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Eder Vilarchao Exjugador del Betis y ex en las categorías inferiores del Athletic

Eder Vilarchao: "Lloré todos los días durante tres años"

Tuvo que colgar las botas a los 25 años, casi tres después de sufrir una grave lesión con el Betis. Hoy en día Eder Vilarchao, con pasado en Lezama y que debutó en Primera con el conjunto bético, entrena al primer juvenil del Danok Bat

Una entrevista de Pako Ruiz - Miércoles, 2 de Mayo de 2018 - Actualizado a las 07:49h

Eder Vilarchao.Fotografía de José Mari Martínez

Eder Vilarchao.Fotografía de José Mari Martínez

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Eder Vilarchao.Fotografía de José Mari Martínez

Bilbao - Eder Vilarchao (Bilbao, 6 de febrero de 1990) se siente curtido a causa de los golpes que le ha dado la vida como futbolista. El de Santutxu se expresa como un libro abierto y repasa lo que ha tenido que sufrir cuando el 23 de enero de 2013 se rompió el tobillo izquierdo en un entrenamiento diez días después de haber debutado en Primera División con el Betis, momento en que todo le sonreía. La fatalidad le llegó aquella mañana en el cálido invierno de Sevilla. Fue el inicio de un largo calvario que le llevó a anunciar su retirada el 18 de noviembre de 2015, cuando tuvo que decir basta. Varias operaciones, consultas con los mejores médicos especialistas, duras sesiones de rehabilitación… En balde.

No hubo manera de recuperarse y volver a jugar en la élite. Vilarchao, que compitió en las categorías inferiores del Athletic entre 2000 y 2012 y cuyo rojiblanco referencia era Fran Yeste (“Tenía muchas similitudes con él como jugador”), dirige al primer juvenil del Danok Bat y su deseo es triunfar en los banquillos después de que aquella grave lesión le impidiera hacerlo como futbolista. El sábado acudirá a San Mamés para presenciar a sus dos equipos del alma y que, según reconoce, encarnan en este momento la noche y el día.

¿Qué recuerdos le vienen a la cabeza cinco años después de sufrir la grave rotura de su tobillo izquierdo que le obligó a colgar las botas?

-Toda la vida intentando llegar a Primera División y conseguirlo, estar dos partidos, creo que a buen nivel, y que te ocurra un golpe como ese no es del agrado de nadie. Lo guardo como una experiencia bonita en algunos aspectos, han pasado cinco años y la verdad es que lo recuerdo en lo bueno y en lo malo.

Debutó en Primera con el Betis ante el Levante, jugó después en Copa frente al Atlético de Madrid en el Vicente Calderón y de repente se rompen sus sueños de manera tan abrupta. ¿Cómo se digiere semejante situación?

-Un chaval de 22 años que debuta en el Betis, que está lejos de su casa, juega dos partidos, lo hace bien y que se lesione en un entrenamiento resulta muy duro. No me podía imaginar tal escenario, llegar y lesionarme de por vida. Son cosas que pasan y me lo tomo de la mejor manera posible. He conseguido debutar en Primera División, que es el sueño de muchos niños y me quedo con ello.

¿En qué o en quiénes se apoyó esos días?

-Era la primera vez que salía de casa, me veo en Sevilla con 22 años y me ocurre una lesión de esa gravedad. Lloré prácticamente todos los días durante tres años, intentaba volver a entrenar y me dolía. Me levantaba llorando. Son sensaciones muy duras, pero a medida que va pasando lo vas superando y con ayuda de mi novia en ese momento, de su familia y de mi familia que viajaba a Sevilla, iba tirando adelante.

¿Cómo se rompió?

-Fue en un entrenamiento en una jugada rápida con Salva Sevilla, compañero que ahora milita en el Mallorca (Segunda División B). Era un uno contra uno, apoyé el tobillo con todo el peso del cuerpo, me caí, me rompí y directamente al hospital. A los dos día pasé por el quirófano.

¿Por qué no llegó a recuperarse?

-Fue un cúmulo de cosas. La operación, pese a que se dijo que había ido de maravilla, no fue del todo certera. Era una operación complicada, al principio fue la tibia la que rompí, luego ya es cuando vino lo del cartílago. No tenía cartílago y chocaba hueso con hueso al no poder regenerarse, y eso para los futbolistas es una lesión que te mata, no te deja competir, hacer prácticamente nada. Después de tres operaciones, visitar al doctor Mikel Sánchez y a los mayores especialistas no se pudo recuperar.

Por lo que dice, ¿hubo algún tipo de negligencia médica?

-No. Le lesión de tibia no fue limpia, sino abajo, a la altura del tobillo. Al ponerse los tornillos se tocó el cartílago y creo que al empezar a entrenar antes de tiempo… No hecho las culpas a los médicos, salió así y ya está, tocaba asumirlo.

¿Albergó en algún momento la posibilidad de volver a jugar?

-Por supuesto. Soy un cabezón y estuve trabajando hasta que anuncié mi retirada para volver a jugar. Ni se me pasaba por la cabeza colgar las botas, hasta que vi que era imposible apoyar… Entrenaba con muchísimo dolor y pensando día a día en la recuperación, pero hay que ser realista y llega un momento en que te das cuenta de que tu tobillo no va bien. Lo mejor fue dejar el fútbol, dejar de sufrir yo, los médicos del club y todos los que me rodean.

Jugó aquel último partido del viejo San Mamés con la selección de Bizkaia. ¿Pensó que podría un punto de inflexión para volver a jugar en el Betis?

-Sí. Me lesioné en enero y estaba centrado en la próxima pretemporada. De hecho la hice y empecé con todos. Fuimos a Alemania, jugué varios amistosos, la verdad que con dolor, intentaba aguantar, pensaba que era lo normal y no concebía la retirada. Pero después de un montón de entrenamientos, un montón de visitas médicas, te das cuenta de que es imposible.

Anunció su retirada dos años y medio después de la lesión. ¿En qué punto dijo ‘hasta aquí llego’?

-Agoté todas las opciones. Había gente que me decía que me retirara meses después de la primera operación. Yo siempre respondía que no, que creía que podía jugar… Me quedo con la sensación de que ya no podía hacer más tras visitar a los mejores médicos. Me quedé tranquilo por haber hecho todo de mi parte. Dos meses antes de anunciarlo hablé con mi familia y dije que basta ya.

¿Qué papel jugó el Betis?

-El Betis era consciente de lo que estaba pasando y quedamos todos de acuerdo en que no se podía hacer más.

¿Continúa dando vueltas a lo que podría haber sido en el fútbol si no hubiera sufrido semejante calvario?

-Evidentemente. Soy un chico que desde pequeño he confiado en mí, confiaba en llegar a Primera División, tuve que luchar mucho para ello, pero lo conseguí y una vez que estás ahí arriba confiaba en mis condiciones para hacer una bonita carrera. No se puede dar otra vuelta porque nunca lo vamos a saber.

¿Se quedó en el camino un futurible jugador del Athletic?

-Siempre he sido del Athletic. Siempre estaré agradecido al Betis porque me hizo debutar, pero claro que me hubiese encantado jugar con el Athletic.

Cuando debutó con el Betis se comentó que podría volver a Lezama. ¿Hubo algo de cierto en ello?

-Así fue. Sabemos que el mercado del Athletic está muy limitado y tiene poco margen para fichar. Por medio de mi representante sé que se habló de algo y que podía ser factible. Ocurrió lo de la lesión y se truncó.

Porque Eder Vilarchao tiene pasado en Lezama. ¿Qué rememora de su experiencia en la factoría del Athletic?

-Fue una etapa muy bonita. Entré con nueve años en el alevín y pasé unos cuantos años en la cantera, con una cesión al Santutxu en juveniles y vuelta al Basconia en Tercera División. En Lezama me enseñaron los valores, donde crecí como persona y como jugador. Es un club que te lo da todo, con unos medios impresionantes y he tenido el privilegio de poder disfrutarlos.

¿Quién le marcó en Lezama?

-Me quedo con todos. Con Kike Liñero… con lo mejor de todos los entrenadores. Kike me entrenó en el alevín A y me marcó mucho. Fue un año bonito porque teníamos el torneo de Brunete de Canal Plus y Kike era un entrenador que nos aplicaba una intensidad enorme, con unos métodos que me gustaron y fue muy fructífero.

¿Cómo se gestó su salida de Lezama?

-No me comunicaron que iba a ser baja. Salió más de mi parte, porque quería progresar. Hice dos años muy buenos en el Basconia y me ofrecían otro año más. Creía que tenía que dar el paso de jugar en Segunda B y el Athletic no me lo ofrecía. Surgió la opción del Sestao River, donde estuve un año increíble. Me salió de maravilla, cogí una buena temporada y di el salto al Betis B, en el que estuve cuatro meses antes de debutar con el primer equipo.

¿Qué le supuso ese último año y medio, cómo se reinventó como jugador?

-He sido, creo, un jugador con talento, pero físicamente era más débil que los demás. Me faltaba ir al choque, pelear, cosas que en Lezama no llegué a aprender porque ganábamos tan fácil y éramos tan superiores a los rivales. Faltan cosas que en otros clubes puedes aprender, como en el Sestao, donde me rodeé de jugadores veteranos. Luego exploté en el Betis.

¿Cuándo le comunicó Pepe Mel que iba a jugar con el Betis?

-Jugué media temporada en el filial y antes de irme de vacaciones en navidades, me dijo que a la vuelta ya no entraba más con el Betis B y que iba a empezar con el primer equipo. Me lo tenía que jugar en las convocatorias. A los tres días estaba convocado frente al Levante, en el que jugué mis primeros minutos. Al partido siguiente jugué en el Calderón y salí titular. También fui convocado ante el Athletic en el Villamarín, pero no llegué a jugar.

Y coincidió con Beñat.

-Es curioso que tanto Beñat como yo hemos dado vueltas para recalar en el Betis y en su caso volver al Athletic, cuyo deseo vi frustrado por la lesión.

¿Le sorprende este Betis?

-No, porque algún año tenía que llegar. Es un club en el que, pese a sus malos momentos, se han ido haciendo las cosas bien y tenía que llegar el año de la confirmación.

El Athletic está en las antípodas.

-Está sufriendo. Tengo mi corazoncito y me da mucha pena que un club como el Athletic esté como está, sin patrón de juego, sin resultado y lo cierto es que no me gusta lo que veo.

Entrena al juvenil de Honor del Danok Bat. ¿Su futuro está en los banquillos?

-Estoy aprendiendo un montón. Necesitaba estar en un vestuario, de las cosas que echo de menos de mi época de jugador.

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