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El viejo espíritu vuelve

El Athletic recupera el juego intenso para dar una alegría a la afición

Un reportaje de Jon Mujika - Domingo, 6 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El clan verdiblanco venía avasallando esta temporada pero siempre hay un rojiblanco que...

El clan verdiblanco venía avasallando esta temporada pero siempre hay un rojiblanco que...

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El clan verdiblanco venía avasallando esta temporada pero siempre hay un rojiblanco que...

HUBO un tiempo, meses atrás, en que era así con cierta asiduidad: el Athletic jugaba con el cuchillo entre los dientes en San Mamés y ese arrojo, semejante valentía, era valorado, era “en todo mar conocido, del uno al otro confín”, como diría la vieja Canción del piratade Espronceda.Hubo un tiempo en que el Athletic de a mil por hora jugaba como se baila un rock &roll, eléctrico, y San Mamés era tierra sagrada. Casi lo habíamos olvidado, cuando ayer, desde el primer minuto, comenzó a soplar un viento extraño, un aire que trajo consigo aquel viejo espíritu. Y San Mamés -a buenas horas, mangas verdes...- vibró como en las horas felices. Lo hizo de cabo a rabo, hasta el último suspiro cuando Iñaki Williamscorrió tras un balón imposible y el galgo dio caza a la liebre. Con el corazón boxeándole dentro del pecho tuvo el oxígeno suficiente para ver la llegada de Aritz Adurizy el viejo fusilero, que minutos antes no había llegado a un balón adelantado (solo él sabe si fue por la edad o no...), cazó al vuelo la bala de cañon y marcó haciendo que saltasen astillas del palo mayor de la carabela verdiblanca, un Betis de 80 minutos planos como canto rodado de río y diez minutos de terremoto, cuando Kepaapareció para decirles que no. Que también ayer era su día.

Así que con aquel cañonazo del artillero clásico se acabó el bello cuento de la tarde de ayer, donde hubo varios príncipes pero un solo rey, compréndanme. Fue Carles Puyol,el hombre que lucía un aire a Aramis, uno de los tres mosqueteros, cuando salió al césped acompañado por José Ángel Iribary el jugador más joven de la cantera de Lezama, Markel Arroyo, para recoger el galardón del One Club Player en el centro del campo mientras los casi 35.000 presentes coreaban en voz baja un “Puyi, Puyi” emotivo.

Hubo aplausos para todo el mundo en la tarde, como si se quisiera recuperar la vieja costumbre. Para Joaquín,guerrero de mil batallas, al ser cambiado, y para Muniainque volvió a marcar en San Mamés tras su paso por los infiernos;para Kepaque dejó una estampa a lo Iribaren aquella estirada al rincón de las telarañas y para los dos protagonistas del segundo gol: el veloz Williams y el preciso Aduriz. “Con ambas cualidades en uno haríamos un delantero de primera magnitud”, comentaba a la salida uno de los miles de aficionados que abandonaban San Mamés a la conclusión del partido con un extraño rictus en la boca. Diría que era una sonrisa, pero hacía tanto tiempo que no...

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