historias de la vida

Las luchadoras que reparten ilusión

Lorena Márquez y Purificación Molano venden desce hace más de diez años cupones de la ONCE con mucha alegría

Un reportaje de Yaiza Pozo - Lunes, 30 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Lorena Márquez y Purificación García, cada una en su puesto de trabajo. Fotos: Oskar González

Lorena Márquez y Purificación García, cada una en su puesto de trabajo. Fotos: Oskar González

Galería Noticia

Lorena Márquez y Purificación García, cada una en su puesto de trabajo. Fotos: Oskar González

DISFRUTAR de la vida con barreras es todo un reto. Y más si lo haces como si vieses o te movieses sin dificultad. Claro ejemplo de esta lucha son Lorena Márquez, invidente desde los 4 años, y Purificación Molano, enferma de fibromialgia, que desde hace más de diez años se encargan de repartir suerte en los barrios bilbainos de Rekalde y Santutxu. Siempre con una sonrisa tratan de vender los máximos cupones de la ONCE, que este año celebra su octogésimo aniversario, y luchar por tener una mejor calidad de vida.

Como cada mañana, Lorena abre su kiosco de la ONCE a las 9.00 horas. Tiene 34 años y a pesar de su juventud la vida le reta a superarse cada día. Su sonrisa siempre le acompaña y derrocha tanta felicidad que contagia a todo Rekalde. Ella es la única vendedora y, por eso, la única que reparte ilusión en el barrio. Apenas ve pero eso no es inconveniente, porque es “una chica con mucha suerte”.

Purificación llega a su puesto a las 8.00 horas. Desde bien temprano comienza a recibir a los más madrugadores. Desde Extremadura aterrizó a los 2 años con su familia en la villa por motivos laborales y desde entonces permanece en ella. A veces se queja, pero no por gusto, sino porque la fibromialgia apenas le deja dormir. Hace más de diez años que le diagnosticaron la enfermedad.

Lorena tiene una historia bien distinta. Nació con una hidrocefalia y le pusieron una válvula en la cabeza. “Al quitármela me dañaron el nervio óptico y dejé de ver”, cuenta. A pesar de este hecho, confiesa que en su infancia fue muy feliz. Fue al colegio como una más de su edad y recibió apoyo durante esa etapa. “En el cole tenía una profesora que venía y me traía todo el material en braille o adaptado para integrarme”, relata.

Estudió grado medio en Comercio e hizo tres cursillos de masaje, pero lo que más le gusta es su trabajo actual. Comenzó en 2005 y desde entonces no ha parado de repartir ilusión. Sin embargo, mucho antes de esto, Lorena quiso irse a Madrid a estudiar. “No me cogieron y estudié aquí Comercio, aunque me pusieron unas cuantas pegas porque no podía aprobar la práctica por el tema de la vista”, recuerda. Para ella su discapacidad nunca ha sido un inconveniente. Por eso siguió los consejos de su madre, pilar fundamental en su vida, para seguir estudiando aunque no le gustase. Pese a todo un verano decidió probar con la venta de cupones. Le gustó, a pesar de que al principio le daba “mucha vergüenza”. “Empecé supernerviosa. Además, comencé en uno que había estado cerrado, pero tuve la ventaja de que la gente del barrio me conocía e hice mi clientela”, comenta.

Por su parte, Purificación cursó los estudios básicos y ha dedicado toda su vida a la hostelería. También trabajó en bingos, pero nunca imaginó que acabaría vendiendo cupones, esos que tanta vergüenza le daba vender cuando se los llevaban sus hijas. “He trabajado mucho y fíjate qué curioso porque cuando venían mis hijas con la lotería del colegio de gimnasia rítmica o kárate me daba vergüenza venderla”, confiesa entre risas. A sus 63 años no le falta vitalidad y ganas de seguir luchando. Comenzó de manera casual vendiendo cupones de la ONCE. pero ahora le gusta lo que hace. “Por mediación de un vendedor de la ONCE que conocí mientras trabajaba en un restaurante me dijo para formar parte del grupo. Hice los cursillos y hasta ahora”, confiesa.

PasiónTal es el afán de ambas por vender que a Lorena, en 2013, la ONCE le premió por sus buenos resultados comerciales, nombrándola Vendedora del Año de Euskadi. “No me lo podía creer, fui a Madrid y me lo pasé genial. Hubo muchas sorpresas”, recuerda y confiesa que le gustaría volver, aunque prefiere que otros también disfruten de la experiencia.

Lorena y Purificación crearon un vínculo especial después de tantos años con sus clientes. No hay quien no se acerque a ellas para saludarlas y estas les respondan siempre con una sonrisa. Lorena reconoce que es muy cariñosa sobre todo con la gente que conoce y con los niños, pero también pasa malos momentos. “Sobre todo con los señores que te vienen a comprar el cupón y luego te empiezan a decir groserías. ¡Pero yo no me corto!”, exclama.

A Purificación le ocurre algo similar. Sus clientes son sus amigos y procura tener a su gente cuidada. “Aquí se sufre mucho. Yo he perdido un montón de gente. Ya no es que vendas un cupón o no, es la relación. Es una especie de confesionario”, confiesa. Y es que estas dos luchadoras saben poner como nadie una sonrisa a los días más grises.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Bilbao

ir a Bilbao »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120