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Familia con sello de calidad

Begoña Lumbreras está al frente de la producción agrícola del caserío Momotio de Berango

Con la ayuda de sus allegados acude a las ferias, con sus tomates y pimientos como productos estrella

Carlos Zárate - Miércoles, 9 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Begoña Lumbreras, rodeada de su hija, marido y demás familia, en el puesto de la feria agrícola de Berango.Foto: Carlos Zárate

Begoña Lumbreras, rodeada de su hija, marido y demás familia, en el puesto de la feria agrícola de Berango.Foto: Carlos Zárate

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Begoña Lumbreras, rodeada de su hija, marido y demás familia, en el puesto de la feria agrícola de Berango.Foto: Carlos Zárate

BERANGO- Es difícil encontrar a alguien en Berango que no conozca o haya disfrutado de los sabrosos tomates y pimientos del caserío Momoitio, uno de los baserris con más solera de la localidad. Son su verdadera especialidad, fruto de un intenso trabajo y dedicación que se extiende más allá de las últimas tres décadas. Un sello distintivo que han convertido a Momoitio en una marca reconocible, sinónimo de calidad. “Lo de nuestros tomates es una locura. A base de años y sacrificio hemos conseguido un producto de gran calidad y me reconforta mucho ver que la gente los disfruta. Nos llaman comercios desde diversos rincones de Euskadi pero, a veces, tenemos que decir que no, porque producir es fácil pero hacerlo bien es otra cosa”, señala Begoña Lumbreras, quien lleva 32 años al frente de la explotación agrícola situada junto al baserri, en el barrio de Santa Ana. Junto a su marido José Miguel Landaluze, y parte de su familia, que le echa un cable, sobre todo en las ferias, ha recorrido este año ya más de una veintena de ellas por todo Bizkaia. “Hacemos un buen equipo”, subraya. Sin duda, se trata de un peregrinaje arduo y laborioso que comenzó hace seis años, pero que también tiene su recompensa. “Al principio me costó mucho entrar en las ferias pero ahora estoy encantada”, resume. En este sentido, más allá de las ventas, el cariño y reconocimiento de la gente es su principal motor. “Para mí el reconocimiento más importante es que la gente se acerque a mi puesto y me diga que me siguen por todas las ferias para comprar mis productos”, explica Begoña, apasionada de la horticultura y galardonada con numerosos reconocimientos en ferias tan destacadas como la de Santo Tomás, San Lorenzo, Gernika, etc. “Es un trabajo muy duro y que te tiene que gustar. Aquí no hay vacaciones, el verano es la época de producción más intensa, pero cuando me metí en esto ya sabía lo que había”, relata. Y es que la vida de esta leioztarra afincada en Berango dio un giro hace tres décadas cuando decidió dedicarse de lleno a la huerta. “Empecé con poca cosa, unas lechuguitas, unas cebolletas, etc.”, rememora. Poco a poco le fue picando el gusanillo y la cosa fue a mayores. “Empecé a ir a la plaza de Portugalete a vender”, apunta. Finalmente, aquella pequeña huerta de sus inicios se convirtió en una explotación agrícola con invernaderos para poder trabajar a resguardo de las inclemencias meteorológicas. Pero la cosa no quedó ahí. Con el tiempo apostó por ampliar aún más su producción. “Ahora contamos con un invernadero de 2.500 metros cuadrados en Gatika y también una huerta exterior. Esto nos permite tener un popurri precioso de productos para poder llevar a las ferias”, describe Begoña. Si bien con los tomates y pimientos han ganado un reconocimiento más que merecido, sus habas, guisantes, calabacines, brócolis, puerros, etc., no se quedan atrás. “Contamos con una abanico muy amplio”, indica. También producen para grandes superficies como Mercabilbao, con las que tienen que “saber torear con los precios”-indica-, aunque el boca a boca sigue siendo su marketing más efectivo.

DE SOL A SOLSobre esta línea, cuando se adentró en el mundo agrícola sabía perfectamente donde se metía. ¿Horas diarias? “Todas las del mundo”, responde. “Me levanto sobre las siete y hasta las diez de la noche no acabo. En verano incluso empezamos un poco más pronto para evitar las horas de más calor”, destaca. Un trabajo de sol a sol para el que todavía le queda mucha correa, para tranquilidad de sus fieles clientes. “Sarna con gusto no pica suelen decir”, apostilla. Además, la jubilación le da “respeto”. Sin embargo, eso del relevo generacional lo ve más que complicado. “Hoy en día la juventud tiene otra mentalidad. Para ellos las vacaciones son sagradas y la verdad es que comprendo que este es un trabajo muy duro”, concluye.

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