Un refugio en tierra para los marinos

El Club Stella Maris opta a un premio internacional por ayudar desde hace más de sesenta años a la gente de la mar

Un reportaje de José Basurto - Sábado, 5 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Un marino juega al billar en las instalaciones del Club Stella Maris en el puerto de Santurtzi.Foto: Oskar González

Un marino juega al billar en las instalaciones del Club Stella Maris en el puerto de Santurtzi.Foto: Oskar González

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Un marino juega al billar en las instalaciones del Club Stella Maris en el puerto de Santurtzi.Foto: Oskar González

JOSÉ María Jiménez sabe muy bien lo que es llegar a un puerto y sentirse solo. Navegó como capitán de la marina mercante por medio mundo en navieras extranjeras. Quizá por eso lleva muchos años vinculado al Club Stella Maris, una asociación sin ánimo de lucro que ayuda en todo lo que puede a los marinos cuando desembarcan. Aunque hay Stella Maris por todos los continentes, el de Santurtzi es, junto al de Rotterdam y Hamburgo, uno de los de mayor prestigio en Europa. De hecho, este año opta al premio al mejor centro internacional de marinos que concede Iswas, una asociación que se dedica al bienestar del marino.

José María, que preside el club desde hace dos años, confiesa que “cualquier marino de mi edad (tiene 72 años) te habla maravillas de Stella Maris, de lo que supuso para nosotros cuando navegábamos”. Para agradecer ese apoyo y acompañamiento que recibieron en su día, la gente relacionada con el mar que hay en Bizkaia mantiene vivo el espíritu y los servicios de una organización que nació por iniciativa de la Iglesia católica.

Los tiempos han cambiado y las necesidades de los marinos también. Eso lo puede certificar Arantza Astigarraga, que lleva 32 años trabajando en el International Seamen’s Club Stella Maris. Ella es la administradora, la responsable de que todo funcione. “Nosotros nos hemos tenido que ir adaptando a las necesidades de los marinos”, cuenta Arantza, “porque antes venían principalmente para hablar por teléfono o para utilizar los ordenadores, pero ahora nos piden wifi”. Además de la conexión a la red, el Stella Maris,ubicado en un edificioen terrenos del puerto de Santurtzi, les proporciona un servicio de transporte gratuito a los barcos, que es muy demandado por los marinos. “Hay que tener en cuenta que tanto en invierno, por el frío o la lluvia, como en verano, por el calor, es muy desagradable atravesar el puerto andando y además, muy peligroso”, señala Arantza. Subraya que “las distancias en el puerto son considerables, sobre todo si el barco atraca en Sollano o Punta Lucero”. Pero para ello está un minibus que acerca a las tripulaciones a la sede del club y les devuelve a sus puestos de trabajo.

ServiciosUna vez que llegan a las instalaciones del Stella Maris, los marinos cuentan con un servicio de cafetería, un pequeño bazar en el que se ofrecen pequeños artículos de aseo o de regalo, biblioteca, una sala de juego con billar y ping-pong, una cancha de baloncesto y futbito, con su correspondiente vestuario y una capilla. Hay que recordar que Stella Maris surgió a nivel mundial del Apostolado del Mar, una institución creada por la Santa Sede. Pero sobre la religión “también se ha evolucionado, como la sociedad”, afirma Arantza. Ya son pocos los marinos que demandan un servicio religioso. “Cuando tenemos alguna necesidad de este tipo, sobre todo por parte de los filipinos, que en su mayoría son católicos, les ponemos en contacto con el párroco de San Jorge de Santurtzi”, señala Arantza;aunque deja bien claro que el Club Stella Maris es un “centro ecuménico en el que se respetan todas la religiones”. En este sentido, cuenta la anécdota de que a unos marinos musulmanes les tuvieron que facilitar una alfombra para que pudieran realizar sus rezos de cara a La Meca en el salón de la cafetería.

El punto de encuentro de los marinos en Santurtzi también sirve para ofrecerles todo tipo de información. “Somos como una oficina de turismo”, dice Arantza, “en el que les facilitamos planos de Bilbao, del puerto o les informamos del Guggenheim, aunque también nos preguntan por centros comerciales o El Corte Inglés”. ¿Y sobre el barrio chino preguntan? “Aquí preguntan de todo, esto es como la vida misma, pero trasladado al sector del mar”, contesta. Pero lo que más agradecen los marinos es la compañía, la charla. “En una ocasión vino aquí un marino europeo que navegaba en un barco en el que toda la tripulación era asiática y lo único que quería era hablar con europeos, así que pedía una cerveza y se ponía a hablar con nosotros”, recuerda Arantza. Y en inglés, claro, que es el idioma internacional del mar. Pero eso no significa que todo el mundo se entienda “porque el inglés se habla de muchas maneras, como el castellano”.

El inglés, precisamente, fue lo que le hizo a José María Jiménez, presidente del Club Stella Maris de Bilbao, embarcarse en buques extranjeros nada más terminar la carrera de Náutica. “Al principio pasé las de Caín, pero luego me fue bien”, recuerda desde su despacho de la agencia marítima que creó tras dejar la navegación en barcos escandinavos. De sus años en la mar se queda con los buenos ratos que pasó en los Stella Maris. “Llegabas a un puerto y todo el mundo iba allí porque te juntabas con otros marinos y si te tenías algún problema te ayudaban;era un lugar en el que te sentías seguro”, rememora. Igual que ahora. En eso no se ha cambiado.

Flujo de marinosLo que sí ha variado es el flujo de los marinos y el tiempo que pasan en las instalaciones del Stella Maris. “Los marinos siguen bajando del barco cuando llegan a puerto”, señala José María, “pero el problema de hoy en día es que cada vez hay menos gente en los barcos”. Cuando él navegaba, “hace cuarenta años”, los barcos llevaban una tripulación de entre 31 y 35 personas, “y ahora van 14 como mucho”, dice. Por otra parte, “actualmente los barcos cargan y descargan en un día y no les da tiempo a nada”. Arantza confirma que los jueves, por ejemplo, apenas se acercan marinos hasta el Stella Maris porque “es día de contenedores y descargan muy rápido”. Aun así, el centro de Santurtzi siempre tiene visitantes.

“En 2017 pasaron por aquí 7.000 marinos”, dice Arantza, “pero hemos tenido años en los que han llegado a pasar 11.000 marinos”. Entre esos miles apenas pasaron cinco mujeres. La cifra de visitantes bajó ostensiblemente durante los años de la crisis, que también afectó y mucho a la marina mercante.

El perfil del visitante también ha cambiado. “Lo que más hay son filipinos y de Europa del Este”, resalta Arantza, “y muy pocos nacionales”. Le llama la atención cuando llega al centro un marino gallego, al que le habla en inglés, pero enseguida descubre que es de la península. Ese es otro de los problemas, el de la falta de vocaciones, “pero ese es otro debate”, dice José María Jiménez. Y solo aporta un dato: “Hace poco hicimos una encuesta y no llegaba ni al 5% la gente que navega después de salir de la Escuela de Náutica”.

Como presidente del Stella Maris lo único que le preocupa es que en el consejo del club no hay relevo generacional. Actualmente está formado por capitanes, navieros y algún profesor de la Escuela de Náutica. El club se mantiene gracias a la Autoridad Portuaria, que les cede las instalaciones y cubre los gastos de mantenimiento, y a las aportaciones de las navieras y consignatarias. “Sin ellos no podríamos hacer nada”, señalan ambos. Gracias a esas donaciones, los marinos que llegan al puerto de Bilbao tienen un lugar que brinda “acogida, amistad y afecto”. Y está abierto los 365 días del año. El refugio nunca cierra

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