Unicaja Málaga 93-78 Bilbao Basket

Encomendados a un milagro

El Bilbao Basket, voluntarioso pero irregular y con demasiadas piezas en su versión más floja, cae en Málaga y se queda a dos partidos de la salvación a falta de cuatro jornadas

Jon Larrauri - Lunes, 30 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Jonathan Tabu, Shane Hammink y Dejan Todorovic tratan de arrebatar un balón a Dani Díez. Reportaje fotográfico: ACBPhoto/M. Pozo y Efe

Jonathan Tabu, Shane Hammink y Dejan Todorovic tratan de arrebatar un balón a Dani Díez. Reportaje fotográfico: ACBPhoto/M. Pozo y Efe

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Jonathan Tabu, Shane Hammink y Dejan Todorovic tratan de arrebatar un balón a Dani Díez. Reportaje fotográfico: ACBPhoto/M. Pozo y Efe

BILBAO- Un milagro. Que sean las divinidades las que arreglen lo que los terrenales han estropeado, más incluso en los despachos que en la cancha todo sea dicho. Ese es el único hilo, finísimo, prácticamente imperceptible, que une al Bilbao Basket con un futuro en la Liga Endesa. Porque a día de hoy pensar en la salvación de los hombres de negro es hacerlo en un fenómeno paranormal, en un Expediente X, porque si se mira el panorama -desolador- aplicando un mínimo de racionalidad la catástrofe deportiva -¿e institucional?- parece inevitable. Hace meses eran las calamidades de sus rivales los que libraban a los dirigidos por Veljko Mrsic del abismo, pero hace semanas que incluso la fortuna, en forma de mal de muchos, les ha dado la espalda. Ayer ocurrió todo lo peor que podía ocurrir. Derrota de la escuadra vizcaina en Málaga, victoria del Joventut de Carles Duran, una más, ante el Valencia Basket y, sobre todo, éxito del Tecnyconta Zaragoza ante el Betis Energía Plus. ¿El resultante de este cóctel letal? La salvación queda a dos partidos (los maños tienen un triunfo más que los vizcainos y el average a su favor) a falta de cuatro jornadas. Lo dicho, un milagro para un equipo que solo ha ganado dos de sus últimos catorce duelos y que no triunfa fuera de casa desde hace más de seis meses.

Pensar en sacar algo positivo de la visita de ayer al Unicaja era una quimera. Se pedía ser, al menos, competitivo y el conjunto vizcaino lo fue, aunque de manera inconexa, insuficiente. Horrible arranque en los tres minutos inaugurales, recomposición hasta el descanso, descenso a los infiernos en un horrible tercer cuarto y un final digno. El guion, aunque con matices temporales, es de sobra conocido para un grupo humano que ha caminado todo el curso de la mano de la falta de continuidad en su rendimiento. No puede ser de otra manera cuando, como ayer, fallan demasiados componentes del núcleo duro. Es ya conocido por todos que piezas como Ben Bentil o Shane Hammink no están para tirar del carro, ni siquiera para acompañar en el intento, pero cuando además no hay noticias de Dejan Todorovic, Jonathan Tabu, Axel Hervelle o Mickel Gladness... Entre estos cuatro componentes del quinteto inicial sumaron nueve puntos. ¿Cómo se puede funcionar así cuando a estas alturas de curso, y más en las circunstancias del Bilbao Basket, es imprescindible tener referentes claros y bien definidos? Así, el notable partido de Álex Mumbrú, escoltado por Javi Salgado, Pere Tomàs, Lucio Redivo y Devin Thomas, sirvió para muy poco. Curiosamente, este quinteto jugó enterito el último cuarto. Mal asunto estas fracturas tan radicales.

El encuentro se puso muy cuesta arriba para los intereses del Bilbao Basket en apenas 60 segundos. Cinco puntos seguidos de Dani Díez y un triple de Salin tras robo en el saque de fondo bilbaino colocó un 8-0 de salida imposible de corregir de inmediato por dos circunstancias: el tremendo acierto del Unicaja desde la línea de 6,75 y su insultante superioridad en el rebote. Bajo esas circunstancias, los de Joan Plaza apenas necesitaron cuatro minutos para conquistar una renta de dos dígitos (14-4). Pero los de Mrsic no se vinieron abajo por mucho que el rival metiera casi todo lo que lanzaba y pese a que Hervelle y Tabu cometieron pronto su segunda personal. La salida a escena de Redivo revitalizó a los hombres de negro. El de Bahía Blanca compareció tremendamente enchufado desde la línea de 6,75 y sus 11 puntos en un abrir y cerrar de ojos, con triple sobre la bocina y con rectificado en el aire incluido, valieron para cerrar el primer cuarto con un digno 30-23. El caudal de puntos encajado era incompatible con las intenciones de fabricar un duelo competido por parte de los visitantes, pero el 5 de 7 en triples y el diferencial 11-4 en el rebote a favor de los andaluces desnivelaban la balanza. Pero con Salgado moviendo muy bien la bola, Mumbrú acertado desde la larga distancia, Hammink finalizando bien a la contra y Thomas aportando algo de picante, el Bilbao Basket se rearmó. Anestesió a un Unicaja que fio demasiado su suerte al tiro exterior y poquito a poquito fue recuperando su desventaja. Un notable parcial de 3-10 sirvió al conjunto bilbaino para colocar el empate a 38 a 4:33 del descanso, obligando a Plaza a llamar a capítulo a los suyos. El toque de atención funcionó. La defensa anfitriona recuperó el brío del tramo inicial y limitó a solo cuatro puntos hasta el ecuador de la contienda a un Bilbao Basket que trató de no perder comba desde el trabajo de trincheras, pero un par de errores aprovechados por Mirosavljevic hicieron que el Unicaja recuperara algo de aire (49-42) antes del primer viaje a vestuarios.

El desplome El Bilbao Basket limitó a cinco puntos al Unicaja en los cuatro primeros minutos del tercer cuarto. ¿El problema? Que los de Mrsic ni siquiera notaron. Un par de triples liberados de Tabu y Hammink que no encontraron red, una bandeja de Mumbrú escupida por el aro, otra contra floja del holandés... Así, los de Plaza apenas tuvieron que esforzarse para llegar al 54-42.. El capitán, notable, intentó liderar la resistencia con su acierto triplista, pero dos balones fallados por Gladness debajo del aro sacaron de sitio a los hombres de negro. La desesperación y las prisas ganaron terreno al temple y a la constancia y a la compostura de los de Mrsic se le fundieron los plomos a dos minutos de la conclusión de ese tercer acto. Tras caminar sobre el alambre durante un buen rato (59-50), los visitantes encajaron un duro 14-2, con técnica a Mrsic por el camino, y se acabó lo que se daba. El 73-52 a diez minutos del final era un castigo excesivo para un equipo voluntarioso al 100%, pero excesivamente limitado. El Bilbao Basket trató de arrancar el acto final con una pequeña revolución (2-8) gracias al acierto exterior de Tomàs y Salgado, pero la calidad individual de Nedovic fue suficiente para que la cosa no pasara a mayores (85-73 a 3:47 del final). Un 0-8 ilusionó fugazmente a los de Mrsic y un posterior triple de Redivo acercó a los bilbainos hasta el 86-76, pero fue el canto del cisne de un equipo que sabía que no quedaba nada que hacer. Décima derrota seguida a domicilio y, tras el triunfo del Zaragoza, a dos partidos de la salvación. Situación absolutamente límite.

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