Editorial

Políticos de postura

El pleno del Congreso del miércoles y el pleno del Parlamento Vasco ayer mostraron en Rivera y Alonso una pose de interés electoral, muy distante de la política como referente al gobierno en interés de los ciudadanos

Sábado, 12 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

TANTO el pleno del Congreso del pasado miércoles como ayer el pleno del Parlamento Vasco han ofrecido sendos episodios de debate que poco o nada tienen que ver con la política como “arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados” y que sin embargo, al menos en algunos de sus protagonistas, como mucho hallan acomodo en la política como “actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos” por cuanto simplemente buscan mostrar postura ante próximos retos electorales. El cruce dialéctico en el Congreso entre el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, con la advertencia de este último de la retirada de su apoyo a las actuaciones gubernamentales en Catalunya, más allá de la anécdota por algún término utilizado por Rajoy, sustituyó la discusión sobre qué debe hacerse y cómo debe hacerse para solucionar la dicotomía política y social catalana, que es lo que realmente compete y debería interesar al gobierno y, en su labor de vigilancia, a la oposición, por un mero juego de réplicas con el que Rivera no pretendía marcar las pautas al Ejecutivo, sino posicionarse como principal referente opositor en el tema que sabe despierta mayores emociones políticas en gran parte del electorado del Estado con el fin de asentar lo que un día antes había indicado la encuesta sobre intención de voto del Centro de Investigaciones Sociológicas. Dos días después, ayer, en el Parlamento Vasco, el presidente del PP del País Vasco, Alfonso Alonso, hacía de Rivera en el cruce dialéctico sobre las propuestas de los partidos para el texto del preámbulo del nuevo estatus, instalándose en el inmovilismo y llegando incluso a asimilar a su discurso la advertencia de aquel sobre la retirada de apoyo para trasladarla al exiguo, acotado y puntual respaldo de su partido a iniciativas del Ejecutivo de Urkullu. Nuevamente, política de pose, en este caso para preservar el ya reducido espacio en Euskadi de un PP en crisis frente a la amenaza electoral de C’s, obviando la posibilidad -y la exigencia social- de debatir y acordar en el juego de mayorías las diferencias y coincidencias, también en cuanto a sentimientos de pertenencia e identidad, como dijo Urkullu, para dar solución a las necesidades de reforma del autogobierno vasco, que en el fondo no es otra cosa que poner la actividad política al servicio del bien común.

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