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primer partido completo desde septiembre

A Muniain se le queda corta la temporada

El sábado, en su primer partido completo desde septiembre, reeditó el gran nivel futbolístico que había ofrecido en el inicio de la etapa de Ziganda

José L. Artetxe - Lunes, 14 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Muniain conduce el balón en un momento del derbi del sábado en Mendizorrotza.

Muniain conduce el balón en un momento del derbi del sábado en Mendizorrotza. (Borja Guerrero)

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Muniain conduce el balón en un momento del derbi del sábado en Mendizorrotza.

Bilbao- Casi ocho meses después, Iker Muniain volvió a jugar un partido completo. Siendo estrictos, la vez anterior no estuvo sobre el césped hasta el último pitido porque a pocos minutos del noventa quedó tendido sobre la hierba con una rodilla hecha cisco. Un detalle intrascendente en esta historia, lo nuclear sería que el largo paréntesis que ha mantenido al jugador ajeno a la competición parece no haber existido. Visto que el nivel que ofreció el sábado en Mendizorrotza en nada desmerecía del estado de forma que lucía en septiembre, podría decirse que en realidad la grave lesión por la que Muniain hubo de ser intervenido nunca se produjo y que termina la temporada como empezó, pletórico.

Sin embargo, ha sido medio año largo con Muniain inmerso en un durísimo proceso de rehabilitación. Y también medio año sin buenas noticias: un tiempo presidido por la perplejidad del entorno, que fue derivando en desilusión e irritación con el discurrir de los partidos. Tanta impotencia en la plantilla para corregir el rumbo y la imposibilidad objetiva de contar con el navarro inspira una asociación de ideas. Probablemente sea muy elemental, aunque no exenta de cierto fundamento, pues se antoja razonable suponer que la participación continuada de Muniain se hubiese dejado sentir en beneficio del grupo. Haberle echado en falta cuando la mayoría de sus compañeros se han mostrado desacertados no equivale a afirmar que la suerte del Athletic hubiera experimentado una radical transformación con él presente, pero seguro que su aportación se hubiese agradecido.

La reflexión se realiza sobre la base de una versión auténtica de Muniain, no se apoya en una ensoñación. Se trataría de calibrar el influjo del futbolista sobre el colectivo a partir del comportamiento que asumió el pasado verano, similar al observado con motivo del derbi de Gasteiz. El Athletic ni ha jugado bien ni ha ganado siempre que ha podido alinear a Muniain este curso, pero es innegable que su contribución ha sido relevante. Recientemente, a José Ángel Ziganda se le olvidó mencionarle al citar a los hombres que han dado la talla a sus órdenes porque, pese a que ha faltado mucho, cuando ha actuado se ha hecho acreedor a nota.

La distinción que merece se apoya en su estado de forma, pero no solo. En el arranque de la campaña anduvo en un escalón más elevado que la media, fuerte, con chispa, con ganas de comerse el mundo. Pero sobre todo destacó por tomar para sí una responsabilidad superior a la que había desempeñado previamente. No se conformó con intervenir con la pelota, se ofreció para recibirla con un afán desconocido. Quería dirigir las operaciones, dar soluciones al resto, dinamizar la creación, faceta en la que tuvo su importancia que Ziganda le diese el carril central para explayarse.

Alejado de la banda, Muniain sintió que había llegado el momento de demostrar que no era un futbolista habilidoso sin más, un individualista que en las tardes felices sacaba unos conejos de la chistera. Se puso a gobernar el equipo, a marcarle la pauta con sus movimientos entre líneas. Incluso se excedió, desplegando esfuerzos sin correspondencia entre los compañeros, que le buscaban sin disimulo para que fuese él quien generase fútbol. Es decir, justo lo mismo que intentó y llevó a cabo frente al Alavés.

POCO A POCOZiganda no esperó mucho para concederle minutos. Con el alta médica en la mano, no tardó en asomar, al principio con cuentagotas. El técnico fue prudente, no era para menos pues se cumplían entonces los seis meses de baja, plazo mínimo establecido para esta clase de contratiempos. Le convocó en casa contra el Celta y Muniain escuchó la primera ovación al salir a calentar en la banda. A eso se redujo su regreso a la competición. Debutó en el campo del Villarreal y tuvo la oportunidad de colaborar en el mejor encuentro del equipo firmando un gol. En las siguientes cuatro jornadas, siguió incorporándose en el tramo final, algo más de veinte minutos en cada ocasión para ir recobrando sensaciones.

Por fin fue titular frente al Betis, acabó derrengado, pero volvió a marcar y el sábado asimiló sin problemas los noventa minutos, con un nuevo gol y erigiéndose en el más destacado de los suyos. Fue la misma imagen que había dejado en el período comprendido entre la previa con el Dinamo de Bucarest a finales de julio y el cruce en San Mamés con el Zorya Luhansk del 28 de septiembre. El tremendo salto desde aquel par de meses a tope de rendimiento hasta la penúltima fecha del campeonato es el gran triunfo personal de Iker Muniain, sin duda el único miembro de la plantilla del Athletic al que la temporada se le ha quedado muy corta.

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