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La hora de los “imposibles”

La decisión de ETA manda a la organización armada de los periódicos a los libros de historia, y consolida los nuevos horizontes que ya se empezaron a abrir en 2011 para muchas demandas sociales y culturales

Un reportaje de Jurdan Arretxe - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Un hombre compra un periódico en un puesto de periódicos en Portugalete mostrando en la portada una información relativa a ETA.

Un hombre compra un periódico en un puesto de periódicos en Portugalete mostrando en la portada una información relativa a ETA. (AFP)

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Un hombre compra un periódico en un puesto de periódicos en Portugalete mostrando en la portada una información relativa a ETA.

SEGURO que pocos recuerdan dónde estaban cuando nació ETA. En cambio, podrán saber dónde estaban el 20 de octubre de 2011 a las 19.00 horas o el pasado jueves a las 14.00 horas. ETA ya no existe. ¿Y ahora? En realidad, nada. O casi nada. “La Euskal Herria post-ETA, realmente, inició su andadura en 2011. Muchos cambios, de hecho, se han producido ya, empezando por la gente que ya no tiene que mirar debajo del coche. En política, hace ya tiempo que se respira de otra forma”, reflexiona el periodista y escritor Aingeru Epaltza. Siete años después del cese de su actividad armada, ETA bajó el jueves la persiana. “Han sido muchos años de sufrimiento, de absurdo, de violencia, de tragedia y de dolor que no han aportado nada. Se ha alargado en exceso el momento final y para la mayoría de la sociedad vasca el final se produjo el 20 de octubre de 2011”, coincide con Epaltza la doctora en Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad de Deusto María Silvestre.

“Desde 2011 la sociedad vasca ha avanzado mucho más que los discursos políticos o que el posicionamiento de la propia ETA. Tan solo era una preocupación para el 0,3% de las personas encuestadas. Euskadi ha seguido avanzando hacia la normalización y se ha dado cuenta de que la paz era esto, tan simple y tan complejo a la vez”, fundamenta Silvestre.


“La paz era esto”

La profesora explica esta aparente contradicción: “La convivencia se construye día a día, desde la cotidianidad y desde el reconocimiento y el respeto del que es diferente, de forma espontánea, sin condicionantes. Pero a la vez es compleja, porque si bien la convivencia es un hecho, necesita sustentarse sobre bases sólidas de reconciliación, reparación y reconocimiento”. Condiciones que, avisa Silvestre, “no pueden dejarse al azar, hay que promover”.

La doctora en Historia Idoia Estornés publicó en 2013 Cómo pudo pasarnos esto. Crónica de una chica de los 60 y tras el anuncio de ETA siente “alivio por el fin de una situación de solapada guerra civil”, aunque llama a la reflexión sobre la violencia que se ha dado “muchas veces en Euskadi desde el siglo XIX. ¿Por qué pudo suceder aquí una sublevación que no podía darse en Madrid o Extremadura? El franquismo mató, torturó y encarceló a mucha gente en toda España, sin ocasionar un fenómeno semejante”.

La decisión de ETA en 2011 ha hecho “la convivencia más fácil”, a juicio de Epaltza, y ahora “lo será más aún, pero todavía hay un amplio campo de mejora. En los lugares donde es muy mayoritaria, la propia izquierda abertzale mantiene a veces tics de otros tiempos. Además, muchos de sus presos van a tardar en salir a la calle. A la derecha, parece que hay un sector que está ya añorando a ETA, encastillado en plan últimos de Filipinas, y azuzando a las víctimas exigiendo una victoria que, de forma bastante irracional, consideran les han arrebatado en el último momento. Pero la sociedad vasca, navarra incluida, ha pasado ya página”.

Del final de ETA no habrá “un solo sector que no se beneficie, porque la violencia lo lastraba absolutamente todo”, recuerda Epaltza, que cree que además de los “episodios violentos ha desaparecido un elemento que dividía profundamente a la sociedad y viciaba las relaciones personales. En todos esos campos, cosas imposibles hace muy poco son ahora perfectamente factibles en el mundo de la cultura, la economía, la política, la cooperación y los movimientos sociales”.

“Incluso la entrada de las reivindicaciones feministas en la agenda política se ha visto favorecida por la mejora general del ambiente social”, sugiere el autor de Bezperaren bezpera, una impresión que comparte Estornés: “El ruido de ETA ensordeció durante 50 años a la población española. La desaparición de los varios muertos semanales por terrorismo político proyecta hacia el escenario los varios muertos semanales por terrorismo de género, que es el gran escándalo de nuestros días”.

“Tras las movilizaciones del pasado 8 de marzo, las proclamas feministas han alcanzado una presencia que antes no tenían. ETA, como organización, ha compartido con la sociedad a la que pertenece una estructura patriarcal donde la reivindicación feminista por la igualdad entre mujeres y hombres no ha estado presente ni ha determinado su identidad ni sus acciones”, considera Silvestre, que encuadra esta situación a que “la revolución feminista se ha pospuesto ante cuestiones que se consideraban más prioritarias o importantes”.

La desaparición de ETA “poco o nada” aportará a la lucha por la igualdad “más allá de favorecer un clima de normalidad política”. En cierta medida, puede ayudar a que “muchas mujeres, y también hombres, abandonen determinados prejuicios de apoyo a la lucha feminista al desvincularla de otro tipo de reivindicaciones políticas”.


Cae la lógica partidista

La convivencia, reivindicaciones... Muchos han sido los aspectos cuyo desarrollo se ha visto influido por ETA. Entre esas cuestiones sobresale el euskera. Mikel Irizar fue presidente de Euskalzaleen Topagunea, ha impulsado la creación de medios de comunicación locales en euskera y en diciembre abandonó la Dirección de Igualdad Lingüística de la Diputación de Gipuzkoa. “ETA comenzó como un movimiento político con un fuerte componente cultural y lingüístico, no en vano en sus orígenes hay personas como Txillardegi, claves en el proceso de revitalización del euskera en los últimos 50 años”, recuerda Irizar, que considera Txiberta (1977) como el comienzo de la “trinchera política entre quienes optaron por el marco institucional derivado del Estatuto y quienes lo rechazaron para volcarse en los movimientos sociales”.

“La confrontación entre ambos bandos ha obstaculizado el desarrollo de un movimiento ciudadano emancipado, que impulsara un suelo común para los intereses estratégicos”, recoge. Entre ellos, el euskera: “El movimiento social por su revitalización ha estado notablemente condicionado por la lógica partidista: la izquierda abertzale, con presencia mayoritaria en el movimiento social, se enfrentaba sistemáticamente a la actuación institucional, y las instituciones -donde el PNV era mayoritario- desconfiaban de las dinámicas sociales y, a menudo, las torpedeaban”.

Epaltza introduce la realidad navarra en la cuestión. “La mera existencia de ETA ha sido utilizada para alejar de la lengua vasca a un buen sector de la población. En amplias zonas de Navarra y en la propia capital, generaciones enteras han crecido en un ambiente donde lo vasco era percibido en el mejor de los casos como extraño, cuando no como amenaza pura y dura. Ese sentimiento está ahí y no se borra por decreto. Revertirlo costará mucho tiempo y políticas muy inteligentes”.



Nuevas cuestiones

El final de ETA puede traer no tanto nuevos escenarios sino otras “posibilidades de actuar en él”, dice Epaltza. ¿Una alianza abertzale? ¿Pactos de gobierno como el tripartit catalán? ¿Mayor colaboración entre la CAV y Nafarroa? La clave, asegura, vuelve a 2011. “El cambio en Navarra tampoco se hubiera producido con una ETA en activo. Ni habría habido votos suficientes, ni habrían sido posibles los acuerdos de 2015 entre las fuerzas políticas del cuatripartito”. Aun así, llama a la prudencia en unas relaciones CAV-Nafarroa que se dan ya.

“La desaparición de ETA no pone el marcador a cero. Algunos de los daños colaterales de la violencia tardará en superarse”, redondea Epaltza una opinión que en cierta medida comparte Silvestre: “La normalización política permitirá incluir cuestiones en la agenda que habían estado fuera y que no podían incluirse porque la existencia de ETA les negaba la legitimidad política por carecer de legitimidad ética y moral”.

las claves

“No ha cambiado el escenario, sino las posibilidades de actuar en él”

Aingeru Epaltza

Periodista y autor de ‘Bezperaren bezpera’

“Desaparecida ETA, es hora de descubrir que no hay vidas de primera y de segunda”

IDoia EstornÉs

Historiadora y autora de ‘Cómo pudo...’

“Algunas cuestiones no van a ocurrir solo porque desaparezca ETA”

María Silvestre

Doctora en Ciencias Políticas y Sociología

“Con el euskera hay un cambio de actitudes que luego se concretan en iniciativas”

Mikel Irizar

Exdirector foral de Igualdad Lingüística

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