Mirar hacia otro lado

Palabras, género y número

Por Mikel Mancisidor - Sábado, 5 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

hace unas semanas se anunció que Canadá cambiaba una palabras de su himno nacional. Para ser más precisos deberíamos decir que las ha cambiado de su versión inglesa, puesto que como país con dos lenguas oficiales (además de más de cincuenta lenguas indígenas pertenecientes a unas diez familias lingüísticas diferentes) su himno tiene dos letras: en inglés y en francés. El original fue escrito en francés a finales del siglo XIX y luego, ya a principios del XX, fue elaborada una versión en inglés, que no es una traducción literal. Con motivo del sacrifico de tantos soldados canadienses en la Primera Guerra Mundial (se calcula que más de 60.000 murieron, es decir, casi un 1% de su población en aquel tiempo), a la versión inglesa se le añadió una referencia al auténtico amor patrio que regía en todos sus hijos (True patriot love in all thy sons command) mientras la versión en francés no se cambió, y hablaba del brazo patrio que sabe lo mismo enarbolar la espada que la cruz (Ton bras sait porter l’épée, il sait porter la croix).

Pues bien, esta referencia que se hace en la versión en inglés a los hijos resulta en nuestros días poco igualitaria, de modo que los canadienses han decidido cambiarla. Ahora el verdadero amor patrio no rige solo en sus hijos, sino en quienes canten el himno, sean hijos o hijas: True patriot love in all of us command.

La noticia de hace unas semana es que los canadienses habían sido lo suficientemente listos como para hacer este cambio con poco ruido y sin demasiado escándalo, ni grandes desgarros de vestiduras patrias. De hecho los símbolos canadienses son jóvenes, como lo es su propia bandera, esa rojiblanca con una hoja de arce roja en medio, nacida tan recientemente como 1965. La noticia de esta semana es que de nuevo los canadienses han sido lo suficientemente listos como para no cambiar todos sus documentos, libros oficiales o textos escolares para adaptarse de inmediato al cambio de la letra, sino que han dejado los cambios para cuando haya que reeditar ese tipo de materiales. De modo que han aclarado esta semana que hasta la fecha el costo del cambio ha sido de cero dólares canadienses, que, sea cual sea el tipo de cambio, seguirá siendo cero euros. Doblemente listos estos canadienses.

No son los únicos que han cambiado la letra de su himno por razones de equidad de género o de inclusión o de no discriminación, como usted prefiera. Austria lo hizo ya en 2012, para recordar que ese país no solo había sido cuna y hogar de grandes hijos, sino también de grandes hijas (Heimat großer Töchter und Söhne, canta la nueva versión).

Entre los cambios de símbolos o nombres habidos este año también me gusta mucho el de las denominaciones de las regiones en Chile. Desde 1974, en tiempos de Pinochet, las regiones se denominaron por un número, que se escribía en grafía romana. Este año por fin esta práctica ha terminado y recuperan su nombre regional, sin esa fría mención numérica como de región militar. No me digan que no es mucho más bonito decir que uno va a visitar Antofagasta que la Región II, o que pasará sus vacaciones en Bio-bio o la Araunacía o Los Ríos, que en la región octava, novena o decimocuarta.

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