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Enemigo Iñigo

El central del Athletic vivió un desagradable regreso a Anoeta, donde fue pitado en cada ocasión en la que tocó el balón y llegaron incluso a desearle la muerte

Aitor Martínez. Donostia - Domingo, 29 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Iñigo Martínez, el gran protagonista ayer en Anoeta, se frota la cara en un momento del partido.

Iñigo Martínez.

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Iñigo Martínez, el gran protagonista ayer en Anoeta, se frota la cara en un momento del partido.

SIN más alicientes deportivos que cosechar los tres puntos, pues Europa es una quimera para Athletic y Real Sociedad, el derbi que ambos equipos disputaron ayer en Anoeta estuvo marcado por el regreso de Iñigo Martínez a la que fue su casa durante varios años. El ondarrutarra cambió el pasado mes de enero Zubieta por Lezama, Donostia por Bilbao, el azul por el rojo, el cariño de una afición por la de otra que le ha recibido con los brazos abiertos. El fichaje más caro en la historia del Athletic, 32 millones de euros, los que figuraban en su cláusula de rescisión, dejó una herida que aún no ha cerrado en la parroquia txuri-urdin, que hizo buenos los pronósticos y recibió con insultos y silbidos a quien hace no demasiado tiempo era su ídolo. La memoria se corrompe muy fácil en el fútbol, donde los sentimientos afloran. Héroe hasta hace cuatro días, Iñigo fue objeto de las iras del respetable donostiarra, que no perdona lo que considera una traición. Así las cosas, el central vivió un recibimiento hostil en su vuelta a Donostia, aunque seguramente le preocupara más la pobre imagen ofrecida por los rojiblancos en el derbi. Eso sí, cuentan quienes vivieron in situ el primer partido de Joseba Etxeberria en Anoeta con la camiseta del Athletic que lo de ayer no se acercó ni de lejos a lo sucedido la tarde del 16 de mayo de 1996.

El día de su presentación como león, el presidente Josu Urrutia habló de la personalidad de Iñigo, le comparó en cierta medida con Etxeberria por aquello de que le apodaban El Gallo. El central tiene mucho de eso, sin duda algo que le ayudó a afrontar un día tan complicado como el de ayer, en el que fue silbado desde que puso un pie en Anoeta y hasta el momento en el que se marchó a vestuarios, un particular tormento que se prolongó por espacio de cuatro horas, las que transcurrieron entre la llegada y la salida del Athletic del estadio donostiarra. Él, a tenor de lo visto a lo largo de los 90 minutos, supo abstraerse y mantuvo en todo momento la concentración.

Fue a la llegada del conjunto rojiblanco a Anoeta cuando se vivieron las peores imágenes. El bus del Athletic fue recibido con silbidos, nada que se aleje de lo habitual, aunque sobraron los graves insultos contra la figura de Iñigo Martínez, partiendo de los que le desearon la muerte y continuando por aquellos que se acordaron de su madre. Además, aprovechando que del autobús bajó también Carlos Gurpegi, hubo quien aprovechó la coyuntura para llamarle “yonki”. Unos insultos que profirieron unos pocos, en torno a medio centenar, que seguramente no representan a la mayoría de la afición txuri-urdin, ni mucho menos. Esta optó por mostrar su enfado silbando en cada una de las ocasiones, que no fueron pocas, en las que el vizcaino tocó el balón. Lo que se desconoce es si como recuerdo del derbi se llevó para casa alguno de los muchos billetes de 10 euros, de curso no legal, en los que habían impreso su rostro.

Los decibelios se dispararon cuando por la megafonía se escuchó la alineación del Athletic, que fue el único momento en el que se igualaron los pitos a Iñigo con los del resto de jugadores del Athletic.

Ya con el pitido inicial, desde uno de los fondos, donde se ubican los seguidores más radicales de la Real, que volvieron a desearle la muerte a Iñigo, se desplegó una pancarta con el lema Leialtasunak ez dauka preziorik (La lealtad no tiene precio) dirigida al ahora jugador rojiblanco, aunque bien podría referirse a un futbolista txuri-urdin con pasado en el Real Madrid. La fragilidad de la memoria…

abstraídoEn lo que respecta al encuentro de Iñigo, este pareció abstraerse por completo del ámbito extradeportivo. No se arrugó en ningún momento, tampoco se escondió a la hora de ofrecer una salida de balón, con lo que ello conllevaba, y sin que fuera su mejor actuación, aunque no pudo hacer nada para evitar los tres goles de la Real, remató en varias ocasiones, aunque ninguna de ellas entre los tres palos, y provocó el penalti que transformó Raúl García. Se desconocen, eso sí, los motivos que le llevaron a protestarle al colegiado al término del partido, motivo por el que se ganó una amarilla. Acabó el partido silbado, como lo empezó, en una tarde que difícilmente olvidará.

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