doble asesinato en gasteiz

“Cuando salió a la ventana estaba fuera de sí, no parecía él mismo”

La tragedia conmocionó a los vecinos del inmueble en el que se produjo el doble asesinato

Axier Burdain - Sábado, 21 de Abril de 2018 - Actualizado a las 08:20h

Dramáticas imágenes del presunto asesino tras prender fuego a la vivienda y saltar desde un octavo piso.

Dramáticas imágenes del presunto asesino tras prender fuego a la vivienda y saltar desde un octavo piso. (EFE)

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Dramáticas imágenes del presunto asesino tras prender fuego a la vivienda y saltar desde un octavo piso.

Gasteiz- La escena tantas veces observada a través de la pantalla del televisor golpeaba ayer con la dureza de la proximidad a los vecinos del barrio gasteiztarra de Lakua-Arriaga. “Nunca hubiera pensado que algo así les pudiera suceder. Era un matrimonio normal, de la zona de toda la vida. Se estaban separando, pero no puedo creer que nada de esto esté pasando de verdad”, explicaba una de las vecinas del bloque.

Al principio, cuando los primeros residentes se acercaban al inmueble y observaban las cintas policiales, los vehículos de emergencia y los destellos de las sirenas, no sospecharon el alcance de lo ocurrido. “Pensábamos que se había caído algún elemento de la mampostería”, explicaba uno de ellos. Muy poco después, los detalles de la tragedia trascendían desconcertándoles. “Tienen dos niños, de unos 10 u 11 años. Estaban en trámites de separación y él andaba tomando pastillas. Había amenazado unas cuantas veces con suicidarse, pero nadie podía pensar que fuera a ser capaz de esto”, explicaban conmocionados.

Una vecina detallaba que el ataque se había producido en el portal. “Es que tengo el coche justo aparcado en la puerta y lo he visto prácticamente todo. Cuando se ha asomado a la ventana y ha aparecido ensangrentado, con la camiseta rota, la cara hinchada y amoratada... No me lo podía creer. Es que no parecía él”. Inevitablemente, los residentes establecían cálculos sobre el alcance de la tragedia. “¿Y ahora qué van a hacer esos dos niños, sin madre, sin abuela y con el padre en la cárcel? ¿Qué sentido tiene todo esto?”, se preguntaban.

Sin soltar los teléfonos móviles, explicaban que María José, de 43 años, trabajaba en la recepción de una clínica dental especializada en ortodoncia, ubicada en la Avenida Gasteiz. Llevaba en el local desde su apertura, ya que anteriormente había desempeñado la misma labor en un centro médico en la calle Fueros.

Una de las vecinas se cruzó con el presunto asesino el miércoles y le vio “tranquilo, como siempre”. Cruzó unas palabras con él y la conversación discurrió con total normalidad. Nada le llevó a pensar que algo pudiera ir mal. Cuando el humo manchó de negro la fachada del edificio, la tensión se desbordó entre los residentes y algunos tuvieron que ser atendidos por los equipos sanitarios por crisis de ansiedad.

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