Historias de la vida

Txomin Larrazabal, un quiosquero de toda la vida de Bilbao

TXOMIN Larrazabal lleva trabajando más de medio siglo en uno de los kioscos más conocidos de Bilbao

Un reportaje de Yaiza Pozo - Lunes, 7 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Txomin Larrazabal posa junto a su kiosco ubicado en la plaza Indautxu.Foto: José Mari Martínez

Txomin Larrazabal posa junto a su kiosco ubicado en la plaza Indautxu.Foto: José Mari Martínez

Galería Noticia

Txomin Larrazabal posa junto a su kiosco ubicado en la plaza Indautxu.Foto: José Mari Martínez

VENDER la prensa diaria nunca fue el cometido de Domingo Larrazabal, más conocido como Txomin para sus clientes habituales, en su kiosco ubicado en la céntrica calle de Indautxu. Esa fue su verdadera vocación desde 1973 hasta que hace ocho años se jubiló y sus hijos, Nerea y Aitor, ocuparon su legado. Su kiosco es uno de los más conocidos y para Txomin fue su segunda casa. Por eso, no duda en visitarlo siempre que puede para echar una mano y recordar viejos tiempos.

Corría el año 1973 cuando un joven inexperto en la venta de periódicos pisaba por primera vez uno de los kioscos más conocidos de la villa. Mucho antes de pertenecer a Txomin, su suegra regentaba este tenderete y, al casarse con su hija, pasó a ser de su propiedad. Confiesa que aquí ha pasado los mejores años de su vida a pesar de que su infancia estuvo marcada por la posguerra. “Me tocó unos años bastante complicados porque había poco trabajo. Teníamos un caserío en Laudio y trabajábamos allí. Al menos de comer no nos faltó. Luego comenzó la industria y la cosa fue cambiando. Se trabajaba menos horas y se cobraba más. Fue un pequeño alivio”.

Estudió hasta los 14 años, “porque había que comer”. Hasta entonces cursó los estudios básicos y ejerció como administrativo en una oficina durante 12 años. “Nunca he parado de trabajar. Es lo único que he hecho en esta vida”, confiesa. En la villa conoció a su mujer, “en una sala de fiestas, y comenzamos poco a poco”, dice. En aquel momento, el kiosco de Indautxu que pertenecía a su suegra y que según calcula tendrá actualmente unos 70 años, se vendía o se traspasaba pero él apostó por cambiar su vida sin dudarlo. La experiencia que adquirió en su anterior empleo le sirvió para poder llevar las cuentas de su nueva aventura.

Cada mañana se levantaba a las 5.00 horas y abría su puesto de trabajo una hora después. Una jornada laboral intensiva que se alargaba hasta las 22.00 horas. No se le hacía duro puesto que confiesa haber estado acostumbrado a trabajar tantas horas. “Los hábitos fueron cambiando, por eso luego cerrábamos una hora antes”, cuenta.

El kiosco de Txomin lleva abierto más de 70 años y al principio pertenecía a su suegra, quien le enseñó cómo funcionaba el oficio

El cambio no fue difícil. “Al principio me estuvo acompañando mi suegra y me ayudó porque no conocía el negocio. La adaptación fue bastante fácil porque no era complicado llevarlo. Pedir productos, hacer caja y poco más”, relata. Pero el mayor inconveniente era, y continúa siendo, el cambio de temperatura;algo que se hacía duro sobre todo cuando trabajaba entre nueve y diez horas. “El trabajo era entretenido aunque un poco duro. Se pasa calor, mucho frío, se trabajan fines de semana, fiestas… No hay horario. Yo lo escogí y estoy contento de ello”, cuenta.

Pero su cercanía con los clientes que diariamente consumían prensa hizo que se forjase una amistad especial. Tanto es así que algunos de ellos se acercan hasta el kiosco que ahora lo llevan sus hijos para preguntar por su estada de salud. “Este es un kiosco de generaciones”, dice. “La gente se preocupa por mí. Eso me da mucha satisfacción, de haber hecho algo positivo y estoy muy contento”, confiesa.

Después de tanto tiempo regentando este conocido tenderete ha podido percibir de primera mano los cambios del barrio. Y muy a su pesar, las cosas están mucho peor que antes. “Los tiempos han cambiado y las circunstancias de la vida también. Ha habido mucha gente en paro, los sueldos son más bajos, entonces hay menos poder adquisitivo y no hay poder de compra”, cuenta.

El futuro Pero esto no es todo. Confiesa que los hábitos de consumo también son muy diferentes. “Los que ya tenemos una edad nos gusta el papel escrito pero la juventud funciona mucho por Internet. Creo que a medida que vaya pasando la gente mayor se irán reduciendo cada vez más las ventas”, dice. Para ello, la única solución que ve para poder sostener su kiosco es cambiar los tipos de venta. “Habrá que vender souvenirs, postales, alguna cosa de regalos para que se pueda suprimir la venta de prensa y periódicos aunque sea un poco difícil. Habrá que ir viendo sobre la marcha”, cuenta.

A pesar de los contratiempos, Txomin nunca quisiera ver su kiosco peor que ahora. En ese mismo espacio comenzó a amar su profesión, esa que le ha dado tan buenos momentos. No olvida a sus amistades y dice que nunca imaginó trabajar en algo así durante tantos años. “Son las circunstancias de la vida, lo que a uno le pone en el camino. Muchas veces uno tiene una idea y luego resulta que las cosas van por otra parte”, concluye.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Bilbao

ir a Bilbao »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120