Los psiquiatras aconsejan enseñar a gestionar la frustración desde niños

Insisten en compartir espacio y tiempo con los hijos, también los adolescentes

Domingo, 29 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

En España la edad de consentimiento sexual está situada en 16 años por lo que las relaciones con menores de esa edad constituyen un delito y están castigadas con penas de prisión.

En España la edad de consentimiento sexual está situada en 16 años por lo que las relaciones con menores de esa edad constituyen un delito y están castigadas con penas de prisión. (PIXABAY)

Galería Noticia

En España la edad de consentimiento sexual está situada en 16 años por lo que las relaciones con menores de esa edad constituyen un delito y están castigadas con penas de prisión.

Bilbao- “La vida es compleja y con muchos momentos de imperfección, y hay que enseñar a los hijos a tolerarla y aceptar que, a veces, va mal”, afirma el presidente de la Sociedad Española de Psiquiatría y Psicoterapia del Niño y del Adolescente (Sepypna), Fernando González Serrano. En una entrevista con Efe, este psiquiatra reconoce que no hay una receta para educar a un hijo mentalmente sano, pero, junto a lo anterior, también defiende la calidad de cuidados en los primeros años de la infancia “como el mejor seguro de salud mental”.

“Y pasar más tiempo con los hijos cuando son niños, y también de adolescentes. En esta época siguen necesitando nuestra presencia, aunque se encierren en la habitación y no hablemos con ellos” expresaba, al tiempo que reivindicaba las comidas y cenas juntos “porque aún sin preguntas directas, les vemos y sentimos cómo les va, y se pueden detectar cosas”. Sobre la consideración de enfermedad que se da a trastornos o manifestaciones que no lo son, Serrano opinaba que “es un riesgo de la sociedad de hoy en día” derivado de que se vigila más el bienestar emocional de los menores que hace 40 o 50 años.

“Cuando demuestran malestar tratamos de poner remedio sanitario, pero lo cierto es que en muchas ocasiones no tenemos medios para calmar al menor, y únicamente mejora con cambios en su entorno familiar”, resumía. Dichos cambios están vinculados a las expectativas e ideales que se crean a los menores y que no se corresponden con la realidad, pero también a nuevas condiciones de vida como la escolarización universal que, “pese a ser positiva” hace aflorar a un 20-30% de menores que no aprueban ni se comportan como el resto.

“No son discapacitados, pero su inteligencia funciona de otra manera: no pueden estudiar y la sociedad lo tiene que aceptar, porque en la adolescencia les crea una frustración tan grande que, sin ser una enfermedad, les origina un ánimo depresivo y mal comportamiento. Dan muchos problemas”, describía. Los videojuegos violentos o el fácil acceso a la pornografía, que también se han registrado en los últimos años, no hace que un adolescente tenga una personalidad problemática, a su juicio, sino que “los menores que tienen cierta predisposición tienden a engancharse fácilmente a ciertos consumos, y además son más propensos a la adicción”.

En relación con las nuevas tecnologías calificó de “reto” conseguir que los padres “vigilen su uso en la infancia, como vigilan su alimentación” ya que “a veces les dejamos desamparados en este ámbito desde muy temprana edad y tenemos que acompañarles”. “La responsabilidad del adulto empieza en la primera infancia, y luego el adolescente sano podrá jugar a juegos violentos y él mismo será capaz de defenderse”, subrayaba.

Las alarmasPara el también profesor universitario, existen dos síntomas que deben “alarmar” a los adultos sobre el hecho de que su hijo necesita ayuda: el uso de la violencia, “que comunica que al adolescente le está pasando algo que no sabe gestionar”;y el aislamiento de los que se quedan encerrados en casa y, a menudo, enganchados a las nuevas tecnologías. Y advertía sobre esta última circunstancia, cuyo número de afectados se ha duplicado en los últimos años. “Son menores que pasan desapercibidos, no molestan y son bien tolerados porque se quedan en casa y así no beben alcohol, ni fuman porros”.

“Así se dejan pasar meses y años en los que el adolescente está en soledad y no se ve su malestar depresivo, su falta de interés y esperanza en la vida. Aquí los padres tienen que estar muy atentos”, decía. Respecto a tratamientos que ofrece el sistema público de salud -él trabaja en el vasco- cree que “a veces no se da abasto y la respuesta es muy reduccionista: solo busca frenar el síntoma y de forma rápida, sin tener tiempo para intentar entender qué pasa. Por eso a veces se prescriben medicaciones de alivio sintomático rápido y hay riesgo de quedarnos en esa única respuesta cuando lo ideal es que también haya un acompañamiento de terapia psicológica para que el adolescente busque recursos y aprenda a manejar sus conflictos y su tensión psíquica”.

Este experto opina también sobre la posibilidad de multar a los padres de los menores que consuman alcohol, sugerida en un informe de la Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drogas, y tras considerarlo “un toque de atención” a los progenitores y a su responsabilidad en hábitos y horarios, estima que “no es la mejor manera de implicarlos”. “También hay que exigir responsabilidad a los adolescentes según su edad y explicarles bien las consecuencias de sus actos porque aunque, en principio, se muestren refractarios y no les guste, lo agradecen y les tranquiliza”.- Efe

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Estado - Mundo

ir a Estado - Mundo »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120