Artesano | mercado medieval de Balmaseda

Javier Díaz: “En la feria he tallado en madera desde San Severino a Marcelo Bielsa”

Ha participado en casi todas las ediciones del mercado medieval mostrando en vivo el talento heredado de su padre que enriqueció en viajes a París y Florencia

Elixane Castresana - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Javier Díaz convirtió un tronco de tilo en el protagonista de la serie ‘Vikingos’.

Javier Díaz convirtió un tronco de tilo en el protagonista de la serie ‘Vikingos’. (José Mari Martínez)

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Javier Díaz convirtió un tronco de tilo en el protagonista de la serie ‘Vikingos’.

Balmaseda- Solo necesita sus herramientas, un tronco y una fotografía para transformar la madera en arte en los dos días que dura el mercado medieval de Balmaseda. A la vista de todo el que pasó por delante de su puesto en la plaza de San Severino, el madrileño Javier Díaz eligió esta vez al protagonista de la serie Vikingos, Ragnar Lodbrok, para acompañar el busto de su esposa Lagertha, ya terminado. En quince participaciones en la feria ha esculpido también en vivo a personalidades de la villa reivindicando siempre “el alma” que los artesanos imprimen a sus obras.

Para alcanzar tal nivel de detalle se requiere mucha práctica, ¿cuándo y cómo se inició en el oficio?

-Tuve acceso a las herramientas de niño porque mi padre hacía muebles, era un artesano humilde. A los 12 años ya tallaba más rápido que él, en aquella época el trabajo infantil no se consideraba explotación, simplemente ayudabas a la economía familiar. Sin haber asistido a la escuela me presenté a un concurso de talla con la suerte de que gané la fase provincial y luego la estatal. Me dieron el premio en el palacio de El Pardo durante la dictadura.

¿Le abrió muchas puertas?

-A mí me gustaba más el arte, así que marché a aprender escultura y ver el trabajo de los grandes maestros en vivo. En París conocí las obras de Picasso y Rodin y en Florencia admiré las de Miguel Ángel. Me fascinó el David, tan grande y tan perfecto e intentaba reproducirlo. Me sentaba en la calle fuera del museo donde se conserva y el portero me dejaba entrar y salir. La última vez que estuve, sin embargo, los carabinieri me metieron 280 euros de multa y los tuve que pagar porque si no me quitaban las herramientas. Ahora hay que pedir permisos para todo y cuando vives como nosotros no estás para eso: te plantas a tallar y, si sacas lo suficiente, un día más que has vivido.

En el mercado medieval de Balmaseda ya se le espera con expectación para ver a qué personaje va a retratar...

-En Balmaseda me siento en casa, de verdad. Siempre me han tratado muy bien. Participo en la feria medieval desde hace quince años, hasta llegué a plantearme venir a vivir aquí y propuse al Ayuntamiento poner en marcha un taller de imaginería. Creo que por la tradición de la Semana Santa y el mueble que tiene su sello podía encajar.

¿Y qué pasó?

-Ahí quedó la cosa. Sigo viniendo y a veces me encargan bustos de personajes relacionados con Balmaseda durante la feria.

¿Por ejemplo?

-He tallado a San Severino, a Martín Mendia, cuya estatua está justo detrás de mi puesto o el director artístico de la Pasión Viviente, Zarra. También representé en madera a Marcelo Bielsa el año que el Athletic jugó las finales de Copa y Europa League y el Ayuntamiento le entregó después el busto.

¿Qué tipo de árboles utiliza?

-La que estoy haciendo inspirada en Vikingos es de tilo. Me gustan los frutales, como castaño, nogal, peral o manzano, que tienen una madera preciosa. A Balmaseda he traído cincuenta herramientas, pero en casa guardo todavía más.

Y ¿qué le resulta más complicado plasmar?

-Los ojos, captar esa mirada. Además, con los troncos de madera no tenemos la posibilidad de rectificar. Todas las obras son diferentes unas de otras, son la fusión del espíritu y la materia. Aunque el resultado final no quede tan perfecto como una máquina, es humano.

¿Ha cambiado la tecnología su profesión?

-De niño recuerdo que nos juntábamos talleres del pueblo y los viernes llevábamos al rastro cosas que habíamos hecho durante la semana. ¡Nos compraban sacos enteros! Sacaron las máquinas copiadoras y desapareció un montón de gente. Ahí empecé a darme cuenta de que la tecnología va a acabar con el trabajo... me gustaría confundirme.

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