Tribuna abierta

Siria y la guerra química

Por Igor Barrenetxea Marañón - Jueves, 19 de Abril de 2018 - Actualizado a las 06:00h

UNA vez más es como si en Siria cada noticia nos trasladara a la casilla de salida, como si los más de 400.000 muertos y los millones de refugiados no hubiesen sido suficientes para satisfacer la sed de sangre en una guerra civil que lleva ya su séptimo año de combates sangrientos. Pero, ¡sí! No parece que la ingente carnicería disuada a unos y otros, ya no sabemos a quién, empleando con saña los medios más brutales y despiadados para lograr la derrota del otro.

Si el sitio de las ciudades rebeldes nos ofreció una estampa tremenda de la situación cadavérica de la población civil, la que sufre de primera mano el hambre y la miseria (los 900 días de Leningrado no son un ejemplo suficiente en el que mirarse), ahora nos llegan de nuevo noticias del empleo de armas químicas y las represalias de Estados Unidos contra el régimen de Al Assad, aunque desde Damasco se nieguen las acusaciones. Y mientras eso sucede, nadie se hace responsable de los hechos, nadie advierte que lo verdaderamente importante es que la guerra sigue activa y que en tanto los ejércitos sigan desplegados sobre el campo de batalla, no habrá paz, sino dolor y más víctimas.

El ataque químico se produjo en la ciudad de Duma, no lejos de Damasco. Al Assad ha empeñado a sus fuerzas hasta someterla. En la madrugada del sábado 7 al domingo 8, según los Cascos Blancos, que ayudan en la zona, un helicóptero lanzó un barril de gas sarín y otro de gas de cloro, provocando la muerte de varias docenas de personas y 500 afectados. No obstante, el régimen acusó a los rebeldes de preparar un montaje para perjudicar su imagen en el exterior. A falta de información independiente, todo es especular. Pero Donald Trump, siguiendo su estilo impetuoso, escribía un tuit, al poco de conocer los hechos, en el que acusaba a Rusia e Irán de colaborar con el “animal” de El Asad y prometía actuar con dureza, lo que finalmente hizo.

Una política impredecible Aunque en 2014, criticó con su habitual aspereza despectiva a Barack Obama por adoptar una política de tolerancia cero con la utilización de armas químicas en dicho escenario (lo que asustó a Damasco que, rápidamente, dijo haber destruido la mayor parte de sus arsenales), ahora, paradójicamente, ha adoptado la misma táctica. Claro que, desde que Trump está en la Casa Blanca la política exterior estadounidense se ha vuelto impredecible. Por un lado, el multimillonario ganó las elecciones ofreciendo un discurso patriótico y aislacionista que ganó la estima del electorado: No más intromisiones en terceros países ni costosísimas intervenciones. Estados Unidos solo ha de preocuparse de Estados Unidos para volver a recuperar su esplendor. Donald Trump se olvidaba de que es esa idiosincrasia de querer volver a aupar a Estados Unidos a la primacía mundial incontestable lo que la hace dependiente del exterior…

Si Donald Trump pensaba que con un golpe de autoridad se resolvían todos los problemas, hasta el de Siria, con rapidez, se equivocaba. Vivimos en un mundo muy complejo en el que no hay soluciones fáciles

Tal contradicción no sería tan gravosa si no fuera porque Trump actúa según el pie con el que se levante cada mañana, valorando con escasos conocimientos este escenario global y desvelando pobres habilidades de estadista, incapaz de tejer una red de lealtades, alianzas y relaciones que son más disuasorias que las reacciones intempestivas. Esto ya se está viendo en la actual guerra comercial con China por los aranceles o con Corea del Norte, dejando tras de sí un sinfín de oportunidades perdidas de conciliación y entendimiento.

Aún recientemente, Trump pretendía retirar a los asesores militares de Oriente Medio, dando por cerrada la derrota del Estado Islámico, mientras que los responsables militares le daban la voz de alerta de que sería un error porque una retirada prematura podría suponer que los yihadistas recuperaran el terreno perdido.

Si Trump pensaba que con un golpe de autoridad se resolvían todos los problemas con rapidez, frente a la incapacidad timorata de las anteriores administraciones, se equivocaba. Vivimos en un mundo muy complejo en el que no hay soluciones fáciles. Trump vive en su torre de marfil y desconoce lo que es la necesidad y la capacidad de lucha y sufrimiento de las personas cuando se ven empujadas por la desesperación. En todo caso, si Al Assad ha vuelto a cometer el error de que sus tropas utilicen armas químicas, es totalmente reprobable. Pero un ataque de represalia, como el ordenado por Trump no cierra esta espiral de muertes. Solo ofrece más violencia.

Hipocresía Es la acción política lo que podría revertir esta realidad. Más concretamente, la presión diplomática internacional. Culpar, además, a Moscú y Teherán de complicidad en tales crímenes es caer en una hipocresía mayúscula cuando Washington ha sufragado a dictaduras que cometieron viles asesinatos. Nada parece haber cambiado desde los tiempos de la Guerra Fría salvo los actores y, en cierto modo, algunos escenarios.

Hay que poner fin a la guerra de Siria al coste político que sea. La ceguera de Al Assad ha destruido la misma Siria que afirmaba defender, utilizando el mismo terror que decía combatir. Y cada país pugna por sostener egoístamente sus propios intereses. Que se lo digan a Arabia Saudí, que tanto ha ayudado a las redes yihadistas, interviniendo en Yemen y dejado el país todavía más mísero de lo que estaba sin que la ONU reaccionara siquiera.

Crímenes, asesinatos, violación de los derechos humanos, torturas, desplazados, refugiados, bombardeos indiscriminados contra núcleos de población civil, matanzas, represalias, ataques químicos… resumen muy bien las implicaciones inmorales y terribles que comportan cualquier conflicto. Tras ellas no solo se nos presenta un panorama desolador sino la obcecación de ambas partes de creer que su violencia tiene algún sentido. Tal vez, la de los rebeldes un poco más que la del régimen, ya que muchos se movilizaron frente a la opresiva dictadura, pero a la postre todos se han mostrado inclementes con el enemigo. Acabar con la guerra es imperativo.

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