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¿Qué se esconde dentro de la caja única?

Por Iñaki Anasagasti - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Iñaki Anasagasti

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Columnista Iñaki Anasagasti

EN las elecciones de octubre de 1990, José María Aznar, en Gasteiz y tras un aviso de bomba, se atusó el bigote, puso cara de circunstancias y dijo: “El Estatuto de Gernika, tanto el PP como su presidente, lo asume como propio, tanto como el PNV. El euskera, lo sentimos como lengua propia, tanto como el PNV. Los territorios históricos, los consideramos como propios, tanto como el PNV, pero no con exclusivismos como ellos. La bandera, la asumimos como propia, tanto como el PNV, aunque no para arrojársela a nadie a la cara. Y yo digo Euzkadi, pero que ellos digan España. Yo asumo el Estatuto de Gernika, pero también asumo la Constitución”. Aznar, en ese momento, apoyaba a su candidato Mayor Oreja y quería renovar la apolillada derecha española de Fraga, quien había dicho en Caracas que antes de que se enarbolara la ikurriña habría que pasar por encima de su cadáver y en 1979 se había opuesto al Estatuto de Gernika. Por eso quiso compararse con el PNV en su defensa de la vasquidad. El PP era como el PNV. Aplausos.

Aquello no fue más que hueca palabrería de mitin como cuando nos dijo que su máxima aspiración era que el Guernica de Picasso se trasladara la ciudad en la que nació su padre (Bilbao) y sacarse una foto ante el cuadro, que eso sería pasar la página de la guerra. O lo que dijo de que el Estatuto era su Estatuto aunque no estuviera por la labor de cumplir esta ley orgánica refrendada por el pueblo el 25 de octubre de 1979.

Me recordó algo parecido el viaje de hace quince días del otrora poderoso Carlos Solchaga en la promoción de su libro. Este tafallés que fue nada menos que portavoz del PSE en el Congreso, cuando Ernest Lluch lo era por el PSC, y que anteriormente había sido miembro del Consejo General Vasco, acudió a la entrevista que le hizo Dani Álvarez en Radio Euskadi. Allí coincidí con él y tras los saludos de rigor le recordé cómo había sido quien había redactado el programa electoral del PSE en 1980, en el que reivindicaban la transferencia de la Seguridad Social, de toda ella aunque cuando dio el salto a Madrid, dijo que aquella propuesta tenía fecha de caducidad. Arzalluz le contestó que su palabra valía menos que un yogur. Solchaga me sonrió malicioso y me dijo que del Concierto habláramos en voz baja pues todo el mundo lo desea. ”¡A que no!”, le repliqué.

En la política madrileña, salvo que te lleves de un Eroski dos potes antiarrugas, los vascos solo hemos sido noticia trágica por ETA aunque de vez en cuando se acuerden de que existimos si nos necesitan. Tanto eres, tanto vales. Sin embargo, ”los cinco asquerosos escaños de un partido nazi y racista fundado por un loco”, según Losantos, hemos sido noticia estelar por haber demostrado saber hacer política con los pies en el suelo, la cabeza fría y lograr romper la barrera de silencio frente a la política espectáculo alrededor de la señora. Cifuentes, la señora Bescansa, el señor Ruiz-Gallardón y todo ese continuo sainete madrileño, mientras se juzga el llamado caso Altsasu en una sala de la Audiencia Nacional con el escudo, la bandera de España y la fotografía del rey presidiéndolo todo. Imagínense en Estados Unidos un juicio parecido con la foto de Trump en el frontispicio.

Aunque podríamos decir que puede existir algún paralelismo en lo que se está viviendo. Nada menos que el exdirector del FBI, James Coney, en su libro de memorias, cuenta las cosas que ha visto sobre Trump y su gobierno y habla del “círculo silencioso de asentimiento, el jefe en completo control, los juramentos de lealtad, la concepción del mundo del nosotros contra ellos, la mentira sobre todas las cosas, grandes y pequeñas, al servicio de algún código de lealtad que pone a la organización por encima de la moralidad y de la verdad”. ¡Mira por dónde! Me daba la impresión de que estaba hablando de Rivera y Ciudadanos. De ahí el gran valor del acuerdo que ha dejado a Rivera colgado de la brocha después de hablar de ETA, de privilegios, y de las Siete Plagas de Egipto por barruntarse un pacto con el maligno PNV. El 23 de abril, Villegas, en nombre de Ciudadanos, le decía a Rajoy que su partido, desconocido en Euzkadi, no aprobará los presupuestos si el Ejecutivo, en su negociación con el PNV, accede a otorgar “nuevos privilegios al País Vasco estando en contra de cualquier acuerdo que rompa la Caja Única de la Seguridad Social”. Oí aquello y me dije “nada nuevo bajo el sol”. En 1996, estando el PNV negociando un pacto de legislatura con Aznar, irrumpieron los sindicatos CC.OO. y UGT. Antonio Gutiérrez y Cándido Méndez se reunieron con el candidato Aznar “preocupados” por una negociación de la que no sabían nada pero en la que intuían que el PNV, al reivindicar el cumplimiento del Estatuto de Gernika, incluía toda la agenda social, a lo que ellos se oponían aunque estuviera en la ley. A aquel fantasma lo llamaron la ruptura de la Caja Única y ni cortos ni perezosos le dijeron a Aznar que ”una cosa es una ley y otra distinta la necesidad de mantener el sistema público de protección social, la cohesión del marco de relaciones laborales y los instrumentos necesarios de ámbito estatal para promover políticas activas en favor del empleo”. Aznar, asustado, les contestó que la Caja Única de la Seguridad Social era intocable. En resumen, todo un chantaje sindical como el que acaba de hacer Ciudadanos veintidós años después. Tras aquello, pasamos de negociar el apoyo a la legislatura a negociar solo la investidura en un solo acto. Nihil novum sub sole.

Ante aquella irrupción matonil de los sindicatos, el entonces vicelehendakari Ibarretxe reclamó con dureza al entonces negociador Rajoy y este le contestó: ”Tenéis la razón jurídica, económica y política, pero nuestras novias son los sindicatos y la patronal”. Y san se acabó. Bien es verdad que no teníamos la misma posición de fuerza que ahora y que Madrid solo entiende el mensaje de las matemáticas y de los votos. De ahí las simplezas continuas de Bildu que, en un ataque de celos, sin visión de la jugada como con el Cupo, y con argumentos mezquinos -y, lo peor, en boca de alguien que fue no hace mucho jefe de Jarrai- eche por tierra un logro que, si se obtiene, sería como la chilena de aquel vasco que tiene una estatua en Santiago. Y es que el PNV lleva en el Congreso desde 1917 y ha trabajado toda su vida por dar utilidad a sus votos, a diferencia de los de Bildu, que acaban de llegar a esa casa tras menospreciarla y creen que se va a Madrid a lanzar soflamas.

Por eso quiero destacar que estuvo claro Andoni Ortuzar explicando estas cosas en varias entrevistas. Resalto dos respuestas que son fáciles de entender hasta por quienes tienen entendederas de corcho: ”Mi madre, que me falta desde hace tres años -decía el presidente del EBB- era pensionista y cobraba la pensión mínima. La madre del lehendakari es pensionista, el padre de la secretaria del EBB, Mireia Zarate, también. Somos un partido de amplia base social. Algunos se creen que solo ellos viven situaciones de estrechez, pero muchos de los que se manifiestan en la calle no son solo votantes del PNV, son afiliados. ¡Cómo no vamos a saber nosotros de qué va esto! Hemos hecho lo que era posible. Las reivindicaciones de salida están todas conseguidas. Queda lo de los 1.080 euros, que no estaba en el inicio y que exigía darle una vuelta a todo el sistema. Lo bueno es que gracias a este acuerdo se abre una opción para hablar en el Pacto de Toledo”.

Y, en relación con las declaraciones de Otegi, este salió bien servido en un cruce de tuits en el que Otegi criticaba al PNV por pactar con el PP y Ortuzar le recordaba que puestos a pactar ellos no son la Inmaculada Concepción. ”Arnaldo, ¿si habláramos de ti? Terrorismo, impuesto revolucionario, kale borroka, ninguneo a las víctimas. ¿Con esos ir a Kanbo? ¿Qué te parecería?”. Ortuzar explicaba este cruce de la siguiente manera: “Tenía que ser contundente porque no se puede jugar con la gente. Yo también sé dar leña, pero ¿no podemos reconocer las bondades de lo que hacen otros? ¿O es que si mañana les llama Rajoy para hablar de presos no irían?”. Claro y raspado.

Y, para finalizar, solo aclarar lo que hay dentro de la Caja Única. Pues muy sencillo. Los restos del Cid, de los Reyes Católicos, del brazo incorrupto de Santa Teresa y del general Franco. ¿Ahora entienden ustedes la importancia de mantener como está este faro luminoso de la españolidad llamada Caja Única? Pues eso.

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