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Cuestión de contingencia

Por Koldo Mediavilla - Sábado, 12 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

columnista Koldo Mediavilla

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columnista Koldo Mediavilla

CUANTO más vieja se hace una persona, más previsora se vuelve. Por lo menos, es lo que a mí me pasa.

Mientras era joven (alguna vez lo fui), todo lo dejaba para el último minuto. Estudiar, tomar decisiones, cumplir con las obligaciones, etc. Siempre al filo de lo imposible. Mi comportamiento era un tanto ácrata. Exprimiendo a tope la ley del mínimo esfuerzo. Pero el sinsabor del arreón final y la experiencia acumulada durante los años han hecho variar mi conducta hacia cánones de mayor estructura y previsión. No porque me haya convertido en un ser sistemático sino porque me resulta más cómodo abordar lo previsible como contingencia programada que no tener que ajustar el comportamiento a cualquier efecto mariposa.

Por eso hay elementos cuyos efectos prefiero tener controlados para no correr riesgos. Quienes ya sumamos calendarios -no excesivos pero bastantes- y a los mismos hemos incorporado achaques, nos vemos obligados, por razones de salud, a cronificar -siempre bajo mandato médico- dietas farmacológicas. En la mía hay una sustancia que debo ingerir a las mañanas y cuyas secuelas debo tener muy en cuenta pues pueden repercutirme de manera acusada. Se trata de un diurético que combate la acumulación de líquidos de cara a edemas e insuficiencias cardíacas.

Sus efectos son automáticos. Y es necesario asumirlos. O sufrirás las consecuencias. A partir de su ingesta, en tres cuartos de hora aproximadamente, comienzas a orinar. A mear torrencialmente. Como miccionan las vacas. A chorro. ¿Cuál es el problema? Que si tomas la dosis antes de iniciar un desplazamiento, corres el riesgo de que, si surge un contratiempo, el apretón te pille a medio camino.

En mi caso, si el diurético entra en mi organismo en el café del desayuno e inmediatamente me dirijo en coche a la oficina, cabe la hipótesis de que un embotellamiento no previsto o unos semáforos sincronizados en tu contra te lleven a orinarte todo. No es la primera vez, ni será la última, que me he visto obligado a salir apresuradamente del vehículo para evacuar al borde de la carretera. Lo reconozco. Es una guarrada, pero imponderable. Aunque creas que la crisis se ha superado, no debes confiarte demasiado porque las apreturas se repetirán posteriormente y en varias ocasiones.

Así que para prevenir aguas menores y males mayores he sistematizado que la pildorita en cuestión viaje conmigo en un pastillero hasta el final de mi primer tránsito. Y ya establecido y estacionado en lugar seguro, absorber el medicamento para poder mearme de risa. A eso llamo yo tener prevista una contingencia.

Desconozco cuántas personalidades de las que asistieron la pasada semana al acto de Kanbo tienen recetado el seguril de marras. Pero, según me cuentan algunos de los que allí estuvieron, hubo un problema de falta de previsión de contingencia que estuvo a punto de descalabrar el guion y el desarrollo del evento.

Hay que tener en cuenta que quienes se desplazaron hasta la localidad labortana tuvieron que madrugar para llegar hasta las inmediaciones del Palacio Arnaga con puntualidad. Eso generó en muchos de los invitados una vigilia urinaria que se fue acumulando hasta que las vejigas no dieron más de sí. Y en ese momento se produjo el caos. Los organizadores de la cumbre solo habían previsto habilitar un baño en la preciosa casona. Una toilette vintage que debería ser compartida por la totalidad de los vips presentes en aquella escenificación. Un único excusado para ellas y ellos. Insuficiente a todas luces.

Junto a la puerta del retrete se agolpaban meones y meonas de toda consideración. En algunos, la necesidad se delataba por el baile de San Vito que protagonizaban. Otros miraban incesantemente al reloj al comprobar que aquella fila no se movía. El doctor Spectorovsky, visiblemente alterado, pidió pasar por una “urgencia”. Y Gerry Adams pretendió hacerse el despistado colándose de turno. Pero allí todo el mundo tenía el mismo apuro. Así que fue invitado a incorporarse al final de la hilera.

Más de uno pensó en salir al exterior de la estancia y evacuar en un muro o en uno de los setos del delicado jardín. Pero en la calle había decenas de periodistas que, seguramente, darían cuenta de la posible escena. Así que, como el personal pudo, aguantó hasta la extenuación y el acto comenzó con una tardanza considerable.

Centrados en la “desmovilización”, en la “disolución” o en el “final del ciclo”, los organizadores de aquella jornada se olvidaron de la máxima latina primum vivere deinde philosophare. Las urgencias de los vivos fueron dejadas en segundo plano ante la necesidad de algunos por revestir con pompa y boato un funeral largamente oficiado y superado. Se acabó;y es lo mejor que podemos decir. Ahora, en consonancia con el adiós, solo falta que disueltos unos, les acompañen en la liquidación los chiringuitos, entidades, asociaciones, grupos de expertos, foros y redes que crecieron y se desarrollaron en simbiosis con los hoy ya extintos.

Quien no estuvo en Arnaga, ni en Kanbo les Bains, ni en Lapurdi, pero parece que revienta por orinarse encima del PNV es el parlamentario popular Borja Sémper. ¡Jesús, María y José! ¡Qué cosas dijo el pasado miércoles en el Parlamento Vasco tras la reunión de la ponencia de autogobierno! El representante popular por Gipuzkoa señaló que las aportaciones realizadas por el PNV al preámbulo del futuro “Estatus” eran las “más radicales” que los jeltzales habían presentado en los últimos años. “Esto es el Estatuto de Kanbo”, señaló Sémper. “El estatuto de los que allí estuvieron y recoge la hoja de ruta marcada por ETA”.

No calificaría yo de radicales los conceptos planteados por los nacionalistas a la discusión del preámbulo. Y mucho menos de novedosos. Son las mismas definiciones que durante todo este tiempo el PNV ha planteado. Identificar al Pueblo Vasco-Euskal Herria como un “pueblo con identidad propia” asentado “geográficamente sobre siete territorios” en dos Estados europeos y en tres ámbitos institucionales diferenciados. ¿Es eso radical? ¿Novedoso? Afirmar que el Pueblo Vasco es Nación porque “cumple con todos los parámetros establecidos en el derecho comparado” y porque además “así lo reconoce e identifica una mayoría de su ciudadanía”. ¿Es eso escandaloso? Decir que en virtud de los derechos históricos el Pueblo Vasco puede configurar “un modelo de relación con el Estado, bilateral, de respeto y reconocimientos mutuos, de carácter confederal”. ¿Es eso un sacrilegio?

Todos esos conceptos ya estaban en las aportaciones anteriores del PNV a la ponencia de autogobierno. Luego, ¿a qué viene ahora tanto aspaviento? Y lo digo no solo mirando al PP de Sémper, sino también a los socialistas de Mendia, que empiezan a escenificar su incomodidad con cualquier avance en el autogobierno. Por no hablar de la trifulca que la derecha montaraz navarra está organizando, acompañada por los medios de comunicación afines, en relación a una supuesta amenaza de integración territorial. ¿Integración? ¿Absorción? ¿Dónde está reflejado? Pura inventiva manipuladora.

Visto lo visto, todos estos que denuncian la radicalidad del PNV serían incapaces, hoy por hoy, de aprobar la redacción del actual Estatuto de Gernika. Porque los mismos conceptos, expresados de forma diferente, aparecen en los artículos 1 y 2 y en la Disposición Adicional de la Ley orgánica ratificada en referéndum. O, lo que es lo mismo, tras un ejercicio positivo de decisión por parte de la ciudadanía vasca.

Quienes también parecen sorprendidos por la propuesta nacionalista son los responsables de Vocento y, en especial, quienes editan su cabecera de referencia El Correo. Hay que ver qué sobreactuación han llevado a cabo para destacar el “peligro” de la radicalidad nacionalista. Se han sucedido titulares de portada e informaciones de parte buscando acentuar una supuesta ruptura del consenso en clave de autogobierno. Y, por si esto no fuera suficiente en el debe del PNV, también ha sido llamativo el intento de este medio de comunicación por resucitar en público unas supuestas disensiones internas vinculadas a la estrategia a seguir por los jeltzales en los Presupuestos Generales del Estado. ¡Ay la doble alma de El Correo! Un día bendice al PNV por su responsabilidad en la gobernabilidad y al día siguiente le sacude por extremo. Yo lo llamaría “el péndulo periodístico”,

Toda esta acción hiperventilada de unos y otros difícilmente sorprende. Todo era y es predecible y, como tal, superable. La cuestión es la contingencia. Estar preparados.

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