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Los huesos de Muñatones podrían ser de Lope García

Especialistas en paleontología, genética y medicina forense avalan la necesidad de más estudios

Emilio Zunzunegi - Domingo, 13 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Pedro Castaños, Marian M. de Pancorbo, Lorea Bilbao y Paco Etxebarria conversan sobre los huesos exhumados en la ermita del castillo.

Pedro Castaños, Marian M. de Pancorbo, Lorea Bilbao y Paco Etxebarria conversan sobre los huesos exhumados en la ermita del castillo. (E.Z.)

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Pedro Castaños, Marian M. de Pancorbo, Lorea Bilbao y Paco Etxebarria conversan sobre los huesos exhumados en la ermita del castillo.

Muskiz- Poco podía sospechar Melquíades Noguerol, el sepulturero del municipio de Muskiz en 1948, que los huesos que exhumó a golpe de azadón en abril de aquel año en la derruida ermita de San Martín -situada cerca del Castillo de Muñatones propiedad de la familia Salazar, uno de los grandes linajes de la Bizkaia medieval- iban ser objeto de controversia 70 años después de su recuperación. No en vano, y a pesar de que en aquella época se señaló que los huesos encontrados a instancias de la Real Sociedad Bascongada del Amigos del País (RSBAP) eran los restos de Lope García de Salazar -autor de las crónicas de las guerras de banderizos que pasaron a la historia rebautizadas como Bienandanzas y Fortunas-, los investigadores actuales que han revisado los huesos ponen en tela de juicio tal aseveración. No obstante y a la vista de que la datación de una pieza dental de las mandíbulas recuperadas el pasado siglo contempla una horquilla temporal coincidente con la vida y muerte del personaje, se abre la posibilidad de que nuevos análisis del ADN de los restos, cotejados con descendientes del famoso muskiztarra, arrojen algo más de luz sobre el difunto exhumado.

Así al menos se desprendió de la intervención de los especialistas Pedro Castaños, paleontólogo de la UPV-EHU, de Paco Etxebarria, director del Instituto de Medicina Forense, y de la genetista Marian Martínez de Pancorbo que ayer intervinieron en el evento promovido por la Diputación Foral de Bizkaia -que contó con la participación de la diputada Lorea Bilbao- dentro de los actos del año Europeo del Patrimonio Cultural.

Un encuentro que se celebró en el marco del palacio de Muñatones y tras una interesante visita guiada a cargo del director del Museo diocesano de Arte Sacro, Juan Manuel González Cembellín. “Si Lope García de Salazar hubiera nacido en la campiña inglesa en vez de en Muskiz seguramente sería tan famoso como Robin Hood”, aseguraba a DEIA este reputado historiador que no escondió su pasión por este prohombre encartado, con sus luces y sus sombras, “que vivió en un período muy convulso de la historia de Bizkaia”. Él nació en un ambiente militar, de guerras y enfrentamientos y ya desde muy joven tuvo que utilizar la espada”, señalaba González a los cerca de 80 visitantes que ayer se dejaron cautivar por la propuesta Los Huesos de Lope desarrollada por el equipo de la Ferrería de El Pobal. “Para mí si algo destaca en Lope García de Salazar es que desde que nació hasta que murió fue un firme defensor de su linaje”. Una cuestión que no es baladí si recordamos que fue encarcelado por su propio hijo -con el apoyo de su mujer, perteneciente al linaje de los Butrón- tras proponer a su nieto de 8 años como su sucesor al frente de la familia en vez de a su vástago. Una decisión que contrarió al hijo que esperaba ostentar el título ya que de los dos hermano anteriores uno había fallecido en combate y el otro había ingresado en los franciscanos. Genio y figura que ha superado las brumas del tiempo y aún hoy sigue cautivando a quienes se acercan a su historia o como ayer a los posibles restos óseos de este hombre encartado.

DataciónLa segunda parte de la jornada sirvió para desvelar algunas cuestiones relacionadas con los huesos encontrados en San Martín. Así, según desveló Pedro Castaños, el análisis efectuado en un laboratorio de Florida (EE.UU) de la pieza dental de las mandíbulas encontradas, sitúa en un 95% la posibilidad de que su dueño viviera entre 1445 y 1520, “una horquilla en la que se incluye la fecha de la muerte por envenenamiento de Lope García de Salazar, ocurrida en 1476”, apuntó este reconocido paleontólogo que se sumó a esta investigación de la mano del director del Museo de Abellaneda, Javier Barrios. Castaños aceptó la invitación para participar en lo que calificó de “revisión de un proceso posible de identificación de unos restos que en otros tiempos se han atribuido con toda seguridad a Lope García de Salazar y que quizá aún genera muchas dudas”. Para este especialista en huesos y fósiles de animales, la curiosidad que siempre le había suscitado el destino de los huesos de este relevante encartado le llevó a investigar el proceso que puso al descubierto esta colección de piezas que acabaron inicialmente depositadas en la iglesia de San Juan.

En julio de 1948 se iba a celebrar en Muskiz la Asamblea General de la Bascongada de Amigos del País y el presidente de la Diputación, Javier de Ybarra, y el secretario Esteban Calle se acercaron a Muskiz para ultimar los preparativos del encuentro. Allí tuvieron constancia de la existencia de los restos de la ermita de San Martín y “se plantearon que al haber constancia escrita de que Lope García de Salazar había sido enterrado allí tal vez hubiera posibilidad de recuperar sus restos”, explicó Castaños. Entonces preguntaron al párroco de Muskiz, Pablo Garaikoetxea, si se podía excavar en lo que pensaban que era el altar mayor de la ermita. Ni corto ni perezoso, el párroco encomendó a Melquíades la exhumación.

“Una semana después comunicaron directamente a la Diputación que habían encontrado los huesos de don Lope, sin ninguna duda porque habían encontrado los restos de un hombre gigantesco”, comentó el paleontólogo quien refirió cómo Javier de Ybarra pidió que se llevara a cabo una nueva exhumación en otra zona distinta de la ermita “pues ya había constancia de un derrumbe parcial del templo que habría puesto al descubierto más huesos en el siglo XIX según había referido el escritor Antonio Trueba”. El análisis de los primeros huesos, llevado a cabo por tres forenses de la época concluyó que se trataba de un varón de más de 2 metros de altura.

Sin embargo, el trabajo realizado por el médico forense Paco Etxebarria sobre los huesos -los mismos que aparecieron en 1948- ponen de relieve que si bien se trata de un varón de edad avanzada, el tamaño del fémur (50 centímetros) “situaría la altura máxima del sujeto entorno a 1,80 metros, una altura considerable para la época y que llamaría la atención pero lejos de los 2,7 metros que apuntaban en 1948”.

Asimismo, Etxebarria evidenció que la vértebra lumbar hallada en la exhumación correspondería a otra persona. En este laberinto la última palabra podría tenerla la genética tal y como aseguró Marian Martínez de Pancorbo quien explicó que “el análisis del cromosoma Y que se transmite por la vía paterna y sobre todo el ADN mitocondrial transmitido por la madre podrían ayudarnos a resolver la pregunta que tenemos sobre si los huesos encontrados son los de Lope García de Salazar”.

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