Behatokia

Aquella comida en Guéthary

Por Iñaki Anasagasti - Domingo, 22 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

EL Comité Central Socialista de Euzkadi, incluyendo a Navarra, tuvo en el primer Gobierno vasco del 7 de octubre de 1936, tres consejeros: Juan de los Toyos, de Barakaldo aunque eibarrés de vivencia;Juan Gracia y Santiago Aznar, bilbainos y concejales de su ayuntamiento. Los tres están enterrados en el exilio, un dato que parece no sirve de mucho al actual PSE para tenerlos más presentes. Suelo decir que resumen la historia de un partido de 132 años en la figura de Ramón Rubial y eso, a mi juicio, es jibarizar la realidad de su sigla.

Conocí a uno de ellos, Santiago Aznar, en Caracas. Llegó a Venezuela tras pasar por París, México y Londres donde estudió, por mandato del lehendakari, las nacionalizaciones del primer ministro Clement Attlee. Había dimitido en 1946 por oponerse a que Indalecio Prieto retirase la presencia socialista en el Gobierno vasco y quedara este reducido a un club de fans de Aguirre. Juan de los Toyos no resistió la presión y dimitió en 1943, tras la oferta de ser el administrador en el Colegio Madrid de México y tras una crisis que se fue gestando los años 1939 y 1940, a cuenta de la petición del PNV de que los socialistas habían de tener obediencia vasca, reconocer la nacionalidad y mantener aquel Gobierno en el exilio. Juan Gracia había fallecido a la entrada de los alemanes en París tras haber realizado una gestión sobresaliente en relación con los refugiados. Gracia y Aznar estaban de acuerdo en el reconocimiento de la nacionalidad vasca;Toyos, no.

Santiago Aznar me hablaba de estas cosas y un día le pedí que las escribiera. Me contestó que solo lo haría por indicación del lehendakari Leizaola y así se lo comuniqué al lehendakari en París, quien inmediatamente le propuso que las redactara. Habían sido Aznar, Leizaola y Astigarrabia los Consejeros encargados de los últimos momentos de Bilbao el 19 de junio de 1937 y les unía aquella dura experiencia.

En la carta a Aznar, el lehendakari le rememoraba este hecho: “Yo me acuerdo de su iniciativa del decreto en el que, para que los barcos mercantes de la matrícula de Bilbao apareciesen debidamente identificables en todos los mares y puertos del mundo, llevasen en la proa la bandera de Euzkadi. Esto trajo consigo la necesidad de definir dicha bandera oficialmente y fue por la proposición de usted como Consejero de industria por lo que figura en el Diario Oficial. Yo había dicho ya a Anasagasti eso mostrándole el Diario Oficial aquí. (3/3/75)”.

La carta se extendía en otros aspectos, pero éste en particular tuvo su impacto cuando el director de La Voz de Españade San Sebastián organizó en 1977 un concurso para dotar al pueblo vasco de una bandera o cuando HB tuvo la tentación con aquella bandera de colores con el fin de dejar la ikurriña como insignia exclusivamente del PNV.

A raíz de aquello, Santiago Aznar ordenó sus papeles y comenzó a redactar sus memorias, pero desgraciadamente falleció en 1979 y el trabajo se interrumpió aunque, afortunadamente, aquellas carpetas llegaron a Euzkadi y como fruto de aquel esfuerzo hemos editado parte de esa documentación en un libro centrado en una crisis que tuvo lugar entre nacionalistas y socialistas en 1939, terminando la misma con la desaparición del lehendakari Aguirre en Bélgica en mayo de 1940. Se llama Obediencia Vasca. Santiago Aznar, Aquella Comida en Guéthary, editada por Pamiela y que presentamos el miércoles pasado Josu Erkoreka, Josu Montalban y quien esto escribe en la Fundación Sabino Arana.

Es un libro de cartas y fotos -porque aquella generación no hacía más que escribir cartas y cartas- donde se ve al verdadero Aguirre, a Monzón y sus dimisiones, al presidente del EBB Doroteo Ziaurritz y a los tres consejeros socialistas junto al presidente del Comité Central Socialista Paulino Gómez Beltrán discutiendo sobre la obediencia vasca que un gobierno debía tener en aquellas circunstancias frente a unos republicanos en desbandada y un Partido Socialista en pelea de carneros entre Indalecio Prieto y Juan Negrín. Llama la atención cómo, a pesar de iniciarse la guerra mundial en septiembre de 1939, ellos seguían discutiendo sobre la identidad vasca. No son de ahora estos debates e igual aquellas conclusiones sirvan de algo en la actual ponencia de autogobierno del Parlamento Vasco, cuyos miembros nada saben de estas historias.

Coincidió aquel año con el centenario de la abolición foral, 25 de octubre de 1839, y el lehendakari llamó a su despacho a los tres consejeros socialistas para proponerles un manifiesto de protesta que sería movido en todo el mundo por las delegaciones, a lo que añadió una carta suya al general Franco, cosa que a Telesforo Monzón no le gustó absolutamente nada y se lo dijo: ”No debías haber roto tu magnífico silencio rebajándote a escribir nada a un dictador”. Pero Aguirre le contesta y argumenta por qué lo había hecho y la necesidad, más que nunca, de hacer uso de la propaganda en aquel año terrible en el que el mes anterior había comenzado la II Guerra Mundial con la invasión de Hitler a Polonia. Al final, Juan de los Toyos aprueba el documento, aunque no le gustaba nada.

Se pone uno a mirar y parece un milagro que, ocurriendo tantas cosas en Europa y en el mundo, el nº 11 de la Av. Marceau, donde funcionaba el Gobierno vasco, fuera una olla a presión desde donde había que atender a la situación de los refugios, una ponencia para adecuar la estructura del Gobierno vasco a la nueva situación, a los mutilados de guerra, subsidios, emigración, impulsar al coro Eresoinka, al Grupo Elai Alai, a la Selección de Euzkadi y, sobre todo, buscar trabajo a tantísimo refugiado. Todo eso producía fricciones. Y se ve en las cartas que se cruzan.

Una de ellas es un memorial de agravios del Partido Socialista donde da cuenta de la situación en la que se encuentran en los diversos campos de concentración (Gurs, Argeles sur Mer, Bran…) frente a los nacionalistas y la contestación pormenorizada que da el lehendakari en una carta de 28 folios, caso por caso. Me llama la atención esta imagen que utiliza: “Nuestra primera labor a la caída de Barcelona fue procurar localizar a los miles de vascos que llegaban diseminados sin saber ellos mismos a dónde podían ser conducidos. Gracias al espíritu organizador de nuestro pueblo y a que donde iban llegando levantaban una bandera vasca y se instalaba alguno con una máquina de escribir, en el término relativamente de pocos días pudieron ser localizados más de 4.000 vascos. Después esa cifra llegó a cerca de los 8.000”. Me gusta el símil: una ikurriña, una máquina de escribir y la capacidad organizativa vasca.

Lo malo es que por allí andaba el diputado socialista donostiarra Miguel Amilibia, que había sido presidente de la Caja de Ahorros Provincial de Gipuzkoa y que se dedicó a armarla. Los consejeros Monzón y Nardiz fueron a comer con él a Guethary en plan colegui y tras el almuerzo Amilibia, traicionando la confianza, cuenta a un miembro de la ejecutiva de su partido que los nacionalistas habían criticado a los tres consejeros socialistas “por su extrema docilidad” con los jelkides. Y se arma la de Dios es Cristo. Toyos dimite y al final se produce un careo entre todos en el palacete de Marceau donde queda claro que lo único que habían comentado había sido que el Gobierno vasco, ante la nueva situación, debería tener obediencia vasca y no de la República ni de un PSOE madrileño en desbandada.

A raíz de este incidente, todos aportan en documentos personales sus puntos de vista sobre lo que hacer y Aznar propone crear el Partido Socialista Obrero Vasco, sin perjuicio de seguir perteneciendo corporativamente al PSOE en una estructura confederal y admitiendo el derecho de autodeterminación. Ante eso, Indalecio Prieto envía a Manu Sota las galeradas de un discurso que había pronunciado sobre la obediencia vasca en el que decía: ”Aguirre que es un político ciento por ciento, ha conseguido meter en el saco a los socialistas, haciéndoles firmar una declaración a la que antes se negaban;es decir, declarándose partidarios de la nacionalidad vasca. Si por cualquier motivo se mezclaran las aspiraciones separatistas vascas y catalanas, eso podría determinar en la unión de todos los españoles en derredor de Franco”.

Por lo que se ve, nada nuevo bajo el sol. Antes roja que rota. O azul que rota. Ojalá nacionalistas y socialistas de hoy conocieran esta percutiente historia.

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