final de fadura

La lógica puede con los soñadores

El Enisei impone su favoritismo ante el Heildelberger y conquista su segunda Continental Shield consecutiva en la final de Fadura

Jokin Victoria de Lecea - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El duelo entre rusos y alemanes dejó acciones de muy bella factura.

El duelo entre rusos y alemanes dejó acciones de muy bella factura. (Oskar M-Bernal)

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El duelo entre rusos y alemanes dejó acciones de muy bella factura.

ENISEI: Gasin, Owen, Kachavara, Gerasimiv, Torres Gilberti, Kushnarev, Scherban, Morozov, Selski, Pronenko, Saluite, Krasylnyk, Gachechiladze, Orlov y Krotov.

También jugaron: Budychenko, Baranov, Magomedov, Zykov, Krotov y Uzunov.

HEIDELBERGER: Coetzee, Liebig, Cameron-Dow, Parkinson, Mathurin, Schulte, Armstrong, Fuschel, Barber, Fisiihoi, Poppmeier, Rodríguez, Otto, Ferreira y Els.

También jugaron: Henn, Human, Vollenkemper, Fairhurst, Schroder y Riekert.

Marcador: 0-3: Min. 8;Golpe de Parkinson. 7-3: Min. 25;Ensayo de Orlov transformado por Kushnarev. 7-6: Min. 36;Golpe de Parkinson. 10-6: Min. 40;Golpe de Kushnarev. 17-6: Ensayo de Saluite transformado por Kushnarev. 24-6: Min. 51;Ensayo de Owen transformado por Kushnarev. 24-13: Min. 69;Ensayo de Ferreira transformado por Parkinson. 24-20: Min. 71;Ensayo de Schulte transformado por Parkinson.

Árbitro: Final de la Continental Shield, la tercera competición europea de rugby por clubes, disputada en Fadura ante unos 2.000 espectadores.

getxo- La final de la Continental Shield de rugby fue una montaña rusa. Llena de altibajos por parte de los dos equipos y con un resultado que reflejó la locura vivida. Dos equipos con dos maneras diferentes de afrontar la final. El Enisei, gran favorito y defensor del título, apostó por el control e impuso su talento durante varias fases. Con el 24-6 en el marcador y una sensación de dominio brutal sobre el césped de Fadura, la lógica decía que la final estaba finiquitada. Pero se encontró con un Heildelberger peleón. Los alemanes reconocieron estar viviendo un sueño. Una oportunidad única para ellos. Por eso dejar de pelear no estaba en sus planes. Lo suyo fue dejarse la piel hasta el pitido final, sin hacer caso al resultado ni a las estadísticas que estaban en su contra. Puro corazón. Este ímpetu dio un susto al equipo ruso que se vio contra las cuerdas, pero la resistencia final acabó con toda esperanza germana y llevó al Enisei a levantar su segundo título europeo consecutivo (24-20).

El Heildelberger tuvo claro que no iba a ser una mañana sencilla la de ayer. Trabajo y más trabajo para aguantar las constantes ofensivas rusas. Achicar balones y esperar su oportunidad. Tras unos minutos de tanteo, en los que ninguno de los dos equipos consiguió acercarse demasiado a la zona de ensayo, el conjunto alemán se encontró, casi por azar, con la posibilidad de abrir el marcador con un golpe a palos frontal. Oportunidad de oro que Parkinson no desaprovechó (0-3). A partir de ahí, los rusos se vinieron arriba. El Enisei despertó de su letargo inicial y empezó a controlar la posesión. Los alemanes sufrieron durante esta fase, pero su férrea defensa les ayudó a aguantar durante unos minutos. Sin embargo, el equipo de Siberia no cejó en su empeño. El control del partido era suyo y solo había que seguir golpeando con fuerza la muralla alemana. Así llegó el primer ensayo del partido. Los jugadores rusos realizaron una buena jugada colectiva, en la que el talento acompañó a la perfección al esfuerzo y casi todo el equipo al unísono entró en la zona de marca rival para marcar con la firma de Orlov.

El control era ruso, pero el conjunto alemán se defendió con mucha entereza. No sufrió ante la mayor posesión de su rival y esperó a que se abriera un pequeño resquicio en la defensa del Enisei. Esa paciencia y sacrificio contante tuvo resultado y Parkinson sumó otros tres puntos para su equipo al filo del descanso (7-6). Sin embargo, mantener ese nivel de perfección era prácticamente imposible. Los rusos lo sabían, eran conscientes de que tarde o temprano el Heildelberger iba a fallar y más con el resultado en contra. Lo que no esperaban era recibir un regalo de tal magnitud de un equipo tan sólido. Una mala salida de los germanos dejó el balón muy cerca de los palos y en posesión del Enisei. Kushnarev, con un guante en su pierna derecha, decidió aceptar el obsequió y realizar un golpeo perfecto para aumentar la ventaja a 10-6 justo antes del descanso.

El Enisei fue mellando las fuerzas del rival poco a poco. Los cambios fueron obligados en el Heildelberger, las piezas de refresco se convirtieron en algo necesario y el depósito de energía empezó a quedarse vacío con todavía mucho partido por jugarse. Los rusos olieron la sangre y elevaron aún más su nivel. Su experiencia en la Challenge Cup, en la que esta temporada han competido con mucho orgullo, les da un nivel de competitividad superior al de sus adversarios en este torneo. Tienen una marcha más y cuando la metieron, el Heildelberger quedó desarbolado. Los jugadores corrieron como misiles por el campo getxotarra y tras una jugada hilvanada a la perfección por todo el equipo, el Enisei sumó otra jugada completa, con Saluite realizando el ensayo y Kushnarev la transformación. Fue segundos después cuando el experto pateador ruso demostró que sabe hacer mucho más que chutar el balón. Una gran jugada individual rompió la ya castigada defensa alemana y dejó en bandeja el ensayo a Owen. Una vez más tampoco perdonó a la hora de transformar.

Con 24-6 en el marcador, el Enisei incluso se permitió el lujo de fallar de forma incomprensible un golpeo a pocos metros de los palos. Los rusos empezaron a celebrar la victoria, estaban confiados. Sin embargo, quedaban unos diez minutos y el Heildelberger no había dicho su última palabra. Dos ensayos en menos de dos minutos pusieron el 24-20. El Enisei se vio con el agua al cuello y el juego se disputó exclusivamente cerca de su zona de marca. Pero los rusos supieron controlar la situación. Con hielo en sus venas se hicieron con el control del oval y se dedicaron a mantenerlo, sin avanzar pero sin perder. Minutos de control absoluto en los que la esperanza alemana murió.

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