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C’est fini

Por Mikel Arana - Sábado, 5 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

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EL jueves, en el que será, por fin, último comunicado de ETA, la organización terrorista anunciaba el final de su “trayectoria y actividad política”.

Ha de saber ETA, sin embargo, que al pueblo vasco jamás le ha preocupado, ni siquiera interesado, su actividad política. No, ETA no fue (por más que insistan en ello), una organización política surgida del pueblo vasco para liberarla del yugo de la dictadura franquista y resolver un conflicto político entre Euskadi y España, cuyo inicio data del bombardeo alemán a Gernika. No. ETA fue una organización terrorista que cometió más del 90% de sus crímenes en el mismo sistema político y territorial en el que se ha ido a disolver, y que encuesta tras encuesta, manifestación tras manifestación, recibía el pertinaz rechazo de un pueblo al que decía iba a liberar.

Así pues, no es extraño que, para muchísima gente la fecha del fin de ETA no sea la de ayer, sino la del 20 de octubre de 2011 cuando anunció que dejaría su actividad armada, que al fin y a la postre es lo que ocupaba y, sobre todo, preocupaba, al “pueblo trabajador vasco”.

Otra cosa distinta es que, llegados a este punto, por aquello de que no vayamos a liarla al final, hagamos como si no fuera cínico hasta la náusea que quien hasta hace nada asesinaba al diferente, apueste ahora por un acuerdo entre tales, o que en la declaración de “reconocimiento del dolor causado” se distinga entre víctimas que para ETA merecían serlo y aquellas que no.

O que no queramos resaltar el hecho de que la desconfianza ha sido tal, que ETA ha tenido que disolverse por fascículos y en contra de lo que se anunció en su momento, con anterioridad a que se celebrara ayer esa suerte de Aiete II francés, en Kanbo.

Una ceremonia, esta de Kanbo, de la que cabe destacar la presencia internacional y constatación de la necesidad de mediadores para la finalización de las violencias de estas características, (ningún grupo terrorista deja de matar por razones éticas, y ETA, tampoco) y el llamamiento a una futura reconciliación.

Una mirada al futuro que, aunque sea necesaria, no puede ser la justificación para olvidarnos del pasado. La violencia de motivación política ha machacado Euskadi durante décadas y para superarla requerirá de reconocimiento, justicia y reparación y ese, no será un camino fácil de recorrer.

Crímenes sin resolver;peticiones de perdón que ya no llegarán;huidos de la justicia que no se sabe si algún día serán juzgados;víctimas de la violencia ejercida por grupos terroristas surgidos de las cloacas del estado que, ni siquiera tienen el reconocimiento de tales;miles de denuncias de torturas sin investigar;y cientos de presos lejos de sus lugares de origen, dan cuenta de unas líneas que, necesariamente, habremos de leer para poder pasar página.

Una vez abordemos todas estas cuestiones, entonces sí, entonces podremos empezar a hablar de la importancia de la memoria, el relato y la reconciliación.

Porque, si bien parece claro que cada cual tendrá su propio relato, también debería estar claro que, el mismo, no debe, ni puede construirse sin incluir todo el dolor provocado por la violencia y la injusticia de esta.

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