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eta ya es historia

Deia ha consultado su opinión a algunos literarios sobre la literatura de ETA

Aunque parezca que la literatura sobre ETA nació con el fenómeno del libro ‘Patria’, de Fernando Aranburu, en 2016, la producción literaria vasca ha tocado en numerosas ocasiones la violencia en Euskadi desde décadas atrás. Ya sea en euskara o en castellano, el relato sobre la actividad de la organización, pero también sobre otras conculcaciones de derechos humanos como los GAL, ha estado presente en la creación. Ramon Saizarbitoria con su ‘Ehun metro’ abrió la espita en 1972, y le han seguido hasta medio centenar de publicaciones. Con ETA ya disuelta, a los escritores les aguarda un papel preponderante en la contribución para la construcción del relato futuro, aunque algunos de los literatos consultados por DEIA -Iban Zaldua, Eugenio Ibarzabal, Verónica Portell, Luisa Etxenike, Edurne Portela y Ramon Saizarbitoria- confieren el protagonismo a otros cronistas, como son los historiadores. En lo que sí coinciden es en que deberá redactarse un fresco diverso y plural, unos relatos poliédricos, aunque siempre bajo la premisa de la fidelidad de los hechos que consensúen una historia razonable del pasado reciente. Lo único cierto es que el futuro está por escribir.

Un reportaje de Imanol Fradua / Javier Núñez - Lunes, 7 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 10:43h

Un surfista pasa junto a una pintada a favor de ETA ayer en el barrio donostiarra de Gros.Foto: Efe

Un surfista pasa junto a una pintada a favor de ETA ayer en el barrio donostiarra de Gros.Foto: Efe

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Un surfista pasa junto a una pintada a favor de ETA ayer en el barrio donostiarra de Gros.Foto: Efe

Las preguntas:

1. ¿Qué le llevó a escribir sobre ETA?

2. ¿Qué relato se debe dejar a las siguientes generaciones? ¿Qué papel deben jugar los escritores?

Ramón Sazarbitoria

1. Supongo que se me impuso escribir sobre ETA debido a mi inclinación al realismo y al hecho de que ETA ha sido sustancial en el paisaje físico, cultural y social. Era algo inevitable, algo a lo que era imposible sustraerse. Además, es verdad que, a veces, a la hora de escribir me mueve el compromiso social, un impulso muy poco literario. En mi segunda novela, escrita allá por el 72 o el 73, quise decir que la lucha de ETA era inútil, en otra que escribí a lo largo de muchos años y que edité el 95, trate de mostrar que nos estaba llevando a la ruina;y en la última en la que abordé el tema, editada en 2012, quise explicarme el porqué de la tardanza de mucha gente en darse cuenta de la sinrazón del fenómeno. No sé si mi esfuerzo tuvo algún impacto, la verdad.

2. En cuanto a cuál debe ser el relato, no sé que decir. Creo que el protagonismo lo tienen los historiadores y confío en que la mayoría de ellos se pondrán de acuerdo en establecer los hechos básicos. En este sentido desconfío de esa tendencia a relativizar el asunto, a considerar que cada cual es muy libre de ver las cosas de acuerdo con sus dioptrías. Hay hechos incuestionables, se mire por donde se mire, como que ETA desoyó a la sociedad vasca que, a lo largo de decenios, le pedía clara e insistentemente que parara, que el sufrimiento que generó ha sido absolutamente inútil y que, por tanto, no debió de existir o que constituye un baldón en la muy digna historia del movimiento abertzale. Supongo que la literatura servirá para poner de relieve determinadas cuestiones, para revelar matices, para analizar aspectos subjetivos, para recrear sentimientos, para completar y ejemplificar el relato histórico, en definitiva. Pero, ya digo, el trabajo central en el relato deben acometerlo los historiadores. Dicho esto, es verdad que hay historiadores para todos los gustos y que cada bando se acogerá al suyo. En ese sentido espero que nos cueste menos consensuar una historia razonable de nuestro pasado reciente que lo que nos está costando cerrar el relato de la guerra y de la postguerra. Ojalá.

Iban Zaldua

1. Bueno, yo no considero que haya escrito específicamente sobre ETA, sino que he escrito sobre la situación político-social de nuestro país en los últimos cincuenta años. Algo en lo que ETA ha tenido un protagonismo particular y, por lo tanto, es imposible de soslayar. Supongo que fue el hecho de que esa situación estuviera tan presente en nuestras vidas lo que me llevó en un momento dado a hacerme eco de ella, de diversas maneras, en mis relatos. También darme cuenta, a partir de la lectura de Gizona bere bakardadean, de Bernardo Atxaga, o de Hamaika pauso, de Ramon Saizarbitoria, o de Joan zaretenean, de Jokin Muñoz, o Koaderno gorria, de Arantxa Urretabizkaia, de que la literatura podía ser un buen vehículo para hablar del asunto;que la literatura podía explicarme, a veces mejor que la prensa, la sociología o el análisis político, lo que nos estaba ocurriendo. Pienso que también he tenido un punto de obsesión con el tema, porque es lo más importante y lo más trágico que le ha pasado a nuestra sociedad a lo largo de mi vida, y a mí me llegó un momento en que, como escritor, tuve que hacerle frente;se me impuso. Porque debo reconocer que fue un tema que evité al principio de mi trayectoria, refugiándome casi siempre en mundos fantásticos, muy lejanos a los del conflicto. Quizá porque de joven anduve bastante metido en política, y ese problema lo impregnaba todo. Una vez me alejé un tanto de dicha actividad, con la perspectiva adquirida, y el magisterio de esos libros que he mencionado, y otros, me he acercado muchas veces al tema, aunque no sé con qué fortuna.

2. Lo ideal es que fuera lo más veraz posible, y basado en una multitud de testimonios. También que en el relato a dejar a las siguientes generaciones hubiera el máximo consenso posible en torno al mismo, pero eso no es siempre históricamente posible;no se ha logrado ni con la Guerra Civil española, de manera que… Más allá de eso, no creo que la literatura o los escritores deban jugar un papel determinado en ese proceso, y menos aún un papel preponderante. Me parece mucho más importante el testimonio de los protagonistas del conflicto, víctimas, testigos y también, por qué no, victimarios. Creo que es en ese campo en el que se van a hacer los mayores avances en los próximos años: el fin de ETA y del miedo harán aflorar muchas historias que hasta ahora, por diferentes razones, permanecían ocultas.

En cuanto a la literatura, a la ficción, creo que puede ayudar a conformar la imaginación histórica pulsando la tecla de la empatía, es decir, tirando de su capacidad para ponernos en el lugar del otro;a un nivel micro, si se quiere, diferente del de los grandes relatos históricos... Y el fresco que salga de ahí será necesariamente diverso y plural: tanto como el número de escritores que haya que escriban sobre el tema. Y lo que hay que pedirle al escritor, ahí, es que intente hacer su trabajo lo mejor posible, con honestidad. Aunque duela. Sin fijarse altos objetivos de carácter político o humanitario, porque me da la impresión de que, cuando se imponen motivos tipo “con mi obra voy a lograr la derrota literaria de ETA” o “con mi libro voy a combatir la visión del Estado opresor”, las posibilidades de que de ahí salga buena literatura suelen reducirse mucho…

Luisa Etxenike

1. La literatura tiene que estar atenta al lugar y al tiempo que le toca vivir. A mí me interesa la literatura como atención a lo que sucede y como herramienta de conocimiento de lo que sucede en el mundo y en la realidad, y evidentemente también en la realidad más cercana. Y nuestra realidad ha estado marcada por la amenaza de ETA y lo que ello significa en la vida de cada uno de nosotros. La literatura se debe a sí misma y lo duro era encontrar las palabras, pero no la postura radical frente a ETA. De hecho, yo escribía un artículo semanal en prensa donde dejaba clara mi postura.

2. Siempre digo que los vascos no orientamos muy bien y creo que tenemos que hablar de relatos y no de relato. Los historiadores van a establecer los hechos con fidelidad, pero nuestra experiencia nos señala que muchas veces tenemos la sensación de conocer más las cosas a través de lo que hemos aprendido de ello con el cine o la literatura. Por ejemplo, vemos la película La lista de Schindler y tenemos la impresión de estar muy cerca de lo que significó el Holocausto. Por eso creo que hubo antes, hay ahora y seguirá habiendo manifestaciones literarias, cinematográficas y artísticas de lo que ha sucedido en este país. Esto ha empezado con nosotros, que hemos sido testigos directos, y continuará con las generaciones futuras.

Verónica Portell

1. Este libro lo empecé en 2006, cuando ETA todavía mataba. Quise hacer una obra coral, me metía en cada personaje de la realidad vasca de esa época. Me puse en la piel de un etarra, de su madre. Además, lo complicado fue que se me tuviera en consideración como escritora, no como víctima del terrorismo. Muchos no me veían como escritora y esa era mi batalla personal.

2. Puff. No lo sé. Ahí diferencio entre el periodismo y la escritura y ahora hay que pensar que estamos en otro estadio. Además, ahora hay un contexto nuevo y al mirar al pasado también se tiene en cuenta. Además, para mí la literatura es un mundo que no tiene nada que ver con la historia ni con el periodismo. La literatura permite imaginar, imaginar escenarios. Y quizá ahora la literatura aborda una Euskadi sin ETA. Y el hecho de que ya no exista, que sea pasado también condiciona. Es como el que escribe sobre la Guerra Civil y lo haces sin estar allí. Ahora que sabes que ETA ha terminado, se escribirá con menos angustia y eso también se notará en el relato. Cuando yo escribí en 2006 te daba más angustia porque ETA estaba ahí y mataba. Ahora aquello se puede leer sin sufrir tanto porque sabes que ETA no está.

Eugenio Ibarzabal

1. El interés por entender, que no significa justificar, ni juzgar, ni denunciar. Mi posición sobre ETA es conocida y viene de antiguo. No es, pues, de ahora. Entender significa tratar de entenderme también a mí, a mi familia y a las personas involucradas que he conocido bien;aprender a distinguir motivaciones personales, ideologías políticas y procesos desencadenantes;discernir entre responsabilidades personales y sociales;practicar la independencia de criterio. En definitiva, ejercer de observador comprometido ante el sufrimiento. Esa ha sido mi única razón. Más allá de los discursos de unos y otros, tratar de entender el porqué, que son al mismo tiempo muchos porqués, pero que, al final, se convierten siempre en la misma pregunta: ¿por qué dos personas, enfrentadas a la misma situación, optan por respuestas por completo diferentes?

2. No soy quién para decir lo que otros deben hacer. Tan solo sé lo que quiero hacer. Contar la historia, que está compuesta de un montón de historias, en las que, a su vez, hay absolutamente de todo, pero siempre con una ligazón fundamental única: el sufrimiento. Y si solo es sufrimiento lo que nos deja, creo que hay que recordarlo para aprender y esperar luego a que quien las lea saque las consecuencias oportunas.

Edurne Portela

1. En realidad, no he escrito tanto sobre ETA como sobre las consecuencias que ha tenido y sigue teniendo en nuestra sociedad su violencia, la de su entorno, y la violencia reactiva que generó. Escribo sobre este tema porque creo que no ha sido algo ajeno, una especie de “conflicto” que ha sucedido a otros o que ha afectado solo a las víctimas, sino una historia que todos los vascos hemos vivido de alguna manera, directa o indirecta. Quería indagar esa parte más íntima de la historia, cómo nos ha afectado como sociedad.

2. No puede haber un solo relato o una institucionalización de la memoria que diga qué memorias son válidas y cuáles no, pero hay que diferenciar los tipos de relatos, diferenciar la historia de la memoria. Los historiadores tienen aquí un papel fundamental para no permitir versiones torticeras del pasado, para que desde el rigor metodológico de la disciplina histórica no se establezcan interpretaciones legitimadoras de la violencia. Por otro lado, tenemos la suerte de tener mucha memoria viva, de varias generaciones. Lo ideal sería ser capaces de compartir memoria, de crear relatos plurales de la experiencia vivida que contribuyan también a generar un poso de conocimiento del pasado. En este sentido, los escritores y las escritoras también podemos aportar mucho, pero sin imponer obligaciones. Es como con la memoria y el olvido: nadie puede recordar por imposición ni olvidar por decreto. Tampoco escribir sobre ningún tema por obligación, sino por necesidad o por curiosidad. Pero estoy segura de que habrá mucha literatura sobre el tema.

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