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Funeral de primera

José Ramón Blázquez - Lunes, 7 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Columnista José Ramón Blázquez

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Columnista José Ramón Blázquez

lo paradójico del entierro de ETA, celebrado el viernes en Villa Arnaga, en Kanbo, es que fue un acto feliz. ¿Puede un oficio fúnebre ser alegre? Perfectamente, si el difunto era un criminal con más de ochocientos asesinatos a su espalda y su defunción era nuestro sueño. En la localidad labortana hubo sonrisas, abrazos por doquier y un largo minuto de silencio “en honor de todas las víctimas del conflicto” con la justa solemnidad de un día histórico. Allí estuvo ETB con una magnífica cobertura desde primera hora hasta el final, bajo la batuta de Xabier Lapitz y sus dos mesas de comentaristas, muy plurales. Entre ellos, el exconcejal del PP de Errenteria, Txema Herzog, un hombre bueno, que lucía el lazo azul en la solapa, símbolo en los años 90 del rechazo a los secuestros terroristas, se desprendió de la cinta y la arrojó lejos, diciendo: “Se acabó”.

Creen los tristes políticos y los furiosos mediáticos que se podía haber optado por un funeral de tercera, en vez de uno de primera clase y tanto boato. Fue un réquiem de paz, como el de Fauré, sin Dies iraeni apocalipsis, esperanzado. Quizás en España no lo entienden, pero necesitábamos esta escenificación de efectos balsámicos. Consciente de ello, la televisión pública vasca creó desde el miércoles un ambiente propicio, con Hasiera guztiek bukaera dute, en ETB1, presentado por Xabier Madariaga;y el jueves, en ETB2, con otro especial informativo, Final de ETA, a cargo de Xabier García Ramsden, además de las reposiciones deOinatz galduak,que arranca en 1968, principio de la tragedia, yReconciliación, uno de los documentales más hermosos que se hayan producido sobre los damnificados, unos y otros. El maratón informativo fue sobrio, decente y completo.

La declaración conjunta de Iñigo Urkullu y Uxue Barkos en Bertiz pertenece ya a lo memorable de este superviernes. Llega ahora la gestión de los restos del naufragio. Hay una obligación de honroso recuerdo, como hay también derecho al olvido, pese a que la historia que te cambia nunca acaba. Somos futuro y libertad.

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