Iritzia

“Ay Bilbao, cómo has ‘cambiao”

Por Rosana Lakunza - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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Imposibleentrevistar a José María Iñigo y no hablar de su ciudad. Su carrera televisiva le obligó a instalarse en Madrid, una ciudad que consideraba amable y también muy dura: “¿Qué me queda de Bilbao?”, pero ¿qué pregunta es esa para un bilbaino”, regañaba riéndose. “Me queda mucho. Además, por estar fuera y por estar lejos es cuando se incrementa el hecho de ser de un sitio determinado. Si estuviera viviendo en Bilbao, quizá presumiría menos de ser bilbaino”, aseguraba a DEIA hace unos años.

Hacía viajes frecuentes a su ciudad, quedaba con sus amigos y señalaba con cierta tristeza que algunos habían muerto. “Es lo que tiene el cumplir años, pero yo sigo disfrutando de esta ciudad y diciendo aquella frase de la canción: Ay Bilbao, cómo has cambiao. Siempre es un buen pretexto para hablar de un Bilbao ahora fantástico. A Bilbao lo hemos querido siempre pero, maldita sea, era feísimo. Ahora es una maravilla de sitio. No habíamos visto turista hasta que llegó el Guggenheim”.

Tomarse su aperitivo por Ledesma o en el Casco Viejo era uno de sus mayores placeres cuando regresaba a su tierra, era además un embajador de la gastronomía vasca: “Qué le voy a hacer, me gusta comer, disfruto en la mesa. Buena comida, buena charla y un buen vino”. Los recuerdos y las costumbres de la gente de Bilbao siempre le volvían una y otra vez: “Los recuerdos que yo tenía de grandes avenidas y grandes espacios en Bilbao, viviendo en una ciudad grande como es Madrid o Londres, se empequeñecen en tamaño, lo que creías que era tan grande se te ha quedado pequeño. Me sorprende que estando en la calle Ercilla los de Bilbao cojan un taxi para ir al Corte Inglés, pero si está al lado. Bilbao es una ciudad paseable, está todo a mano, es una delicia”.

También tenía recuerdos para Donostia o Gasteiz y hacía un guiño a Nafarroa de vez en cuando, un territorio con el que estaba ligado por diferentes razones: “Tengo familia navarra, siempre he estado muy vinculado a ella. Hice la mili en el Carrascal, hacía un frío de mil demonios, un frío que no se me olvidará nunca. Mi padre era navarro”.

Era feliz cuando subía a Bilbao, como él decía, se quitaba el mono que sentía durante dos meses después de haberse tomado unos vinos en los lugares que ha frecuentado desde joven y se comía “esas banderillas que tanto me gustaban y que ahora se llaman pinchos”.

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