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Athletic 1-3 Levante

Hogar, amargo hogar

La necesidad del Levante supera a un Athletic que no supo gestionar la ventaja tempranera, se vio sorprendido por dos genialidades de Bardhi y después careció de fortuna en el remate

José Luis Artetxe - Martes, 24 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Los rostros de los aficionados del Athletic reflejan las sensaciones vividas anoche ante el Levante en ‘La Catedral’. Foto: Pablo Viñas

Los rostros de los aficionados del Athletic reflejan las sensaciones vividas anoche ante el Levante en ‘La Catedral’. Foto: Pablo Viñas

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Los rostros de los aficionados del Athletic reflejan las sensaciones vividas anoche ante el Levante en ‘La Catedral’. Foto: Pablo Viñas

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bilbao- Continúa el desencuentro del Athletic con San Mamés. Aún le quedan dos oportunidades (Betis y Espanyol) para enmendar una tendencia que en el último mes le ha privado de optar a un objetivo clasificatorio. El empate con el Celta y las derrotas con el Deportivo y anoche con el Levante han coincidido en el tiempo con una de las mejores fases de juego del equipo, que no se da a valer como anfitrión y sin embargo muestra argumentos sólidos en estadios en absoluto asequibles. Una paradoja que le condena a vagar en tierra de nadie y provoca la deserción de unos aficionados que lógicamente no se acostumbran a presenciar reveses sentados en su localidad.

El impagable premio de la permanencia espoleó al Levante, que hizo un admirable derroche de energía y agresividad. Por el contrario, ni siquiera el hecho de adelantarse pronto, gracias a un chutazo de Raúl García, ejerció un influjo positivo en un Athletic que volvía a someterse a un examen ante su gente. El gol fue casi anecdótico si se considera que en absoluto hizo mella en la actitud de los contendientes. Desde un inicio se apreció que el Levante estaba preparado para ir a por el partido costase lo que costase y la desventaja no le alteró el pulso. Perseveró en una propuesta valiente y fue dominador hasta que cerca del descanso remontó el marcador adverso, mientras que el Athletic se limitó a resistir, a aguantar las acometidas granotas y apenas generó nada con balón.

No hubo noticia del Athletic sólido del Bernabéu o el Estadio de La Cerámica. Ni siquiera se aproximó a la versión bienintencionada que no pudo certificar una victoria merecida frente al Celta. Sin presencia en la zona ancha, donde la inferioridad numérica permanente facilitó el despliegue del cuadro visitante, sus piezas más ofensivas quedaron desconectadas, también para frenar la ambición de un oponente que se proyectaba en ataque con muchos efectivos, empezando por los laterales. La movilidad de Morales y Boateng supuso un gran dolor de cabeza para la zaga, apurada para cortar el suministro, a menudo balones largos a su espalda.

Arrizabalaga tuvo más trabajo que nunca tratándose de una cita en casa. Evitó que Boateng empatase a escasos segundos de que Raúl García agarrase desde casi treinta metros el obús que entró por una escuadra. Y seguido, detuvo otro remate, este flojo de Coke, ubicado como ariete. No se contabilizaron más situaciones comprometidas en un rato largo, sin embargo el Athletic estuvo tremendamente incómodo, sin posibilidad de invertir una dinámica que mantenía muy activo a su rival. Más posesión, mejores despliegues y superioridad clara en las disputas por parte del Levante, que halló la recompensa del modo más inesperado, cuando más le estaba costando pisar área.

Y no hizo falta que lo hiciera para obtener dos goles casi clavados. A balón parado Bardhi efectuó sendos lanzamientos en cosa de un par de minutos y desde una posición escorada. En el primero, pareció que Arrizabalaga se confiaba en exceso porque los hombres que debían obstaculizar un tiro directo no existieron y el golpeo entró a media altura ajustado a la madera. El segundo nació de una mala decisión de Núñez, que quiso salir con la pelota jugada en vez de alejarla y terminó arrollando a Boateng. Bardhi la coló por encima de la barrera, imposible para el portero.

Quizá era excesivo que el Levante cobrase ventaja así, con dos genialidades tan seguidas, pero en cierta manera el Athletic se hizo acreedor al castigo por su falta de recursos para controlar el choque que hasta ese instante discurrió casi en su totalidad en terreno rojiblanco. El Levante acertó a plasmar sus urgencias en una apuesta valiente y puede afirmarse que no halló la réplica adecuada.

vana insistencia El segundo acto fue diferente. El Athletic imprimió mayor intensidad, obligó al Levante a ceder metros y fueron muchos los balones que metió en zona de peligro. Incluso remató un buen número de ellos y aquí sí que cabe aludir a la fortuna, que desde luego no se dignó a acompañarle. Con frecuentes aperturas a banda, sin la pizca de elaboración que acaso hubiera evitado las imprecisiones que arruinaron bastantes de los avances, el Athletic se volcó, siendo Raúl García la referencia favorita. Williams no hallaba espacios y los extremos claramente no tuvieron su día.

Muniain no tardó en comparecer, aunque extrañó que lo hiciese por Iturraspe, a no ser que fuera por la amarilla con la que cargaba, y se comprobó que todavía le falta un trecho para asimilar la exigencia de un partido lanzado. Falló más de lo deseado en su afán por dirigir las operaciones, pero las llegadas se fueron sucediendo. Entre todas, las que realmente acariciaron el gol fueron un par de cabezazos: el de Raúl García resbaló en el larguero y el de Williams se marchó fuera por poco. El enorme esfuerzo no decaía, pero resultaba estéril y entonces, con el cronómetro muy avanzado, el Levante volvió a estirarse. Roger se fue solo y tiró muy desviado. Poco después, Morales justificó su jerarquía con un avance en el que cometió falta sobre Núñez, al zancadillearle por la espalda, más o menos como hiciera Bacca en el gol del Villarreal, para luego recortar sobre San José y burlar la salida del meta con un toque sutil.

Todavía contó Córdoba con una volea en inmejorable posición que Oier desvió a la madera, lance que condensaba el desarrollo de una segunda mitad donde el Athletic al menos opositó al empate. Pero es evidente que está reñido con San Mamés, donde no le salen las cosas. Ayer no supo evitar que el necesitado Levante le complicase la existencia, acrecentando así la frustración entre sus seguidores.

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