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ETA YA ES HISTORIA

La memoria a pie de calle

Una cuadrilla de siete bilbainos recuerda cómo vivieron en su juventud las décadas de mayor actividad de ETA y habla sobre el nuevo tiempo que llega a Euskadi con su anunciada disolución

Un reportaje de Araitz Garmendia - Viernes, 4 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Fernando, María Jesús, Joaquín, Iñaki, Toño, Francisco, Tano y Ángel, en el Casco Viejo de Bilbao. Fotos: Jose Mari Martínez

Fernando, María Jesús, Joaquín, Iñaki, Toño, Francisco, Tano y Ángel, en el Casco Viejo de Bilbao. Fotos: Jose Mari Martínez

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Fernando, María Jesús, Joaquín, Iñaki, Toño, Francisco, Tano y Ángel, en el Casco Viejo de Bilbao. Fotos: Jose Mari Martínez

Hoy, antes de salir de casa, nos preguntábamos cómo le contaríamos a nuestros hijos todo lo que hemos vivido durante tanto tiempo”. Este era uno de los interrogantes planteados por Joaquín, Iñaki, Fernando, María Jesús, Toño, Tano, Francisco y Ángel. Todos los miembros de esta cuadrilla estudiaron juntos cuando eran jóvenes, y vivieron en primera persona las duras décadas de los 70 y los 80. Eran los llamados años de plomo, cuando ETA llevó a cabo numerosos asesinatos, a lo que se sumó la actividad de los GAL y del Batallón Vasco Español.

Estos siete vizcainos vivían entonces sus años de universidad y salían por el Casco Viejo bilbaino, “una zona completamente diferente” del resto de la ciudad, donde hubo atentados, manifestaciones y persecuciones con la Policía. “También había muchos jaleos en Licenciado Poza y en la zona de Ledesma”, recuerdan. “Fueron años de mucho miedo y de muchísimo silencio”, aseguran. Uno de los miembros de esta cuadrilla, Tano, recuerda detalles como que en las fruterías “tenías que tener cuidado de cómo colocabas los alimentos para que los colores no fueran los de ciertas banderas. Así, mi padre ponía en el escaparate con mucho cuidado las frutas y verduras”. De hecho, afirma que “esa fobia cromática todavía existe hoy en día, hay camisetas que mezclan algunos colores de manera que no se venden”.

Una de las fechas que mejor recuerdan es el 20 de diciembre de 1973, cuando la banda terrorista realizó su mayor golpe de efecto con el asesinato del almirante Carrero Blanco, en un espectacular atentado en la calle Claudio Coello de Madrid. “En aquellos tiempos había un bar, el famoso Mikeldi, que se encontraba enfrente de la comisaría, en la calle María Muñoz. Juantxu, el hombre que regentaba el bar, el día que murió Carrero Blanco colocó un cartel que decía Hoy solo se sirve vino tinto, el Blanco está por las nubes y ¡menuda se lío en las Siete Calles!”, explican. En aquel bar rememoran que “cada dos por tres había redadas y sacaban a la gente a la calle contra la pared”.

Al año siguiente, concretamente el 13 de septiembre de 1974, ETA llevaba a cabo el primer atentado masivo, en el que murieron doce civiles y otros ochenta resultaron heridos en la explosión de un artefacto en la cafetería Rolando, en la calle Correo de Madrid, junto a la Dirección General de Seguridad. Fue entonces cuando se abrió un debate interno ya que se produjo la primera escisión importante en la organización: los “milis” de ETA militar, partidarios de la insurrección popular, y los “polimilis” de ETA político militar, que apuestan por la violencia selectiva.

“En esta historia existen dos momentos completamente distintos. Uno es antes de la muerte de Franco, y otro es el tiempo que vino después”, relatan, ya que, de hecho, “hasta 1978 o 1979 era muy discutible la función de ETA, aunque a partir de finales de la década de los 70 hubiese sido mejor que parasen su actividad”, opina esta cuadrilla.

Sin embargo, la actividad terrorista no cesa con la muerte de Franco: los últimos años de esta década fueron especialmente sangrientos, con atentados que sumaron la muerte de más de un centenar de personas. “Los jóvenes no han vivido todo aquello, pero fueron tiempos de represión muy dura, de mucho miedo en la calle y no solo por lo que te pudiese pasar a ti, sino por lo que puede ocurrirle a tu familia”, dicen.

En la década de los 80, ETA recrudece su ofensiva para forzar las negociaciones con el Gobierno español y realiza varios atentados masivos, como el del 15 de julio de 1986 en el que mueren 12 agentes de la Guardia Civil al explotar un coche bomba en la plaza de la República Dominicana de Madrid, o el del 18 de junio de 1987, cuando estalló otro coche bomba en el parking del centro Hipercor de Barcelona, dejando 21 muertos y 45 heridos. “Nuestra generación ha vivido Mayo del 68, el franquismo, la aparición de ETA... y venimos de unos padres que pasaron una guerra. Hemos sufrido mucho”, aseguran.

En cuanto a las nuevas generaciones, tienen claro que “hoy en día creemos que los jóvenes hablan mucho menos de política que nosotros. No sabemos si es que no les interesa, o es que no se abren para tratar el tema, pero es un asunto de importancia”. “Ellos captan cómo piensan unos y otros por sus actos simbólicos, saben por dónde respira cada uno pero no dan ese salto a discutir o a hablar. Nosotros, en cambio, hablamos mucho más de todo, quizá porque hemos sufrido muchísimo más que ellos, hemos visto grandes injusticias a lo largo de nuestra vida”, explican. Sin embargo, son conscientes de que “el tiempo histórico ha cambiado. Entre nosotros, por ejemplo, cada uno piensa de una manera completamente diferente, pero también tenemos muchas cosas en común, muchas cosas que nos unen, y podemos discutirlas con toda tranquilidad. Hemos sido compañeros desde que éramos unos chavales, cada uno con su modo de pensar, y aquí seguimos reuniéndonos”. Ahora, en cambio, “parece que los jóvenes se adhieren rápidamente a un planteamiento, piensan como unos u otros, pero no se cuestionan tanto las cosas. A nosotros nos ha tocado vivir lo que nos ha tocado, y no hubiésemos querido nacer en otro tiempo. Somos así por todo lo que hemos experimentado”.

Lo cierto es que, según este grupo de bilbainos, “por las relaciones que se establecen entre la gente o por los vecinos que tienes en el barrio, todos conocemos a alguien que ha salido perjudicado o al que le han afectado de alguna manera estos acontecimientos”. Con la vista puesta en el futuro, con la disolución anunciada por la banda terrorista, esta cuadrilla no cree que el debate termine aquí: “A mucha gente le interesa que se siga hablando de todo esto, por diferentes motivos”.

Desde el exteriorLos medios de comunicación fueron la mirilla por la que el resto del Estado veía lo que estaba sucediendo en Euskadi. Rosario e Isaac, dos madrileños, recuerdan cómo recibían las noticias desde Madrid. “Se notaba que ETA tenía mucha fuerza en el País Vasco, pero creemos que la banda terrorista ha terminado su actividad cuando los vascos han querido, no es que haya sido derrotada”, afirman. Isaac, que pasaba temporadas en la capital vizcaina por motivos laborales, explica que “todo estaba muy mediatizado, nosotros solo podíamos informarnos por lo que veíamos en televisión o por lo que leíamos en los periódicos”.

Elena, de Bilbao, agrega que “cuando los vascos íbamos a otro lugar, te veían la matricula y te marcaban el coche, teníamos muy mala imagen en el resto del país”. “Han muerto muchas personas, y yo me considero apolítica, pero cuando vives ciertas cosas es inevitable formar tu propia opinión”, agrega.

En las calles de aquel Bilbao de los 80 vivía Francisco Javier. “Había muchas manifestaciones por la ciudad, sobre todo por el Casco Viejo. Aquí se vivieron muchas korrikascomo yo las llamo, con las furgonetas de la Policía. Desde el exterior parecía que la gente creía que íbamos con la pistola en la mano. De hecho, cuando estabas de viaje en otra ciudad y decías que eras del País Vasco, lo primero que te preguntaban era si eras de ETA”, señala.

La disolución es la mejor noticia para vecinos de Bilbao como Alberto. “Fueron años muy duros en esta tierra, y creo que su desaparición es la mejor decisión que pueden tomar para el futuro de este país”. En cambio, Felipe y Ana, un matrimonio bilbaino, señalan que hay otros elementos que no se disuelven a pesar del tiempo: “La situación que vivimos es heredera de todo lo anterior. Tristemente, el franquismo sigue existiendo, a través de sus instituciones o a través de la figura del rey, escogido por Franco”.

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