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Kanbo, punto final

Por José Luis Úriz Iglesias - Jueves, 10 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jose Luis Uriz

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Columnista Jose Luis Uriz

EL pasado viernes en el bello paraje de la Villa de Arnaga, lugar donde residió Edmond Rostand, creador de la figura mítica de Cyrano de Bergerac, en un pueblecito del suroeste del estado francés, Kanbo (Cambo-les-Bains), se desarrolló un acto que a pesar del intento de minimizarlo y descalificarlo desde sectores poderosos del establishment estatal, resultó un éxito histórico.

Resulta curioso que se hiciera en el lugar donde quizás siga existiendo una parte del espíritu de Cyrano. Personaje perdedor y romántico, pero lleno de humanidad, dignidad, valentía y honorabilidad. Quizás quienes allí estuvimos nos vimos impregnados de todo ello. Porque no solo resultó histórico para las 89 personas que allí nos encontramos, un abanico de gentes más plural de lo que interesadamente se ha reflejado, sino también para toda la sociedad vasco-navarra y aunque se trate de ocultar (con el paso de los años se entenderá con mayor claridad) también para la sociedad española.

Allí, esas 89 personas escribimos el epílogo de una pesadilla de 50 años de duración. El diccionario de la RAE define epílogo como “Última parte de una obra, en la que se recogen reflexiones relacionadas con su tema central”.

En este caso, las reflexiones quedaron plasmadas en un documento que quedará para la posteridad como La Declaración de Arnaga, escrito y leído en castellano, euskera, francés e inglés. Quizás una de las anécdotas del día fuera que la primera lengua la utilizó un mexicano, Cuauthémoc Cárdenas, y no por un español. Habría sido difícil encontrar entre los presentes alguno que se sintiera así, aunque al menos dos había, ambos socialistas, Raúl Arza secretario general de UGT, y quien escribe.

Un documento que sucede a los elaborados en Aiete I y II que sirvieron el primero para la declaración de ETA en la que anunciaba el final de, utilizando su dialéctica, su lucha armada, y el segundo, a su desarme total verificable y verificado. Ambas con dos fechas para la memoria, 20 de octubre 2011 y 8 de abril de 2018, a las que habrá que añadir la de 4 de mayo de 2018.

En ambas ocasiones hubo interpretaciones interesadas poniendo en duda que fueran reales, el tiempo les quitó la razón. Este caso no iba a ser diferente y observar la prensa estatal al día siguiente daba como mínimo para un sentimiento de pena, también de enfado e indignación. Mucha manipulación, demasiada bilis en un momento positivo para nuestro país (ponga aquí cada cual el que desee) que debería reclamar una mayor altura de miras. Pero si la mayor parte de nuestra clase política no la tiene, no vamos a reclamársela a ciertos medios de comunicación. Si muchos partidos políticos han olvidado una regla básica de apenas hace unos años, enfrentarse a temas así con una posición de Estado, cómo lo van a hacer los demás. La pena es que esta forma de analizar lo ocurrido en Kanbo, se traslada a la sociedad española inoculándo un virus de mala leche y venganza, cuando lo que deberían sentir es alivio y generosidad. En las horas siguientes, las redes sociales se convirtieron en un campo de batalla, precisamente en el instante en el que esta acababa definitivamente. Reacciones abruptas impropias del momento histórico que estábamos viviendo. Algunas, incluso de más gravedad que las que se daban cuando ETA estaba en plena actividad en los años de fuego y plomo.

Resulta intolerable que desde ciertos partidos, y duele especialmente que alguno sea de izquierdas, desde algunos personajes de triste y lamentable historia, se azuzara el rencor y la confrontación en lugar de la reconciliación y la convivencia. El daño que se está haciendo puede ser irreparable, al menos a corto plazo. Además, se está agrandando una grieta, entre las sociedades vasca y navarra, que en sus inmensas mayorías han sentido satisfacción por la desaparición de ETA y visto con agrado el acto de Kanbo, y la sociedad española, que influenciada por esa bastarda campaña ha adoptado una posición de confrontación.

A quienes intentamos ver estos acontecimientos con visión de Estado nos preocupa que se produzcan, tanto en este caso como en el catalán. La confrontación política debe evitar como sea que afecte a las relaciones sociales y en ambos casos se está produciendo esa afección de manera peligrosa con efectos imprevistos porque en política todo es solucionable con relativa facilidad pero entre sociedades la cosa es mucho más compleja y se tarda mucho más en restañar las heridas.

Kanbo pasó, queda para la historia. A pesar de las críticas, algunas pasando la delgada línea roja del respeto, me siento orgulloso de haber estado allí. Así como de haber trabajado durante casi 30 años, de manera individual y colectiva, colaborando con Elkarri, Lokarri y ahora Foro Social, en el logro de la paz y la convivencia.

Mientras esperaba sentado al inicio del acto en ese precioso y solemne salón, pasaron por mi memoria diferentes imágenes de esos últimos años. Desde que en 1990 nos sentamos en una mesa del restaurante Manolo de la villa soriana de Almazán cuatro comensales, Enrique Curiel y Manolo Corvo, que venían desde Madrid mandatados por un PSOE al que acababan de arribar, y Patxi Zabaleta, que en aquel momento tenía un papel relevante en la mesa nacional de Herri Batasuna y un recién llegado al PSN-PSOE como yo. Hubo otras comidas, contactos, intercambio de valoraciones, transmisión de mensajes primero durante la época de Felipe González, después con Almunia, Borrell y finalmente con Zapatero.

Con una figura común, Alfredo Pérez Rubalcaba. Escucharle estos días me abre las carnes recordando aquellos tiempos y su papel. Él nos dirigió a Enrique Curiel y a mí y es la persona con una mayor visión de lo ocurrido de todo este país. Fue protagonista activo y pasivo, por eso no puede ni debe decir las cosas que ahora está diciendo, no resulta ético ni estético.

Entre los muchos acontecimientos que me venían a la memoria viendo entrar a gentes tan diversas antes confrontadas como Jonathan Powell, con el que tuve ocasión de intercambiar opiniones durante el aperitivo posterior, Brian Currin o Bertie Ahern, estaba la famosa comida de seis horas en Leitza. Una comida de la que el propio Rubalcaba salió impactado, como le oí transmitir a Felipe González en la llamada que le hizo justo al terminar, dentro de mi coche. No llamó a Almunia o Borrell, no, lo hizo a Felipe.

Por eso, que ahora participen ambos en esa coral intolerable que intenta pervertir, ensuciar, lo ocurrido en Kanbo, me parece vergonzoso. Así no se hace país. Fomentando la venganza, el odio, la manipulación, no.

Aquí, en esta película, existen los protagonistas sensatos, algunos audaces y quienes siguen anclados en un lenguaje de otra época. Ayer, los 89 éramos el futuro;Rubalcaba, Mayor Oreja y sus palmeros, el pasado.

Afortunadamente, figuras como el lehendakari, Iñigo Urkullu, y la presidenta navarra, Uxue Barkos, han estado a la altura de las circunstancias históricas. Esa posición es beneficiosa para Euskadi y Nafarroa, ese es el camino a seguir. Ojalá Pedro Sánchez les acompañara, aunque algunos signos novedosos van apareciendo y dan pie al optimismo. Veremos si se consolidan con el paso del tiempo. Necesitamos a un nuevo PSOE en nuestras filas.

En Kanbo se escribió el epílogo, supuso un punto final. Pero ahora debemos escribir el prólogo de una nueva época, porque aún queda trabajo que hacer. Presos, exilados, resolución casos pendientes aplicando justicia transicional, convivencia. Con incomprensiones y críticas, porque así se escribe la historia.

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