El sacacorchos

Nadie quiere irse al otro barrio

Por Jon Mujika - Sábado, 28 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

LA conclusión es clara: nadie quiere irse al otro barrio. Claro que en eseotro barrio no hay vecinos, las calles son muy estrechas (tanto, que comprometen el paso de la luz...) y el aburrimiento es mortal, no me digan que no. Nadie quiere irse al otro barrio ni desprenderse de los recuerdos, de las viejas costumbres ni de la vida de calle. Hay barrios de capas medias y otros de más baja estofa. Barrios ricos no: a esos se les llaman urbanizaciones. Y sin embargo, el barrio se siente en la sangre como si fuese un río que te corre por las venas, algo consustancial. Un brazo o el hígado, qué sé yo. Por pura necesidad acabas cogiéndole cariño. Viste casarse a Santi, el hijo de Manuel, el del 14 y brindaste con champán cuando Elena, sobrina de Susana, la del 16, aprobó las oposiciones y ahora trabaja en Hacienda. Manolo te pasó algún fruto que otro de su plantacióncuando aquella muela te dolía como un infierno o cuando el insomnio te agarró por la pechera y sabes que al hijo de Ramón le vuelve loco AC/DC porque lo escuchas junto a él, aunque viva cuatro pisos más arriba. Un día de estos tienes que decirle a Laura que su hija “apura en el apretón con el novio” y va siendo hora de que le explique, no sea que... Al manguide las cuatro calles le llaman El Tuercas,“un chaval majo que salió torcido” y no hay mejor atardecer que el que se otea desde la esquina de la plaza. Allí los oficios son de toda la vida: la peluquera y el sastre de siempre;la panadera y el carnicero, amo y señor del mejor solomillo del mundo. El barrio es así: insuperable.

Ahora el censo de población viene a decirnos que no sé, que tal vez haya demasiada gente en Santutxu, un barrio con tal carácter que a una de sus plazas le llaman la Campa del Muerto. Recuerdo que años atrás indagué por el nombre. Algunos vecinos viejos me decían que era porque allí apareció, balanceándose en la soga, un vecino ahorcado. Otros vecinos de semejante edad recordaban que cuando moría alguien de Bolueta, Santutxu o alrededores se solían hacer procesiones para acompañar a la familia y al difunto, llevado a hombros o en carro, hasta el camposanto que se encontraba junto a la iglesia de Begoña y cogían aire allí. Y muchos de ellos me decían: “Si no eres de aquí, qué te importa”. Qué razón tenían.

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