fórmula 1

Hamilton choca con la victoria

Se alía con los sucesos para ganar por sorpresa en azerbaiyán y verse como nuevo líder del campeonato

Eduardo Oyarzabal - Lunes, 30 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

El inglés Lewis Hamilton pilota por las calles azerbaiyanas.Foto: Afp

El inglés Lewis Hamilton pilota por las calles azerbaiyanas.

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El inglés Lewis Hamilton pilota por las calles azerbaiyanas.Foto: Afp

bilbao- Sebastian Vettel se las gastaba feliz en el Gran Premio de Azerbaiyán. Agotadas cuarenta de las 51 vueltas programadas gozaba de más de siete segundos de ventaja sobre Lewis Hamilton, segundo el inglés, a pesar de que Bottas era líder provisional aunque pendiente de completar una parada en boxes que relegaría al finlandés al tercer lugar. O sea, se intuía un podio semejante: Vettel, Hamilton y Bottas, en orden de escalada al cajón. La postal era idílica para el alemán de Ferrari. El sueño de una noche angelical. Un brindis al viento de Bakú.

En la era contemporánea de la Fórmula 1 hay una disparatada figura acostumbrada a congregarse con los diablos. A formar akelarres en pista. Un joven cuyo talento se agita con la temeridad en una explosiva coctelera que transforma las carreras como Copperfield hace aparecer o desaparecer ilusiones. Max Verstappen. Mad Max, que le dicen;por algo será. Dinamita para los pollos. Protagonista por polémico en los últimos tiempos. Desfasado y sin yugo.

En el giro cuarenta, un doble cambio de dirección de Verstappen inmerso en plena frenada transformó a su compañero Ricciardo en un tomahawk. El australiano trataba de adelantar con la virtud del ritmo y la ventaja del rebufo, y el holandés le taponó con contravolanteos. Resultado: Red Bull contra Red Bull. Ricciardo, aunque irreprochable en su intento, hizo de escoba. Los dos monoplazas volaron por los aires.

Ambos, Ricciardo y Verstappen, fueron hasta entonces superando el fratricidio, sobreviviendo a los obstáculos que sembraban dos tipos con intereses comunes: el beneficio de su escudería. El equipo, Red Bull, responsable al fin y al cabo de los devenires, dejó obrar a ambos, Ricciardo desde el respeto, Verstappen desde la insensatez. En esa vuelta cuarenta, el australiano, hastiado porque era más rápido que el holandés, cansado del cepo Verstappen, se lanzó al horizonte como misil tierra-aire. En una maniobra ilegal de Verstappen, negado a ceder, caducó el duelo. Explosión. Patas arriba la carrera. Ricciardo, elegante y sigiloso en su proceder, había perdido la paciencia. Asumió riesgos.

Los dos monoplazas Red Bull, roces previos mediante y sin freno jerárquico, se fueron al carajo. Con ellos, la victoria de Vettel, el gran damnificado de Azerbaiyán. Horner, Marko..., los jefes del garaje del equipo alado, no evitaron el asunto y sucedió lo previsible. Lo imprevisible llegó después, cuando apareció el segundo safety car de la tarde y, como por arte de magia, Bottas se veía liderando la cuarta cita del calendario. El paso por boxes general le posó en el insospechado liderato, secundado por Vettel y más tarde por Hamilton. Bueno, males menores, podía pensar Vettel;el alemán seguía engordando su diferencia desde el trono del campeonato.

Pero la locura, global ya desde los primeros metros de la carrera, con hasta seis incidentes perceptibles desde las pantallas , dio rienda a un grado mayor de locura -fe dan los siete abandonos totales-. El vórtice Red Bull ganaba anchura arrasando con todo lo establecido y asentado hasta el momento. Cambio de tercio.

En el marco de dicho safety car, Grosjean aparcó su experiencia y ejerció de novel: se estampó contra el muro tratando de mantener calurosos sus neumáticos. El coche de seguridad prolongaba así su estancia en pista. Se iban consumiendo vueltas impracticables;Bottas se frotaba las manos. Menudo chollo, pensaría.

hamilton, por descarteEn la vuelta 47 se relanzó la carrera. En esos primeros metros Vettel, rebelde sobre la concesión de la victoria, vio en la primera curva posible el hospedaje de su gloria cedida. Atacó. Pero se pasó de frenada. El exceso, la insensata ambición, le dejó cuarto, su irremediable posición definitiva. Los Mercedes copaban la prueba. Y de pronto, ¡booom!, reventón de neumático del bólido de Bottas. El asfalto era la tabla de clavos de un faquir producto de los múltiples incidentes. Los restos de los coches eran filos suizos. De repente, ¡oh!, Hamilton se veía líder. Sí, líder. ¿Sueño con ojos abiertos? Cuestión de descartes.

O sea, para alzarse el inglés se sucedió el accidente entre Red Bulls, el consiguiente safety car que benefició a Bottas y que propició el exceso de Vettel, y después el pinchazo de Bottas. ¡Bingo! Premio en el casino de Bakú. Ganancia para Hamilton (1º), Raikkonen (2º), Checo Pérez (3º), Sainz (5º), Leclerc (6º y piloto del día) y Alonso (7º). Más de lo que cabía esperar.

No obstante, en este pelotón afloraron la destreza de las manos. Carlos Sainz pilotó brillante, batiéndose con los Red Bull y rebasándolos en pista. Lo que da cuenta del progreso del equipo Renault, estructura que ya es asidua a la conquista de puntos. El madrileño fue quinto pero llegó a ilusionarse con el podio en el fragor de la batalla con los Red Bull.

Fernando Alonso tampoco se camufló en la discreción. Alcanzado por Sirotkin en el amanecer de la carrera, y el ruso tocado a su vez por Hulkenberg -la escena, como la de un pinball-, alcanzó la meta con un McLaren dañado desde la primera vuelta y viéndose 17º. Fue uno de los incidentes que provocó la aparición del primer coche de seguridad. Desde la 12ª pintura, no está nada mal. Pero, sin duda, fue pescador de río revuelto. Insuficiente para la fábrica británica, a juzgar por el hecho de que ya ruedan cabezas. La de Tim Goss, director técnico responsable del chasis.

Vettel soñará con el safety car que le privó de la victoria, pero pudo apañarlo con un segundo puesto que perdió por causa propia. Sin esos puntos y el triunfo de Hamilton, el inglés se alza nuevo líder del campeonato. Cuatro puntos le distancian del alemán.

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