Un golpe en lo más profundo

Ni siquiera el amparo de su afición, magnífica, y una brillante primera parte pudieron salvar al Bilbao Basket de una derrota cruel que duele en el orgullo y aleja la esperanza

Roberto Calvo - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los más de 200 componentes de la ‘marea negra’ que se trasladaron a tierras gallegas empujaron en todo momento a los suyos.

Los más de 200 componentes de la ‘marea negra’ que se trasladaron a tierras gallegas empujaron en todo momento a los suyos.

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Los más de 200 componentes de la ‘marea negra’ que se trasladaron a tierras gallegas empujaron en todo momento a los suyos.Axel Hervelle intenta cerrar el camino hacia el aro bilbaino.

Santiago- Raúl López paseaba sin rumbo, con la mirada perdida y los ojos llorosos, mientras unos metros más adelante la afición que se desplazó a Santiago de Compostela esperaba a los jugadores para tratar de consolarles en tan durísimo momento. Esa imagen refleja lo que es ahora mismo el Bilbao Basket, el impacto que tuvo el triple de Albert Sabat en todos los que de alguna manera u otra sienten el club como algo suyo. El golpe fue mucho mayor que el que recibieron hace dos años con aquel triple de Joan Sastre desde su campo. Entonces, solo estaba en juego el play-off y ahora lo que se debate es la propia supervivencia del proyecto.

Unos 200 aficionados llegaron desde Bilbao en autobuses que, fletados por el propio club y las peñas Turín 09 y Northern Kings, recorrieron toda la costa cantábrica para alcanzar la capital de Galicia con la ilusión aún intacta. En Fontes do Sar les recibieron con el mítico Bienvenidos de Miguel Ríos, que es habitual en el recinto compostelano antes de que justo nada más comenzar la grada entone el Miudiño que pone los pelos de punta y que, como era de rigor, acompañaron los seguidores de la marea negra. No eran hijos de rock and roll, ni aquello era un concierto, sino que son hijos de algo que nació hace 18 años y que nadie quiere perder.

Durante toda la primera parte, fue la afición del Bilbao Basket la que se hizo notar porque la local parecía enfadada con los suyos. Nadie diría que su equipo selló ayer la permanencia matemática en la Liga Endesa una temporada más. Pero los obradoiristas habían visto dos derrotas seguidas en la prórroga y ya se temían que el partido iba a ir por parecidos derroteros. Jaka Lakovic, aún con alma de base, dictaba el juego a los suyos, que con posesiones largas y mucho acierto en el triple dieron al Obradoiro de su propia medicina hasta el descanso, jugando con gran personalidad y un acierto impropio de situaciones en las que se suelen encoger los brazos.

Pero todo cambió cuando apareció Alberto Corbacho, el ídolo local, el jugador que con sus triples imposibles era el único que podía cambiar el signo del partido. Y el mallorquín lo hizo y el ambiente dio la vuelta por completo. El huracán gallego se le vino encima al Bilbao Basket que perdió el pie, cayó en errores recurrentes esta temporada cuando los gallegos subieron sus líneas defensivas y a duras penas pudo sujetar el barco. El público ya no se quejaba y apretaba al arbitraje y empujaba a los suyos como hay que hacerlo cuando la tensión atenaza las muñecas.

EN LA LINEA DE FLOTACIÓN Lakovic trataba en todo momento de aplicar su experiencia para transmitir calma, para cortar los conatos de discusión entre sus jugadores como uno de Mumbrú y Todorovic por un mal entendimiento entre ambos. Ayer no tocaba salirse del guion y sí estar muy concentrados porque el Obradoiro, con tres tiradores entre excelentes y buenos por el perímetro durante muchos minutos, no permitía ningún descuido. El Bilbao Basket estuvo muy cerca de llevarse lo que fue a buscar a Santiago de Compostela, pero Sabat, a quien el publico gallego no tiene en mucha estima, dijo la última palabra e impidió que los hombres de negro sumaran esa victoria que vienen necesitando desde hace muchas semanas.

El tiempo se agota y es lo que tiene ir a remolque, que en cualquier momento puede quedarse sin tracción. Ese desenlace cruel deja al conjunto bilbaino con pie y medio en la LEB y quién sabe si algo peor. Los jugadores se giraron hacia su gente para agradecerles el apoyo porque el orgullo, la esperanza, el deseo de salir adelante son lo último que se pierde, pero ya lo dijo Lakovic: “Esto es deporte”. Todo eso iba también en el autobús de regreso, pero las caras y los gestos minutos después de que el base catalán mandara un misil a la línea de flotación del Bilbao Basket eran el espejo del alma. De un alma dolida en lo más profundo.

El último tiro

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