Mirar hacia otro lado

Mensajes de paz en Corea

Por Mikel Mancisidor - Domingo, 29 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

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LA cumbre intercoreana de este viernes ha sido histórica (me disculparán que el arranque no resulte muy original). El encuentro entre el líder norcoreano, Kim Jong-un, y el surcoreano, Moon Jae-in, ha estado lleno de símbolos, momentos para la memoria, pompa colorista, estudiada escenificación y actos de profundo significado para un país (o dos) que lleva 70 años separado y ha vivido una crudelísima guerra que diezmó su población en los 50 y no se ha terminado de cerrar, sucediéndose en estos decenios numerosas escaramuzas y crisis varias.

Todavía hace pocos meses que los surcoreanos tenían misiles atómicos volando sobre sus cabezas y ninguna garantía de que alguno de ellos no terminara cayendo. Todos se jugaban mucho en la cumbre del viernes.

Corea del Sur sueña con una reunificación con libertades y derechos, y más importante y urgente, necesita disfrutar de unas garantías de paz que no queden al albur del capricho de un mandatario absolutista que un día se levanta en modo estadista responsable, y al día siguiente en modo adolescente malcriado con juguete nuclear. Añoran un país unificado, pero están más interesados en la seguridad, el mantenimiento del bienestar y por la situación de las familias que fueron separadas y rotas.

Corea del Norte necesita reconocimiento internacional y garantías de que los avances hacia la paz o la reunificación no pongan en peligro su sistema, lo que parece la cuadratura del círculo. Ha basado hasta hace nada su estrategia en el desarrollo de su armamento nuclear y no puede renunciar tan fácilmente a él.

Estados Unidos es pieza clave en este juego y necesita la desnuclearización, como lo es China que por su lado necesita la estabilidad. En este juego hay dos actores que aparecen un poco más desdibujados: Rusia y Japón.

Rusia, en su inmensidad, es vecino aliado de Corea del Norte desde los tiempos de Stalin. Busca ahora una mayor equidistancia para no perder influencia sobre el conjunto de la península, pero no al precio de renunciar a su papel de mediador necesario entre Pyongyang y Washington. Putin no puede permitir que un acercamiento entre las dos Coreas sea apadrinado únicamente por los Estados Unidos y China quedando como invitado de segunda.

Japón tiene otros intereses: el primero, la seguridad, la economía el segundo. No puede quedar relegado a la irrelevancia por su aliado norteamericano, tras haber invertido Shinzō Abe, el Primer Ministro, tanto capital político en su buena relación personal con Trump.

Al principio parecía que este encuentro del viernes era solo una etapa de preparación de la cumbre entre Kim Jong-un y Trump. Pero ha adquirido entidad propia. Los países del entorno se juegan sus zonas de influencia y sus intereses, la población su seguridad, la comunidad internacional la desnuclearización de la zona y la paz regional. La historia se juega el fin de la gran guerra caliente de la guerra fría.

La cumbre ha tenido imágenes y simbolismo a raudales. El tiempo dirá si ha servido para la paz o ha quedado en teatro para mejor colocar las espadas.

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