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¿Están el mundo y la izquierda en crisis terminal?

Por José Luis Úriz Iglesias - Martes, 24 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

Columnista Jose Luis Uriz

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Columnista Jose Luis Uriz

POR citar exclusivamente la actualidad del instante, dos mujeres más han sido asesinadas por sus parejas en los últimos días. Es una epidemia que nadie es capaz de atajar, porque quizás estemos errando en el diagnóstico y los que tienen capacidad de hacerlo miran para otro lado.

En la Unión Europea nos acecha otra realidad, el triunfo de los partidos xenófobos, racistas, populistas o de extrema derecha. Después de lo ocurrido en Italia, o antes en Francia, le ha tocado el turno a Hungría, demostrando que algo muy negro se avecina de manera imparable: tres quintos del parlamento van a ser ocupados por partidos de extrema derecha o neonazis, partidos con programas claramente racistas y xenófobos que han contado con el voto masivo de la ciudadanía. Tienen capacidad, por tanto, incluso para cambiar su Constitución.

Lo que está sucediendo en la interminable guerra en Siria, el ataque con armas químicas a la población civil con numerosas víctimas, la mayoría mujeres y niños;la reacción de Estados Unidos con sus bombardeos;la situación extrema en Palestina o, a otro nivel, ver al expresidente brasileño Lula da Silva, curiosamente el favorito para las próximas elecciones, entrando en la cárcel por corrupción, son síntomas de lo negro que se pone el panorama. Que el mundo tenga como principales líderes a dos personajes como Trump y Putin es como para hacérnoslo mirar. Observar a su diestra gentes como Al Asad, Kim Jong-un, Xi Jimping, Maduro o Netanyahu produce escalofríos.

Por otro lado, estudios sobre el exceso en el consumo de drogas, alcohol o sexo sin control entre los jóvenes o la violencia que brota cada fin de semana en los lugares de ocio tampoco nos da para ver ningún rayo de sol. Es probable que la crisis económica esté acabando -no para toda la ciudadanía-, pero deja una profunda crisis de valores.

Solidaridad en tiempo de individualismo, empatía en momentos de egoísmo, honestidad en instantes de corrupción, verdad en tiempo de posverdad, son conceptos del pasado en vías de extinción.

Negrura caseraEn la política casera también se aprecian indicios de negrura. Nuestro país tampoco se libra de la peste del populismo, desde Rivera a Puigdemont apreciamos este peligroso concepto. Lo verdaderamente lamentable no es que existan personajes así, sino que la gente les vote ajena a ese peligro. La crisis de Cristina Cifuentes y su máster fantasma nos lleva igualmente a zonas de oscuridad, donde lo más terrible no es solo que suponga un nuevo golpe para el prestigio de una actividad, la política, que debiera ser digna y limpia, sino que también lo es para el de la Universidad, ahora en entredicho. Observar con perplejidad el más de un minuto de ovación cerrada a la implicada en la reciente convención del PP, indica que los partidos políticos aún no han entendido nada. No es solo problema del PP, también vimos imágenes parecidas con Chaves y Griñán en el PSOE, que ahora vuelven al banquillo de los acusados, o con Pujol en CDC.

Hasta que esos partidos, aún con estructuras del siglo XIX en pleno XXI, no se adapten a las demandas sociales, no avanzaremos en la buena dirección. Así, encuesta tras encuesta del CIS reflejan que precisamente ellos, que debieran servir para solucionar los problemas de la ciudadanía, acaban siendo uno de los más importantes problemas de nuestra democracia.

Por no hablar del conflicto Estado-Catalunya, que lleva camino de enquistarse de manera definitiva. A los errores continuos del PP se suceden inmediatamente los del mundo independentista. Errores judiciales, policiales, políticos... que están dejando a nuestra democracia en entredicho. La negativa del juez Llaneras de permitir a Jordi Sánchez asistir al Parlament para ser investido president o la reacción de presentar por parte del Parlament una querella contra el juez provocan más tensión e inestabilidad. Hasta que no se entienda por ambas partes que los conflictos políticos se resuelven de manera política, con respeto de la ley, buscando puntos de encuentro desde el diálogo y la negociación, esto no acabará.

Y siguen los síntomas evidentes de una regresión en la libertad de expresión, el último con el intento de boicot a una obra de Alberto San Juan. Torquemada ha vuelto para quedarse.

Un mal que se extiende Terrible también lo que está sucediendo con la profunda crisis abierta en la izquierda. Las últimas encuestas publicadas deberían hacernos reflexionar profundamente sobre lo que está ocurriendo en su seno. Aunque este mal se extiende también a la europea en su conjunto a excepción de Portugal. Es evidente que son encuestas de parte, pero coincide con otras en lo que se denomina “tendencia”. En todas se aprecia un retroceso de PP y Podemos, estancamiento preocupante de un PSOE que debería haber remontado, especialmente después de la elección de nuevo de Pedro Sánchez, y subida fulgurante de Ciudadanos (C’s). Pero hay un elemento que se refleja cada vez con mayor nitidez: la suma de la derecha supera con holgura a la de una izquierda a la greña, plagada de luchas cainitas internas y externas, mientras PP y C’s alcanzan el 50% de votos, lo que les supondría una mayoría absoluta en las dos cámaras, mientras que la izquierda se queda en un penoso 38%. Y las primeras reacciones desde esa izquierda en crisis no parecen alentadoras. Se echa de menos un valor propio de la izquierda clásica, la autocrítica, que ayuda a una reacción eficaz. En un momento en el que la corrupción acorrala al PP, con las gentes en las calles demandando la igualdad entre hombres y mujeres, unas pensiones dignas y un empleo estable, resulta penoso que no sea la izquierda la que lidere esa reacción social y, por tanto, recoja los réditos electorales, que curiosamente lo haga otro partido de derechas, en algunos aspectos situado a la extrema derecha del PP, C’s, creado con visión de futuro por los poderes fácticos al prever la pérdida de votos del PP ante los numerosos casos de corrupción que le agobiaban. Lo que no imaginaban (o sí) era que la crisis de Catalunya iba a traer como consecuencia que también iba a recoger una parte de los de la izquierda.

Porque Catalunya está produciendo un verdadero terremoto en el electorado. A diferencia de en el electorado catalán, que a pesar de la situación extrema que padecen apenas se mueve, en el resto del Estado provoca movimientos a favor de la derecha. Y la izquierda, PSOE y Podemos, está cometiendo dos errores gravísimos que le están llevando a la situación actual. El primero, las luchas que la desangran, las que se producen en su interior y las que les enfrenta entre ellos. ¿Cómo es posible que teniendo mayoría parlamentaria actualmente (PP, C’s, más UPN, Foro y CC suman solo 170 diputados de 350) no hayan sido capaces de ponerse de acuerdo para echar a Rajoy y gobernar? La ciudadanía tampoco entiende que en la crisis catalana no hayan sido capaces de adoptar un discurso diferenciado de la derecha estatal y los independentistas, que hubiera permitido desatascar la situación. La suma de la división más la falta de propuestas ante las tensiones centro-periferia les está arrastrando a una debacle que sin una reacción rápida y contundente parece inevitable.

¿Tienen capacidad para hacerlo? No parece. Solo si Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, sus líderes actuales, son capaces de pegar un puñetazo en la mesa y con imaginación, audacia y generosidad se ponen de acuerdo, lideran las luchas en la calle (pensiones, reforma laboral, igualdad de género, protección de lo público) y aportan alternativas en el problema catalán (Estado Federal Plurinacional, tema fiscal, consulta pactada, gobierno transversal), podrían parar esta situación de emergencia.

Todo parece indicar, respondiendo a la pregunta inicial, que sí, que el mundo se desmorona y la izquierda también.

etiquetas: tribuna abierta

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