gran defensora del comercio local

De la huerta al mostrador

La loiuztarra Mónica Báez apuesta por la venta directa de productos del caserío a sus clientes

Con más de veinte años de experiencia, el trato cercano y de confianza hacen de su local un referente

Patxi Arostegi - Lunes, 30 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Mónica Báez posa con las alubias y lechugas en su tienda Alimentación Elizondo, ubicada en un local donde lleva nueve años.

Mónica Báez posa con las alubias y lechugas en su tienda Alimentación Elizondo, ubicada en un local donde lleva nueve años. (P. Arostegi)

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Mónica Báez posa con las alubias y lechugas en su tienda Alimentación Elizondo, ubicada en un local donde lleva nueve años.


loiu- Es una gran defensora del comercio local y del trato cercano con sus clientes. Y para ellos busca los mejores productos, los que más calidad tienen. Por eso, cada semana acude sin falta a los caseríos de la localidad para comprar directamente a los productores sus verduras de temporada y luego venderlas en su establecimiento.

Mónica Báez lleva cerca de dos décadas surtiendo a los loiuztarras de los mejores tomates, cebollas y lechugas de la huerta, algo que agradecen comprándole sus delicias hortícolas. “Creo que a la gente le gustan mucho estos productos tan frescos y naturales de la huerta y, además, ven que apoyan a los pequeños productores”, explica convencida desde su mostrador.

El idilio de esta comerciante con el pueblo de Loiu y sus residentes se remonta a dos décadas atrás, cuando se “lío la manta a la cabeza” para coger las riendas del estanco, ubicado delante de la iglesia de la localidad, justo en el mismo momento en el que su propietaria estaba a punto de jubilarse. “Ese año terminé de estudiar técnico de laboratorio y al ver que no había trabajo de lo mío, decidí coger el estanco. Monté también la tienda porque vi que existía una clara necesidad entre los vecinos del municipio que no disponían de una tienda a la que acudir para comprar cosas de última hora y, sobre todo, los fines de semana”, recuerda.

Durante varios años estuvo en ese primer local y, posteriormente, se trasladó a uno nuevo en el que ya lleva nueve años, en los que ha desarrollado un íntimo vínculo de confianza con su clientela. “Me llevo muy bien con la gente del pueblo. Creo que el truco está en la cercanía de mi trato y que me sé de memoria todos sus nombres. De hecho, a muchos les conozco desde que eran pequeños”, confiesa.

A pesar de la fidelidad de sus clientes, esta risueña vendedora confiesa que cada vez le resulta “más complicado” competir con las grandes superficies y sobrevivir como pequeño comercio. No en vano, en un perímetro de pocos kilómetros se hallan grandes superficies comerciales. Pero Mónica cree que es “necesario recuperar tiendas de todas la vida, como la mía, porque aportan cosas que estas grandes superficies no pueden dar”.

Y precisamente lo que no pueden ofrecer esos establecimientos es de lo que Báez puede presumir. “Está abierto prácticamente todos los días del año”, comenta mientras subraya que es un local al que “pueden recurrir un domingo para comprar algo que se les halla olvidado adquirir durante la semana”.

El día festivo de la semana es cuando mejor le funcionan las ventas a esta mujer que se siente “muy satisfecha” con su negocio. Ese día de la semana la afluencia de clientes es bastante notoria y las compras aumentan considerablemente, respecto a la semana. “Por ejemplo, si tienen una comida en casa, muchas veces vienen aquí a comprar”, pone como ejemplo.

Si hay un producto que encanta a los clientes, esas son las pastas que suele traer de un obrador de Karrantza. “Luego, está lo típico, como el pan, los periódicos...” enumera.

En estos cerca de veinte años de labor comercial, asegura haber vivido múltiples anécdotas, si bien la que recuerda con más cariño es cuando entregó un premio de 5.000 euros en un concurso, algo que confiesa le hizo “mucha ilusión.

Mirando hacia el futuro y con la perspectiva que le da su amplia experiencia, Báez se muestra razonablemente optimista ante la supervivencia de su negocio. “Creo que somos necesarios para el pueblo y los vecinos”, concluye.

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