Marco Tobónantropólogo

“Personas como Pedro Baigorri nos despiertan una misteriosa atracción por su audacia y temeridad”

Txalaparta saca a la luz la historia de Pedro Baigorri, un navarro que, tras cocinar para Franco, fue amigo de Fidel y acabó, como guerrillero, asesinado en Colombia

Jon Jimenez - Lunes, 23 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Pedro Baigorri, con un caracol en la mano;viajó a Cuba, desde París, para montar granjas de caracoles y patos, cultivar champiñones o crear escuelas de cocina.

Pedro Baigorri, con un caracol en la mano;viajó a Cuba, desde París, para montar granjas de caracoles y patos, cultivar champiñones o crear escuelas de cocina. (Foto: Cedida por la familia)

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Pedro Baigorri, con un caracol en la mano;viajó a Cuba, desde París, para montar granjas de caracoles y patos, cultivar champiñones o crear escuelas de cocina.Libro dedicado a Pedro Baigorri.

iruñea- Marco Tobón (1981, Chinchiná - Caldas, Colombia) nos habla sobre su libro Baigorri. Un vasco en la guerrilla colombiana, publicado por Txalaparta. La portentosa historia de Pedro Baigorri, un joven cocinero navarro que salió muy pronto de su tierra natal, primero a París y después a Cuba, y se dejó la vida en las montañas colombianas, como tantos y tantas internacionalistas vascos. Un personaje de película que, sin dudarlo, se lanzó de cabeza, en triple salto mortal, a los peligrosos abismos de la lucha revolucionaria latinoamericana.

Marco Tobón es antropólogo, ha estudiado las consecuencias del conflicto político armado y las economías extractivas en los pueblos indígenas murui-muina, nonuya, andoke y muinane de la Amazonia colombiana. Hizo un máster en Estudios Amazónicos en la Universidad Nacional de Colombia y un PhD en Ciencias Sociales en la Universidade Estadual de Campinas de Brasil.

Baigorri. Un vasco en la guerrilla colombiana aparece para engrosar la lista de libros sobre luchas rebeldes y personajes insurrectos de América Latina, expresión de aquello que podemos llamar el “tremendismo revolucionario latinoamericano”.

-Sí, cada momento de la historia tiene sus osados, aquellos que se desbocan sin remedio en lo que creen. Sus vidas son expresión de las agitadas aguas de la realidad, contar su historia no es un capricho literario, es la historia la que los ha puesto en el tablero de las disputas colectivas que nos preceden, son parte de nosotros. Además, son seres que nos despiertan una misteriosa atracción por su temeridad y su audacia: no le temen a la muerte, conocen los laberintos fatales de la lucha política y están dispuestos a jugarse todas las cartas en sus propósitos. Quizás su historia nos ayuda a confrontar nuestros vacíos del presente. El libro no pretende ser una apología de la lucha armada, tampoco una hagiografía de figuras rebeldes, simplemente viene a hablar de alguien que salió de las tormentas de Euskal Herria y terminó en Colombia siendo trueno y relámpago.

¿Cómo definirías el libro?

-A veces pienso que es como una cumbia fúnebre. Fúnebre porque honra la memoria de un internacionalista que fue asesinado por el Ejército colombiano y aún anda desaparecido. Y cumbia porque la reconstrucción de su historia no se hace con un tono lastimero, el relato es festivo, a veces tragicómico, pero sin sensiblerías. Baigorri era un tipo arriesgado, atraído por aventuras delirantes, corajudo, en su trayectoria vital se encontró con sus compinches colombianos que se lo llevaron a parrandear, a beber (aunque él era abstemio), a festejar… Además, en sus fotografías casi siempre aparece preservando una bella sonrisa.

Hay otro personaje en la historia, una figura de película, Tulio Bayer. ¿Qué pinta él en la historia de Baigorri?

-Tulio Bayer fue un médico sensible a los dolores de los humildes que tuvo el atrevimiento de pregonar con el ejemplo, sin demagogia, como decimos en Colombia, sin carreta. Se lanzó a la yugular de los poderes, al poder de la Iglesia, al de la clase política, incluso al de la izquierda ortodoxa colombiana, y lo devolvían como era de esperar, a porrazos. Creyó en la revolución y se empeñó en hacerla, fracasó y volvió a intentarlo, volvió a fracasar y volvió a jugarse la vida por ella. Era un tozudo y, como él mismo se lo creyó, el primer gran comandante insurgente de Colombia. Su vida fue una serie de coreografías inconclusas. Fue Tulio Bayer el que invita a Pedro Baigorri para ir a Colombia a luchar.

Coreografías… la historia de tu libro juega todo el tiempo con la metáfora de la danza.

-Sí. Y esto se lo debo a Colombia Moya Moreno, el gran amor de Pedro Baigorri. Una mujer inteligente, sensible y, como aquella generación de la izquierda de los años sesenta, arriesgada y valiente. Ella es una destacada bailarina mexicana. Vive actualmente en México y tiene casi 84 años. Colombia lee la realidad como movimiento permanente, su narración sobre la historia es sobre cuerpos que se mueven. Cuando la escuchaba hablar pensaba que la historia de las luchas políticas no es más que cuerpos en acción, ejecutando sus coreografías, componiendo las huellas y las formas del tiempo.

Como cualquier clásico de la literatura, vemos que en tu obra te ha sido difícil escapar de los dos grandes temas de la historia: el amor y la muerte.

-Es curioso que el nombre del gran amor de Pedro, Colombia, también nombrara el país en el que murió. Es como si le hubiera presagiado su destino, su destino fatal como luchador.

Volviendo a Pedro. Su vida es un cúmulo de carambolas y paradojas. ¿Cómo alguien que llega a cocinar para Franco en el Azor anclado en Donostia acaba siendo el cocinero de confianza de Fidel y Raúl Castro?

-Ahí están las fuerzas incontrolables de lo fortuito que todo lo explican. Cuando tuvo que cocinarle a Franco en el Azor era un joven cocinero de 19 años del hotel María Cristina, fue un episodio que escapó de su control. Necesitaban un chef y Pedro fue fichado, fue algo imprevisto, impensable. El generalísimo tampoco se imaginó que aquel navarro imberbe que lo alimentó después se convertiría en un guerrillero antifascista. Su viaje a Cuba, por el contrario, fue un acto consciente, voluntario. Pedro estaba en París y comenzaba la década de 1960, había mucha efervescencia política que luego vendría a estallar en mayo del 68, agitación, movilizaciones, debates y simpatía por la Revolución cubana. En París, junto a un grupo de latinoamericanos, entre ellos Colombia Moya y algunos cubanos, termina conociendo a gente de la embajada cubana donde le dicen que necesitan un chef de cocina para irse a Cuba. Sin dudarlo dos veces alista la mochila, invita a Colombia y llegan al Caribe en plena crisis termonuclear, fue un gran aterrizaje en la guerra fríalatinoamericana.

Y es ya allí, en Cuba, donde, junto a otros colombianos, forma un grupo para ir a Colombia a luchar.

-Sí, el comandante era Tulio Bayer, también estaba William Ramírez y otros tantos. Eran casi treinta, pero al final, luego de viajar a República Checa, Francia y finalmente Colombia, solo llegan tres: Tulio, Pedro y William.

La “rebelde trinidad”, como les llamas en el libro.

-Así es. Y esta rebelde trinidad se va a la Sierra Nevada de Santa Marta a vivir una aventura delirante, sin provisiones, con desconfianzas mutuas;una guerrilla sin pueblo, aislados matando mosquitos. En un momento dado, Pedro y William abandonan a Tulio y se van a Bogotá. Allí Pedro trabaja en varios restaurantes como chef de cocina y, sin abandonar sus sueños utópicos, comienzan a planear algunas acciones urbanas… Pero nunca nada les salía como lo esperaban, no acertaban en los grandes golpes que se imaginaban. Esta situación hartó a Pedro, un temerario convencido de la lucha, así que se marchó al departamento del César, donde formó su propia guerrilla y donde cayó un 6 de octubre de 1972.

Y en aquellas selvas dejó su vida. ¿Se sabe dónde se encuentra el cuerpo de Pedro Baigorri?

-No tenemos certeza del lugar exacto. En el libro se ofrecen algunas pistas, es probable que se encuentre en las cercanías de San José de Oriente y Media Luna, al lado de la frontera con Venezuela. En Colombia, la Comisión de Búsqueda de Personas Desaparecidas ya tiene en sus registros a Pedro Baigorri, falta la voluntad de activar los planes de búsqueda. En el libro también se señalan los militares responsables de la operación en la que muere Pedro. Ellos son quienes podrían ofrecer datos exactos, es su responsabilidad ética además. Pero no hemos podido dar con el paradero de ninguno de ellos. Quizás alguno continúe vivo. Incluso el acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno de Santos establece mecanismos para comenzar su búsqueda, pero nada de esto avanza. En este sentido, el panorama es lamentable, como lo acaba de advertir Christoph Harnisch, jefe de la delegación del Comité de la Cruz Roja (CICR) en Colombia, que acaba de afirmar que “no hay voluntad política para buscar a los desaparecidos”. De otro lado, en el País Vasco, la Sociedad de Ciencias de Aranzadi, en cabeza de Paco Etxeberria y la ayuda de los periodistas Unai Aranzadi y Fermín Munarriz, junto a la familia Baigorri, los hermanos Pablo y María Ángeles, han realizado pruebas de ADN con la esperanza de que algún indicio o resto de Pedro aparezcan.

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