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9 de mayo, Euskadi-Europa

Por José Manuel Bujanda Arizmendi - Miércoles, 9 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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APUESTA europea cuyo objetivo de convivencia entre identidades diferentes se puede alcanzar asumiendo el concepto europeo de cosoberanía o soberanías compartidas. Apuesta inteligente por reivindicar un espacio vasco propio en la construcción del proyecto europeo que deseamos sea capaz de habilitar cauces legales para que las comunidades políticas que mediante decisión expresa de sus instituciones parlamentarias de autogobierno quieran consultar a la ciudadanía. Una UE que requiere de soberanías compartidas, cosoberanías solidarias y de multilateralidades respetuosas, democráticas y eficaces. Es ahí donde Euskadi sitúa a la UE como una de las prioridades en materia de acción exterior. La internacionalización es uno de los retos de país que Euskadi tiene cara al futuro, reto que reta a ser un activo creciente de, para y en Euskadi. Estrategia de Internacionalización, Euskadi Basque Country 2020que compromete 1.900 acciones ligadas a la proyección exterior vasca en ámbitos económicos, sociales, políticos, culturales y deportivos con un presupuesto de 220 millones de euros destinados a reforzar un papel activo de Euskadi fuera de nuestras fronteras cara a la UE y al mundo global. Internacionalización que aspira a proyectar en el exterior la identidad vasca, su cultura, valores y un modelo de convivencia basado en la cohesión social y la solidaridad. Internacionalización como bien común que nos beneficia y necesita.

El futuro nos apremia, sí. El lehendakari Urkullu levanta la vista y mira al futuro de la historia a medio y largo plazo. Lo ha hecho muchas veces, y presumo que lo seguirá haciendo con perseverancia, sensatez y esperanza blindada al desánimo. No es tarea fácil. Es arriesgar y apostar, intentar y seguir acertando. El lehendakari con esa actitud no arranca de la nada ni comienza de cero ni inventa nada nuevo, al contrario, pretende seguir siendo un eslabón más en la larga cadena de la historia alambicada de la Euskadi de los vascos. Es coherente con la política de elevar la vista a la lontananza y que está en consonancia directa con, por ejemplo, la posición que el mismo lehendakari trasladó hace poco a 25 embajadores en Madrid el 11 de enero pasado cuando les propuso articular la participación efectiva en la gobernanza europea de los gobiernos que representan a realidades nacionales sin estado y cuando así mismo reclamó que esas realidades nacionales puedan convocar consultas para conocer la opinión de su ciudadanía.

Bien sabe el lehendakari que a pesar de ser Euskadi un pueblo pequeño, es también un pueblo abierto y acogedor que no olvida sus raíces y que mantiene el espíritu de comunidad vasca atesorando vocación y ambición abierta al mundo. Y para ello los responsables institucionales y políticos deben formar parte de las soluciones acordadas y no de los problemas. Se cuentan para ello modelos, cercanos y recientes, para arbitrar soluciones acordadas que conjugan el principio de legalidad y el democrático. Es, por ejemplo, la Ley de Claridad en la relación entre Quebec y Canadá, o el acuerdo de referéndum legal y pactado entre Escocia y Reino Unido. Consultas que han permitido a la ciudadanía expresarse y comprobar que su opinión ha sido tenida en consideración, consultas que constituyen un precedente de resolución civilizada, constructiva y democrática de una discrepancia. El lehendakari está en ello, su larga mirada lo confirma, es su apuesta. Apuesta por una UE de gobernanza multinivel, abierta a una estructura que basada en el principio de subsidiariedad permite un reparto de competencias y de soberanía.

Recordemos, en 1916 una delegación vasca participó en Lausanne en la Conferencia de las Nacionalidades, expresando que “el País Vasco tiene necesidad de demostrar que existe, de ponerse en contacto con las nacionalidades de Europa para tomar parte en los grandes problemas de orden jurídico internacional”. Ciertamente, hace ya tiempo, el primer lehendakari de Euskadi, José Antonio Aguirre, político europeísta que por méritos propios trasciende a su época y representante asimismo genuino de la faceta más moderna del nacionalismo vasco, fue testigo de una Europa que afrontaba la tragedia y el desgarro de la guerra, intuyó que el futuro debía de construirse sobre países, pueblos y naciones. En esa visión anticipatoria del primer lehendakari Aguirre, más allá de lo que entrañaba desde el punto de vista de la paz y la convivencia entre los pueblos, la construcción de Europa significaba sentar las bases que iban a hacer posible la construcción nacional de Euskadi en un contexto moderno, abierto y solidario. Hoy, Euskadi 2018, un siglo después de aquella conferencia, se vuelve a plantear por el actual lehendakari Urkullu que el protagonismo político y decisorio se comparta con los pueblos y naciones que integran la UE. Cuestión clave para vertebrar el proyecto y conectarlo con la ciudadanía en un proceso ascendente, es recuperar los principios fundacionales para construir una federación de naciones y pueblos en torno a un proyecto político compartido.

La apuesta de lo vasco, la afirmación y la proyección política de Euskadi como nación, el futuro de la cultura vasca y en particular del euskara dependen de nosotros mismos. Dependen de que sepamos circular por los raíles de un tren que lleva un proyecto en construcción en busca de un destino llamado Europa. Ojalá estemos a la altura. Nos contemplan 85 años desde aquel segundo Aberri Eguna de 1933 convocado en San Sebastián por el PNV bajo el lema de Euskadi-Europa que reunió a más de cincuenta mil personas. Hoy, 9 de mayo, es el llamado Día de Europa. Excelente oportunidad para observar nuestro entorno y reiterar que nos encaminamos, también los vascos, hacia una situación de carácter fundamentalmente global. Sin vuelta atrás. Nada volverá a ser igual. Todo cambia y cambiará. Estamos emplazados sin excusa alguna a hacer de la necesidad virtud. Acertar y no fallar. Tiempos, como siempre por cierto, de ilusión, esperanza, ataraxia activa, prudencia y audacia. Ciertamente los vascos nos situamos a caballo entre dos estados europeos y hablamos y utilizamos una lengua, el euskera, que constituyendo un auténtico testimonio vivo de la prehistoria europea es hoy una lengua culta, moderna, útil, vehicular y eficaz en todos los ámbitos. Es más, desde la humildad que imponía su exigüidad demográfica, pero con toda la fuerza que resultaba de su carácter laborioso y tenaz, nuestros antepasados contribuyeron durante siglos a través de la navegación, la industria, el comercio, el arte, la ciencia y el pensamiento a conformar la identidad cultural, el acervo espiritual y la voluntad de ser del continente europeo.

La UE es mejorable, sus defectos notables, sus periódicas crisis nublan de vez en cuando su futuro y viabilidad, es cierto. Pero ante los problemas, obstáculos, dificultades y retos solo cabe una dirección, reivindicar más Europa, así lo hizo el eterno Eduardo Chillida: “Europa, moderna como las olas, antigua como el mar, siempre nunca diferente, pero nunca siempre igual”.

Euskadi es pequeña, pero como todos los pueblos y culturas pequeñas, avanza y avanzará sumando.

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