 de Altuna III.

Errores: 7 de Ezkurdia y 6 de Altuna III.

Marcador: 0-1, 1-2, 2-2, 2-3, 3-4, 3-5, 4-8, 6-9, 7-13, 8-14, 9-14, 13-15, 14-15, 15-15, 17-16, 17-17 y 17-22.

Botilleros: Ejercieron de botilleros Juan Martínez de Irujo (con Joseba Ezkurdia) y Ekaitz Saralegi (con Jokin Altuna).

Apuestas: Se cantaron posturas de salida a la par.

Incidencias: Partido correspondiente a las semifinales

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